RESUMEN
En búsqueda de la Salud Integral
Profundizar en los diversos ángulos de la fe y de nuestro compromiso con la sociedad para bien de los que nos rodean ha de ser uno de nuestros principales objetivos. Una futura santa, cuya vida y obra hay que difundir es la de Conchita. Para introducirnos en su conocimiento nos acogemos a la Guadalupana, la Virgencita mexicanam como se le dice de cariño, la Emperatriz de América y Señora de la evangelización en todo el mundo.
En las diversas circunstancias históricas de cada nación, en cada sociedad, los creyentes católicos atraviesan por momentos de paz, en otros momentos, de alguna tolerancia, y en otros tantos de frontal persecución. De eso se trata la historia de la Iglesia. Desde el siglo XIX este fue el caso en México. Situación que desencadenó en la Cristiada, levantamiento armado que nunca la Iglesia Oficial reconoció.
La apuesta de la Iglesia en el mundo actual es la no violencia. Si el apoyar el derecho a la protesta pacífica, el espíritu profético, la denuncia de lo mal hecho, el reivindicar vivir la fe en libertad y con respecto a los demás, pero nunca a través de las armas. En esto contexto nace y vive la Beata María Concepción Cabrera de Armida (Conchita). Impresiona de esta madre de muchos hijos, de vida común y corriente y asombrosa, que llega a los altares, a la espera de ser declarad aSanta por el Papa, que para alcanzar la perfección de la caridad no hay que ser obligatoriamente cura o monja.
Los ideales de la revolución francesa llegan a todos los países del continente americano. Muestra de ello son los colores de la bandera nuestros países: Cuba, Puerto Rico, Estados Unidos, República Dominicana, Panamá y otros más como Chile. El blanco, robo y azul de los ideales liberales de corte republicano en la aplicación de la política y en el sistema de conducirse de dichos territorios. Asi con la nación mexicana que vivió todo esto de una manera sumamente violenta durante la mayor parte de su historia desde mediados del siglo XIX.
Estos procesos revolucionarios siempre asociaron a las monarquías, a las potencias extranjeras dominadoras, la usurpación de las riquezas naturales y a la acción exterminadora de los patrimonios culturales de nuestras tierras.
La nación mexicana en sus procesos revolucionarios, desde un inicio, guiada por el ideal liberal tan propio de la de la revolución francesa no madurada, se volcó en contra de la Iglesia. Benito Juárez, de profundas posturas anticlericales y antieclesiásticas, siendo beneficiario de dicha institución, contradiciendo totalmente el dicho del respeto al derecho ajeno es la paz, fue de los primeros y grandes propiciadores de la persecución contra la Iglesia, la expropiación de sus propiedades, y de prohibiciones de todo tipo, no solamente contra la jerarquía, sino también contra los fieles laicos que profesaran la fe católica.
En el año 1891, el Papa León XIII envía sus delegados a coronar a a la Virgen de Guadalupe. Anterior a esta acción, las persecuciones durante décadas acontecidas durante el pontificado del Beato Pío IX, se envía documentación en protesta por la violación del derecho de la Iglesia Católica en México.
Adentrándonos en el siglo XX, con el presidente Porfirio Díaz o el llamado porfirismo, hubo paz para la Iglesia y su misión. Vendrán luego los periodos de la guerra cristera cuando hubo choques de lado y lado, por parte de los creyentes parte de las autoridades con todas sus ideologías revolucionarias y liberales. Se dieron los levantamientos de los sectores violentos de creyentes de profesión católica que la Iglesia oficial nunca autorizo este tipo de accionar bélico.
Al tercer grupo de personas de creyentes católicos en México en medio de este sangriento conflicto les denominamos los no violentos. Jesucristo, nuestro Dios es representado en la Cruz con el símbolo de la no violencia Cristo, con los brazos abiertos crucificados, y el saludo de Jesús resucitado es: La paz este con ustedes.
Tras el asesinato de Porfirio Díaz, presidente de México, por parte de un cristero, los gobiernos que le siguieron impusieron leyes contra la iglesia, y las practicas religiosas de los católicos como la prohibición de bodas, el erradicar el sacerdocio católico con la prohibición a los hombres practicaran el celibato, de la celebración de la Misa, que se comenzó a realzar a escondidas en las casas, so pena de quien fuese encontrado en esto sería te encontraban fusilado. También se intentó la expropiación de todos los bienes eclesiales y de los católicos que siguiesen sus prácticas religiosas y la imposición de un control férreo de todos los estamentos de la vida por parte del estado.
