RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, INTERNACIONAL.- A las islas Amami de Japón llegó un naturalista aficionado llamado Yohei Tashiro quien caminaba por los bosques siempre verdes de las islas, situadas a mitad de camino entre Japón continental y Taiwán.
De repente, vio en el suelo acurrucado contra las raíces de un árbol a un grupo de extraños globos rojos que eran los frutos de una extraña planta pequeña llamada Balanophora yuwanensis, un género con 99 especies descritas de plantas parásitas pertenecientes a la familia Balanophoraceae.
El naturalista se encontraba frente a una rareza de la vegetación, ya que la Balanophora no realiza la fotosíntesis, sino que extrae su energía de las raíces de otras plantas, en pocas palabras, es un parásito.
Pero ¿Podría esta planta parásita controlar a un mamífero antiguo, en peligro de extinción para reproducirse?🤔😳
Sí, esta planta una vez es consumida por el conejo Amami, el único conejito salvaje de pelaje oscuro del mundo, lo controla.
Según un estudio publicado por la revista Ecology, los expertos Suetsugu y Hiromu Hashiwaki, indican que estas plantas chupadoras de raíces dan alimento a cambio de servicios de dispersión de semillas, algo que nunca se ha documentado entre un mamífero y una planta parásita.
En conclusión, la planta utiliza a este animal para reproducirse y aunque hay aves que también lo hacen estos conejos dispersan semillas de plantas parásitas mucho más eficaces que las aves.




