• Porque la universidad es otra cosa
Con Barack Obama se inició, en los albores del siglo XXI, un interesante giro político en los Estados Unidos. Su elección como primer presidente afroamericano marcó un hito histórico que pocos habrían considerado posible en una nación cuya historia había estado profundamente marcada por la segregación racial.
Lo más notable del fenómeno político de Obama no fue únicamente su llegada al poder, sino también la solidez de su reelección y la valoración positiva con que concluyó su mandato, según diversas mediciones de aceptación ciudadana. Su liderazgo simbolizó una nueva etapa de apertura y diversidad en la sociedad norteamericana.
Tras su salida, la presidencia de Donald Trump representó un viraje de signo opuesto. Empresario exitoso pero figura controvertida, Trump introdujo una retórica polarizadora y una serie de conflictos éticos y legales que fracturaron la convivencia política y social de los Estados Unidos. Su negativa a aceptar los resultados electorales y las acusaciones de fraude marcaron un episodio crítico en la democracia estadounidense.
A continuación, la elección del demócrata Joe Biden —el presidente de mayor edad en la historia del país— pareció buscar la restauración del equilibrio institucional y del respeto a las normas democráticas. No obstante, el desgaste propio de la edad y las tensiones internas de su partido abrieron el paso a nuevos liderazgos, entre ellos el de su vicepresidenta Kamala Harris, quien enfrentó el resurgimiento político del expresidente Trump en un escenario de fuerte polarización nacional.
En la actualidad, la figura emergente de Zohran Kwame Mamdani , joven militante demócrata de ascendencia africana e india que se define como socialista democrático, proyecta una continuidad de aquel giro iniciado por Obama. Su ascenso refleja la creciente presencia de nuevas voces que abogan por la justicia social, los derechos de los inmigrantes y la revisión de la política exterior de Estados Unidos, especialmente frente a los conflictos del Medio y Lejano Oriente y la tensión permanente con América Latina.
La reciente elección de un joven de apenas treinta y dos años como alcalde de Nueva York refuerza la percepción de que el cambio generacional y la diversidad cultural están transformando de manera irreversible el panorama político estadounidense. Este relevo genera expectativas alentadoras sobre una gestión más inclusiva, más consciente de la dignidad de los ciudadanos y más respetuosa de las minorías que integran la llamada Urbe de Hierro.
Evidentemente, el giro político iniciado en el siglo pasado no solo merece la atención mundial por el peso económico y militar de los Estados Unidos, sino también por el impacto cultural y ético que sus transformaciones proyectan sobre el resto del planeta. El desafío ahora consiste en que ese poder global se ejerza con equilibrio, justicia y respeto por la libertad de los pueblos.
Por Dr. Pablo Valdez