Conchita, Concepción Cabrera de Armida, nacida el 8 de diciembre del 1862 en medio de esta situación convulsa en San Luis Potosí. Sus padres, de posición muy acomodada, Octaviano, de trabajo comerciante, y Clara, de familia muy acomodada y educación superior en todos los sentidos posibles, ensennaron a sus hijos que se puede tener muy buena posición económica, practicantes de la religión o de muchos estudios y ser personas muy maleducadas, ruines, mezquinas, de lo peor. Pero ellos Debian de ser todo lo contrario.
Sus bienes, educación y facilidades los debían hacer mejores personas, sumamente humanos y asi ser verdaderos católicos en profundidad. De aquellos que sienten una fascinación, que están atrapados, sin caer en él fanatismo y sin descuidar sus labores de la vida diaria por la comunión con Dios. Muy pronto aprendió Conchita que los laicos tienen que ocuparse de sus labores como casados, padres con sus hijos, quienes no pueden ni deben estar todo el tiempo metidos, en detrimento de su matrimonio, de su familia, de sus trabajos, de sus oficios, todo el tiempo en una iglesia. Eso no es sano para la vida relacional laica ni es saludable en lo mental.
Los padres de Conchita tenían este amor, aquello que se podría llamar una mística, no solamente cumplimiento religioso externo, no solamente orar para pedir favores, sino una relación ética a partir de los sacramentos y de las costumbres religiosas habituales de la Iglesia equiparadas a su compromiso con la sociedad, sino intimidad relacional con Dios y sus santos.
Conchita en su diario recuerda cuando, tanto en la ciudad como cuando iba a la hacienda con sus padres, no solamente recibía la Comunión, no solamente los domingos, sino también, se fue acostumbrando de joven, porque la fueron entusiasmando, motivando y disfrutando a recibir el Cuerpo y Sangre de Cristo. En un principio 4 y 5 veces entre semana, hasta que llegó el momento cuando estaba en la ciudad comulgaba a diario. Algo en aquella época extraordinario.
Hoy en día, hay que pasar de lo extraordinario a lo ordinario. ¡Que todos los católicos comulgáramos a diario! Esto debería ser lo ordinario. Escucha uno absurdos cuando le comparten algunos laicos que no pueden ir a Misa a Comulgar diariamente porque cada día de la semana tienen una reunión de actividades eclesiales tipo club social. Bien sabe uno ya con la experiencia que todo eso pasa y queda en el olvido. Pero la Comunión Sacramental marca para siempre día con día para bien de alma y cuerpo.
A finales del siglo XIX, inicios del siglo XX, comenzaron los Obispos de Roma a motivar por medio al movimiento litúrgico en la Iglesia, entre otros movimientos renovadores que fueron preparando el Concilio Ecuménico Vaticano II, realizado 70 años después, la voz del Espíritu Santo para esta época, la fuente de la renovación de nuestra Iglesia, a motivar la comunión Eucarística frecuente.
Conchita en todos su pasos como creyente seguía la misma línea del Papa León XIII, junto a muchas, muchas, muchas otras figuras fundamentales que prepararon y motivaron que el siglo XX fuese en la Iglesia, a pesar de las guerras mundiales y todas las situaciones terribles que ocurrieron, el tiempo de un Nuevo Pentecostés, un siglo de profunda devoción al Espíritu Santo. Razón esta por la que Conchita se considera una especialista en el Espíritu Santo desde la perspectiva católica, es decir, centrada en la Eucaristía y en los Sacramentos de la Iglesia. De no ser así, no hay una vivencia diáfana, fructífera y correcta en la búsqueda de la acción del Espíritu Santo.
Las rubricas más actuales del mensaje de Concepción Cabrera de Armida la han convertido en Beata para la vida de litúrgica de la Iglesia, en espera de ser declarada Santa por el Papa. Su beatificación fue realizada en la Basílica de Guadalupe por el emisario papal. Impresionante el hecho de la presencia de los nietos de Conchita, ya adultos, allí presentes.
Una creyente que esta ya en los altares, para que tomemos conciencia del cómo vivir la fe y los mejores valores y virtudes humanas en una época de férrea persecución contra la Iglesia. Todo había que hacerlo de manera muy oculta, muy diplomática, ya que se ponía en riesgo la vida, patrimonio y a toda la familia, como también a los sectores que no se levantaron violentamente en armas contra el gobierno, pero que hicieron una oposición férrea a las autoridades que prohibían practicar la fe católica so pena de muerte.
