RESUMEN
La Palabra de Dios (La Biblia) es útil y eficaz para instruir, enseñar, corregir y orientar las diferentes áreas de nuestra vida pública y privada (2 Timoteo 3:16) Por estas razones, debemos aprovechar los sabios consejos que nos ofrece para enfrentar y erradicar las causas y consecuencias que producen los feminicidios en la familia dominicana. La meditación, obediencia y puesta en práctica de los mismos, dará buen resultado.
En primer lugar, se tienen dos versiones sobre las causas que generan los feminicidios: la humana y la bíblica. Desde el punto de vista humano, los feminicidios se atribuyen a la conducta machista del hombre dominicano, a las circunstancias de violencia y consanguinidad entre las víctimas, a la desigualdad económica y social y a la falta de voluntad política y de presupuesto. Se cree, además, que los feminicidios tienen que ver con la corrupción, con las deficiencias del sistema de justicia y con la carencia de una ley integral, que prevenga, atienda y sancione la violencia de género. A esos factores hay que agregar el feminismo mal ejercido de algunas mujeres, el estilo de vida libertino y la infidelidad conyugal.
Por otra parte, la Biblia dice y enseña que los feminicidios y otros males sociales se originan “porque del corazón salen los malos pensamientos, los homicidios, los adulterios, las fornicaciones, los hurtos, los falsos testimonios y las blasfemias”, señala Mateo 15:19.
Según el texto bíblico citado, la fuente de donde salen los feminicidios y otros delitos criminales es el corazón humano. Este órgano concibe y da a luz los delitos y pecados que describe el texto que acabamos de leer. Esos delitos y pecados demuestran la naturaleza pecaminosa que caracteriza a los seres humanos. De ahí que, debido a todo lo que es capaz el corazón humano, Dios lo califique como un órgano engañoso y perverso, (Jeremías 17:9) comparable a la matriz de una mujer, porque concibe y da a luz como ella, con la diferencia de que mientras la mujer concibe y da a luz hijos, el corazón humano solo concibe y da a luz los delitos y pecados que señala Mateo 15:19.
Vistas las causas, que, desde el punto de vista humano y bíblico, originan los feminicidios, hay que reflexionar sobre sus dolorosos efectos. Por eso, cada vez que un hombre mata a una mujer se pierde una vida. El hecho de sangre produce dolor, llanto, tristeza, angustia, desesperanza, impotencia, frustración, orfandad, luto y soledad en los familiares de la víctima, en los amigos, en el resto de la sociedad, incluso, en el homicida.
Recordemos el primer homicidio que se cometió, el que Caín llevó a cabo cuando arremetió contra su hermano Abel y lo mató. El corazón del primer homicida que registra la historia bíblica estaba lleno de celo, resentimiento, amargura, rebeldía, odio, envidia, ira, enojo, furia, venganza y confusión. Por causa y consecuencia de este hecho de sangre, Dios estableció la norma penal “no matarás” (Deuteronomio 5:17)
Como podrá apreciar el lector, los sentimientos que movieron a Caín a arremeter contra su hermano Abel, son los mismos que manifiestan las personas que insultan y agreden física o moralmente y matan a otras. Un ejemplo de ello son los feminicidios que ocurren a cada momento en nuestro país.
El problema familiar de los feminicidios ha producido y sigue produciendo mucho dolor y lágrimas en la familia dominicana. Admitamos que este problema representa un desafío y un reto para las autoridades y la sociedad en general, razones suficientes para tomar medidas efectivas que ayuden al enfrentamiento, detención, erradicación y prevención del mismo.
Por todo ello, lo más sabio que podemos hacer es seguir las orientaciones que ofrece la Palabra de Dios, (La Biblia) Hagámoslo con toda nuestra mente, con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas. Meditemos, obedezcamos y pongamos en práctica estos sabios consejos:
- Arrepintámonos del pecado y la maldad (Lucas 5.32)
- Aceptemos el perdón de Dios por medio de Jesucristo (Mateo 12:15 y Juan 8:1-11)
- Convirtámonos al evangelio (Hechos 3:19)
- Huyamos de los ídolos y volvámonos a Dios (1 Tesalonicenses 1:9 y Mateo 11:28)
- Permitamos que Dios establezca su reino en nuestro corazón (Romanos 14;17)
- Asistamos a una iglesia que nos enseñe sana doctrina (hebreos 10:25 y Tito 2:1).
- Aceptemos la corrección y la disciplina de Dios (Job 5:17, Proverbios 15:32 y hebreos 12:11)
- Evitemos las contiendas con nuestra pareja dentro y fuera del hogar (Mateo 12:19)
- Maridos, amemos a nuestras esposas y seámosles fieles. No seamos ásperos con ellas. Tratémoslas con delicadeza. No las maltratemos. Vivamos sabiamente con ellas y ayudémoslas (Colosenses 3:19 y 1 Pedro 3:7)
- Mujeres, sujétense a sus maridos y respétenlos. Sean honestas, fieles y veraces con ellos. Cooperen con su marido y sean de buen testimonio a las demás personas (1 Pedro 3:1, Colosenses. 3: 18, Efesios 5:33, 1 Timoteo 3:11)
- Practiquemos las características del amor de Dios con nuestra pareja (1 Corintios 13:4-8 y hebreos 13:16)
- Mantengamos la comunicación con Dios y con nuestra pareja (1 Juan 1:6)
- Oremos por nuestra pareja y las demás personas (Mateo 6:9-13 y Lucas 6: 28)
- Soportemos y perdonemos las ofensas de nuestra pareja y de otras personas (Colosenses 3:13-
- Saciemos nuestros deseos sexuales con nuestra pareja (1 Corintios 7:4 y Génesis 3:16)
- Seamos fieles a nuestra pareja hasta la muerte (Apocalipsis 2:10)
- Leamos, meditemos, aprendamos y compartamos con otras personas los versículos que aparecen entre paréntesis.
Estos sabios concejos no niegan la existencia de problemas en la relación de pareja o de otra naturaleza. Sin embargo, son útiles y eficaces para enfrentarlos y resolverlos. Si los seguimos y ponemos en práctica tendremos relaciones de pareja sanas. Todo saldrá bien. Viviremos muchos años sobre la tierra y cuando llegue la muerte, nuestras almas vivirán eternamente con Dios. ¡Gloria a su Santo Nombre! (Mateo 7:24-27 y Efesios 6: 2- 3)
Admitamos que nuestros problemas grandes, medianos y pequeños obedecen, posiblemente, a nuestra ignorancia y desobediencia a las normas morales y éticas de Dios y a nuestro desacato a la Constitución y las leyes del país. Decidamos solucionar los problemas que confrontemos con nuestra pareja de forma sabia, sin recurrir al insulto, a las agresiones verbales ni a las físicas. Evitemos el desenfreno y los excesos. Renunciemos a cometer homicidio, ya sea, feminicidio o masculinicidio. Dios nos llama a vivir en paz con nuestra pareja y a no matarla” (Juan 14:27. 1 Corintios 7:15 y Deuteronomio 5:17)
