Constitución: ¿Para qué cambios?

Por Manuel Hernández Villeta

La Constitución no  debe ser modificada. Una reforma  constitucional hecha a la carrera no es el mejor camino para  fortalecer  la institucionalidad. El país ya tiene suficientes leyes, lo importante es que se cumplan. Son los hombres que fallan y no los códigos.

Llevar a cabo una reforma constitucional es violar el principio de la concertación, para caer en la negociación. Poco importa si se tiene la mayoría parlamentaria para ejecutar el cambio en la Carta Magna, siempre se busca el aporte de las distintas fuerzas partidistas. Ahí llega la negociación.

La Constitución dominicana nunca ha sido letra muerta, ni un fracaso, son los hombres encargados de velar por ella los que han fallado.  Ya el doctor Joaquín Balaguer llegó a decir que era un simple pedazo de papel. Si los gobernantes violan la constitución, al igual que sus subalternos, y no hay la correspondiente sanción, entonces no sirve de anda.

El país lo que necesita en estos momentos es una gran concertación para hacer frente a los graves problemas de la nación. No es la coyuntura ideal para hacer modificaciones constitucionales. Se caería en un terreno nebuloso cuando se de paso a una modificación circunstancial.

El presidente Luis Abinader no necesita una reforma constitucional para hacer un buen gobierno. Tomó las medidas iniciales para darle mayor independencia a la justicia, y puede lograr una institucionalidad plena. Estamos pasando por una crisis económica y social,  que podría caer en lo político, y para ello hay que tomar medidas de prevención.

En nuestro discurrir político, la constitución ha sido debilitada por los partidistas inescrupulosos. La historia dominicana está tachonada de dictaduras e intervenciones extranjeras. La  institucionalidad es una quimera, que se escribe en los libros de textos, pero que no se palpa en la realidad.

El siglo 20 fue una tribuna permanente de dictaduras, gobiernos de manigua, intervenciones militares y violaciones a los derechos humanos y constitucionales. El golpe de Estado del 1963 estranguló a la Constitución, y lanzó al pueblo en armas a reponerla en el 1965, en la gloriosa revolución del 24 de abril..

La Constitución se tiene  que dejar como está.  Cambios realizados fuera de circunstancias precisas, abren puertas a las tormentas sociales. Lo que hay desde ahora es que ejecutar la ley y a los violadores aplicarles el castigo de rigor. La concertación no  puede ser abandonada por la negociación. ¡Ay!, se me acabó la tinta.

Por Manuel Hernández Villeta

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