Sin embargo, ella pudo influir sobre tanta gente y sectores de la vida de su país por su posición social y económica. La educación de una mujer que recibió lo mejor del mundo cultural de su tiempo, pianista, y a la vez, criada junto a sus hermanos entre los cuales aprendió los oficios y los juegos de hombres, como narra en su diario, que ella elegia los caballos más bravos, los más briosos, los más difícilespara montarlos hasta que se acostumbraran a ella, todos los oficios manuales que se hacían en la Hacienda, de modo que ella pudiese regentarla en un futuro, siendo una señorita de alcurnia, aristocrática, que marco pautas, tanto de novia, de casada, de viuda, una mujer completa, exquisita, de buenos modales, de buena conversación, y al mismo tiempo, desde la sencillez.
La autora Conchita escribe con una astucia, esa que, sin ofender, dice las cosas muy claras para que no quede duda alguna. Esto también lo aprendió de sus padres que le inculcaron el distintivo de una persona elegante, de presentación bien puesta en todos los ambientes que se desenvolvía, haciendo notar que estaba comprometida con ellos.
Aprendió de sus padres que las personas educadas y de clase alta no se sobrecargan en su vestimenta, no tienen afición a las joyas, no hacen sentir mal a los demás que su conversación, siempre tiene ser que ser, a tal grado tan sencillas, al mismo tiempo tan profundas y educadas que puedan tener una conversación, sin que los sirvientes se sientan a menos, sin que las personas de diversos ambientes se sientan se sienta excluidas, sino que hay que entablar una cercanía una aproximación, pero al mismo tiempo, con un respeto a la integridad, espacio y costumbres de los demás.
Desde la misma forma de vestir, peinados, presentación, forma de actuar lo más sencilla posible, diferencia la clase de persona que se es. Puede ser muy pobrecita, puede ser de clase media, puede ser de clase muy acomodada económicamente hablando, pero si no se tienen en común todas estas cualidades virtudes y buenas costumbres mencionadas es una persona mal educada y sin clase, sin la correcta formación académica y su fe carece del debido sustrato y fundamento humano para garantizar su veracidad.
Aprendemos de Conchita que la persona sencilla es una persona próxima, sin caretas y que actúa sin querer aplastar a otros. Ella como esposa y con la cantidad de hijos que tuvo, tuvo que vivir una época de epidemias que iban brotando a lo largo de todo el continente americano. Gente muy cercana a ella muere ella. Su práctica religiosa intensa le ayuda a ella y a otros en estas crisis mayúsculas.
En cada una de las etapas de su vida da pasos agigantados en la fe como hija, esposa y madre. Pero un punto decisivo fue cuando un hermano muere al reunirse con un amigo y cenar. El amigo portaba una pistola que se le dispara y mata al hermano de Conchita. Para ella, esto fue un momento de búsqueda y encuentro con Dios para superar su dolor, incluso de mayor peso que la primera comunión que recibió a temprana edad y no tenía mucha conciencia de a quien recibía. Esta tragedia le hizo madurar en la recepción del sacramento, asi como en el sentido de la Confirmación Sacramental que recibió de de 3 años.
La muerte del hermano de Conchita, de manera tan trágica, ella nos dice que fue su llamado, un antes y un después, a partir de ahí ella comenzó el tomar la vida de fe católica más en serio, especialmente, en su compromiso como esposa, madre, creyente y mujer.
Se inicia en la mística con su acompañante espiritual, es decir, con sacerdotes muy calificados, con los pies en la tierra, para canalizar sus experiencias espirituales interiores en actividades de transformación social para bien de su entorno. Gracias a ello fundó las 5 obras del Apostolado de la Cruz. Ya viuda tenía que canalizarla toda su existencia y teneres para no abandonar su fe católica por la persecución estatal, menos dejar que el gobierno de entonces les quitara todo a los sectores fieles a la Iglesia Católica.
Con sus mejores recursos, Conchita fundó una agrupación de laicos no tan común, preámbulo de los actuales movimientos apostólicos de la Iglesia, también una congregación de religiosas, de sacerdotes (los misioneros del Espíritu Santo) que darían solidez y fundamentación décadas después a la renovación carismática católica, especialmente en Latinoamérica.
Las obras de la Cruz colaborando con la formación de religiosas y seminaristas en la clandestinidad. Resaltamos el hecho de que otro hermano de Conchita ante el impacto de la muerte por el disparo de uno de ellos, pasa a ser sacerdote jesuita.
El talante de la familia Cabrera y la forma en que asumen Conchita su estado de viuda, bajo la guía espiritual de quien también está en proceso de canonización, el Padre Félix, y el Arzobispo de Ciudad de México crean uno de los frentes de resistencia no violenta ante un gobierno persecutor de los católico específicamente.
