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13 de enero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

Corrupción como abandono de las virtudes

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Uno de los aspectos básicos de la corrupción se encuentra en el abandono de las virtudes humanas. Pero, la ciudadanía ha sido inducida a solo creer que la corrupción se limita al comportamiento de algunos funcionarios públicos o privados, consistente en aceptar soborno, con el propósito de obtener ventajas en la adquisición de cualquier servicio o producto, así como obtener beneficios de la construcción o reparación de alguna planta física. Se ha afianzado esa concepción de corrupción selectiva, por demás contraria a los preceptos morales y jurídicos establecidos para el control de casos de esa naturaleza, cuando estos trascienden lo económico para ir hacia lo social en la descomposición de aspectos humanos y culturales.

A lo largo de la historia, este fenómeno ha sido estudiado por las ciencias sociales desde múltiples perspectivas, entre ellas queremos destacar tres. Se trata de la perspectiva política, la perspectiva económica y la perspectiva comunitaria.

Desde la perspectiva política se enfatiza sobre el análisis del poder del Estado y del poder de los sistemas políticos. Desde la perspectiva económica y financiera, se puntualiza en cómo la corrupción impacta en forma negativa la eficiencia y la eficacia del aparato de la cosa pública o del sector privado. En cuanto a la perspectiva social-comunitaria, centramos la atención en los aspectos de la cultura, de la religión, de los asuntos éticos, morales y en los valores.

El origen del vocablo corrupción se encuentra en el latín y se presenta comocorruptio”, cuyo significado era en su origen la “alteración de algo” con el propósito de dañarlo, a través de la corrupción.

También el vocablo corruptio”, se interpretaba como la muerte de los seres vivos, algo así, como “la corrupción de la carne del cuerpo cuando muere y se descompone.” Entonces, la corrupción proviene de una conceptualización, desde donde se intuye, que, se parte de la observación de algo que ha sufrido alguna alteración para dañarse.

El concepto proviene de la experiencia de unos observadores, que colocaron como modelo a la carne de un ser vivo, cuando muere y se descompone.

Desde esa observación podemos deducir que la corrupción es un fenómeno social que toca todas las aristas del contexto y sus protagonistas, para colocar en el ambiente un hedor que incomoda. En ese mismo orden, al observar el significado del verbo “corrumpere”, cuyo significado se expresa sobre cómo “echar a perder algo”, se puede intuir que esa perdición se presenta debido a una alteración de la normalidad que es obligada a transformarse debido a un comportamiento negativo.

Desde esa observación, y al hacer un símil con aquella época en que se conceptualizaron tales cosas, podríamos colegir que en este momento de la historia y dentro muchos modelos sociales, existen actores que han estado “echando a perder” los pilares culturales de la humanidad y no solo en cuestiones financieras y económicas sino en el mundo de la religión, la política, el arte, la salud, la educación y la vida familiar.

Desde ese resquicio, se puede afirmar que la corrupción es una verdadera alteración que transforma algo positivo en algo negativo. Y que esa alteración ha estado dañando la confianza de los ciudadanos sobre el contexto social, creando desconfianza en los ciudadanos acerca de los propósitos de los profesionales de todas las ramas, no solo de los lideres políticos, religiosos y culturales. Si somos coherentes, no podemos dejar de incluir en esta triada milenaria a los empresarios, comerciantes, vecinos y autoridades.

Toda esta realidad convierte este proceso social en múltiples caminos que desnaturalizan a la civilización, encaminándola hacia una transformación inevitable.

En realidad, en este momento de la historia humana, nada es lo que parece que es.

La situación actual, por demás descompuesta, nos aleja de las virtudes humanas. Esa concepción construida por la sociedad desde hace muchos lustros, para aludir conductas rectas, manifestadas en la honestidad, el decoro, el buen ser, el bien ser y el buen tener, como potencialidades del bien común.

Lo que acabo de afirmar parecerá cursis para muchas personas que se consideran intelectuales y, por consiguiente, se creen poseedores de la verdad y de todas las certezas. Pero, con toda la subjetividad de nuestros planteamientos y su cercanía al relativismo epistemológico, es preciso recordar, que el relativismo busca también darle la espalda al concepto de la verdad, ese que consiste en concordar el juicio y el objeto juzgado, buscando negar categóricamente la noción del bien y del mal.

En defensa de lo planteado debo puntualizar, que, en nuestro caso particular, creemos que estos son comportamientos concretos, semejantes a los que nutre el auto perfeccionamiento de los seres humanos.

Desde Aristóteles hemos estado buscando la correcta proporción de los actos del hombre, la prudencia en los comportamientos, la perseverancia que debe tenerse para arribar al mérito, y el coraje para tomar riesgos sin importar las opiniones de otros. Ha sido un largo camino de construcción de los modales, la defensa de la privacidad, de la intimidad, del pudor, de la cortesía y de la triada básica que denominamos moral, ética y valores.

Estas ideas acerca de la corrupción como abandono de las virtudes, nacen para el bien de la construcción democrática. Esa forma de gobernar que garantiza una sociedad libre, en la que no puede hacerse nada que dañe u obligue al ciudadano a cambiar su conducta, sino dar lecciones a través de la educación formal de las escuelas, para evitar la utilización de la fuerza.

Lástima que muchas escuelas se alejan cada día más de la comunidad y se separan de la familia, dejando al mundo áulico huérfano de calidad.

Desgraciadamente, desde los sistemas educativos se ha estado dando la espalda a los educadores informales, compañeros de lucha de los centros educativos, cuando se crean condiciones de respeto y afectos, capaces de unir voluntades en procura del bienestar colectivo.

Por: Francisco Cruz Pascual

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