Conozca lo que implica el arrepentimiento

Por Enrique Aquino Acosta martes 19 de octubre, 2021

A excepción de Jesús, cada uno de nosotros ha violado las normas de Dios y ha pecado, razones por las cuales necesita proceder al arrepentimiento para que Dios borre los pecados que haya cometido (Romanos 3:23 y Hechos 3:19-20)

La persona no arrepentida debe dar los siguientes pasos. Primero, reconocer los pecados y delitos que haya cometido. Segundo, sentir dolor y vergüenza por haberlos cometido, ante Dios y la sociedad. Tercero, confesarlos a Jesucristo, sin ocultar nada.

Cuarto, recibir su perdón y quinto, estar en disposición de vivir en santidad, o sea, sin practicar más los pecados y delitos que haya cometido (Romanos 10:9-13)

Entre los pecados que debe arrepentirse cada persona están los sexuales como son, el adulterio, la fornicación, las orgías, inmundicias y la lascivia (Gálatas 5:19)

La fornicación abarca las áreas sexual y espiritual. Por eso, las personas que creen, veneran y adoran a los santos y a los ídolos cometen fornicación espiritual.

Asimismo, el pecado sexual de la lascivia se manifiesta a través de la lujuria, el erotismo, la sensualidad, la incontinencia sexual, la obscenidad, la impudicia y la concupiscencia, factores que mueven a determinadas personas a practicar la homosexualidad, el lesbianismo, la pederastia o abuso sexual contra los niños, el incesto y relaciones sexuales con animales.

La Biblia enseña que los fornicarios, los idólatras, los adúlteros, los afeminados, los que se echan con varones, los ladrones, los avaros, los borrachos, los maldicientes y los estafadores no heredarán el reino de Dios. Sin embargo, tales personas pueden resolver esos problemas espirituales por medio del arrepentimiento (1Corientios 6:9-10)

De manera similar, es necesario arrepentirse, de los celos, la envidia, la ira, los pleitos, las contiendas, las disensiones, las borracheras, los homicidios y las enemistades.

De manera similar, es urgente arrepentirse de los pecados religiosos, como son: la idolatría, la santería, la herejía, la hechicería, la brujería, la magia negra y la blasfemia contra Dios (Gálatas 5:20-21)

También hay que arrepentirse de un delito que no aparece con nombre en la Biblia y es la corrupción. Este se practica mediante el fraude, el robo, la estafa, la extorsión, la mentira, el encubrimiento y la impunidad.

Quienes cometen el referido delito y los demás pecados, son personas duras de corazón, incrédulas, no arrepentidas, que no quieren reconocer su condición de pecadoras y de delincuentes.

Tales personas no sienten dolor ni vergüenza, ante Dios ni la sociedad, de los pecados y delitos que cometen y por eso se niegan a rendir su vida pecaminosa a Jesucristo, para recibir perdón y separarse de la maldad.

Sin embargo, con las personas verdaderamente arrepentidas ocurre lo contrario, porque hemos experimentado el “nuevo nacimiento” que sugirió Jesús a Nicodemo, porque conocemos la verdad del Evangelio y hemos recibido poder espiritual para liberarnos de los pecados y delitos que nos esclavizaban (Juan 3:1-3y 8:31-32)

Y lo que es más importante y trascendente: hemos establecido y mantenemos relación personal con nuestro Señor y salvador Jesucristo, quien nos ha convertido en nuevas criaturas espirituales, en hijos de Dios y herederos de su reino, desde ahora y para siempre (1 Corintios 5:17 y Juan 1:12-13)

Las bendiciones que hemos recibido nos permiten llevar, mostrar y compartir con las demás personas los frutos que el Espíritu Santo ha puesto en nuestro corazón: amor, gozo, paz, paciencia, bondad, fe, mansedumbre y templanza (Gálatas 5:22-23)

Este último fruto espiritual nos ayuda a actuar con moderación, comedimiento y formalidad frente a las demás personas.

Finalmente, y en vista de las bendiciones que disfrutamos las personas arrepentidas, pido al Espíritu Santo que convenza pecados a los lectores no arrepentidos de las causas, manifestaciones y consecuencias de sus para que les sean borrados.

También pido que sean hechos hijos de Dios, que establezcan y mantengan relación personal con Jesucristo, que obedezcan su voluntad y hereden la vida eterna.

De igual modo, pido al Espíritu Santo que continúe bendiciendo a mis hermanos y hermanas en Cristo, para que mantengan la obediencia a su Palabra y disfruten sus abundantes bendiciones hoy y siempre.

Por Enrique Aquino Acosta

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