Con el Padre Félix, pone la Beata en acción funcional la primera de las visiones y alocuciones que tuvo: la Cruz en llamas con el Sagrado Corazón atravesado por una lanza y la Paloma del Espíritu Santo. Recordemos que los violentos opositores que se alzaron en armas contra la persecución religiosa estatal también clamaban al Sagrado Corazón de Jesús con el Viva Cristo Rey. Pero en este caso, los católicos no violentos también por Conchita se apoyaron en la visión de la Cruz encendida con el fuego del Espíritu, pero con la Paloma de la Paz de la Nueva y Eterna Alianza Sacramental.
Allí, el Sagrado Corazón de Jesús en medio de la Cruz atravesado por la lanza y con la corona de espinas representa al corazón sangrante y pacifico. Símbolos estos de la espiritualidad tan propia de nuestros tiempos que tambien fueron dados a Conchita hace tanto porque ella escuchó la voz del Señor en el silencio, la sobriedad y el perfil escondido, rasgos presentes en todas las obras de la Cruz que ella fundo.
Jesús Salvador de los hombres sálvalos
Jesús Salvador de los hombres sálvalos
Jesús Salvador de los hombres sálvalos
Es la aclamación que la Espiritualidad de la Cruz forjada por Conchita nos legó. Patrimonio que ella puso por escrito con una astucia, con una muy buena asesoría, discreción y prudencia marcada. Si todo esto se descubría, podía ser el fin, incluyendo el de su hasta ahí llegaba todo en la vida de ellos incluía incluyendo su familia sumamente numerosa.
Conchita era una intelectual. Comienza a escribir en medio de todos sus afanes por la familia, el hogar, los negocios, las instancias de la sociedad con las que tenía que estar comprometida en todos los sentidos. No se sabe con que tiempo comienza a escribir tal cantidad de obras que en la actualidad han salido a la luz otra gran cantidad de estudios por parte de doctores en teología, especialmente de los sacerdotes misioneros del Espíritu Santo que ella fundó junto con el padre Félix, quienes estudian a fondo su Opera Omnia.
Es tal el número del material y tal la profundidad de todos ellos que abaracan los aspectos de la vida de la fe en Cristo, el Espíritu Santo. la Eucaristía y los Sacramentos de la Iglesia, del Papa, la Virgen María y los Santos, sus diálogos místicos en el grado de la experiencia la experiencia de la fe, es decir, no solo de disertación intelectual y académica, una catequesis o un discurso emocional y sentimental, no a modo de muletillas repetitivas que otros han dicho o de cuadros sin aterrizar, que hacen de Conchita, como le llamamos hoy en día, la Santo Tomas de Aquino de estos tiempos.
Quizás sea el grosor de sus escritos y el examen que estos conllevan causa de que su su proceso de canonización no ha concluido, entre otras causas más. A Conchita, con toda justicia, se le puede ir calificando de candidata a Doctora d ela Iglesia por esa espiritualidad que trasluce en un sus escritos, tan dúctiles y llevaderos, que apasionan y mueve a la interioridad, a diferencia de la obra del Aquinate tan escolástica. Ambos autores con precisión subrayada y sin dejar espacio a ninguna confusión.
En YouTube se encuentran muchas de las principales obras escritas de Conchita. Invitarles a conocerlas. Son bebida de las uvas mejor cultivadas para tiempo dulces y amargos. Asi podemos encontrar sus textos. De manera especial nos lleva al tema clásico tomista de las virtudes y los vicios para acrecentar la espiritualidad de la Comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo, por medio de la Virgen María. Su obra llamada Ven Espíritu Santo nos mantiene es la perspectiva el tiempo actual del Pentecostés como fruto de la Pascua en la vida cotidiana por la Eucaristía.
Les he querido presentar a una mujer de comunión diaria y de trabajo sin parar hasta sus últimos respiros que tuvo. Una mujer de un nivel económico alto y de influencia importante en todos los ambientes a los que solamente ella podía acceder, y sin embargo de una entrega de fe que es estar con quien más lo necesitó en los momentos difíciles de epidemias, de persecución, de pérdidas personales, en la viudez, optando por no volver a casarse, mujer que hizo lo necesario para protegerse y guardar su patrimonio, la herencia también de su marido, que ella siguió salvaguardando para bien de los suyos y la mejoría de la sociedad de su tiempo, todo esto para que redescubramos que vale la pena servir a los demás en la fe y a todo hombre de bien, aunque la respuesta a nuestra entrega sea sumamente ingrata de parte de nuestros contemporáneos a quienes debe cuestionar en sus opciones y prioridades para un efectivo cambio social en el que todos sean beneficiados y no solo unos cuantos pocos.
El autor es doctor en Teología Católica.
Por Padre Manuel Antonio García Salcedo
Arquidiócesis de Santo Domingo
