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13 de marzo 2026
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OpiniónJesús M. GuerreroJesús M. Guerrero

¿Concepción presidencial?

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

“Todas las madres quieren que sus hijos crezcan y se hagan presidentes, pero no quieren que mientras tanto se conviertan en políticos.” John F. Kennedy.

Al ser decapitado el 30 de mayo de 1961 el régimen que reprimió a los dominicanos durante 31 años, se inició dos años después el proceso de democratización del país con la victoria de Juan Bosch, a la sazón candidato presidencial del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), con sus hijos de machepa y el “basta ya” de Viriato Fiallo, que representaba a los tutumpotes de la Unión Cívica Nacional (UCN).

Partiendo desde la visión del profesor Bosch respecto al proceso de democratización, la cual plasmó en su obra Crisis de la democracia de América en la República Dominicana, constató lo siguiente concerniente a la solicitud del Departamento de Estado norteamericano sobre una oposición leal. Cito: “Le expliqué a mi amigo el problema y le dije que además consideraba la reunión superflua porque si el PRD perdía las elecciones, cualquiera que fuera su candidato presidencial, la conducta del partido y de todos sus líderes sería la única que podía esperarse de una organización política seria, más interesada en la creación y el sostenimiento de la democracia dominicana que en la conquista del poder; esto es, haríamos siempre, en todo caso, una oposición leal. En cambio, dada la composición de UNC y según lo probaba la historia de los últimos meses, el doctor Fiallo no podía cumplir un compromiso de ese tipo si lo hacía. Social y psicológicamente, el doctor Fiallo se adaptaba a las presiones de líderes de su partido; en vez de dirigirlos a ellos, ellos le dirigían a él.”

El proceso de democratización fue castrado con el golpe de Estado que derrocó el gobierno de los siete meses del profesor Bosch, lo que provocó eventualmente la revolución de abril de 1965, en busca del retorno de la constitucionalidad y el regreso de Bosch al solio presidencial.

Luego de la revolución, con el matadero electoral de 1966 iniciaron los 12 años que culminaron con el retorno a la democracia con la victoria de don Antonio Guzmán, lo que sería la consolidación de la cultura democrática en el país. Cabe destacar que la transición de gobierno de 1978 fue la primera alternancia democrática pacífica en el país, aunque estuvo marcada por crisis como la toma de la Junta Central Electoral (JCE) y el controversial gacetazo que despojó al PRD de la mayoría congresual. Quien mejor relata estos sucesos es Miguel Guerrero en su obra Al borde del caos: Historia oculta de la crisis electoral de 1978.

Al analizar el devenir histórico, existen ciertas similitudes en la vida política de aquellos que han escalado los resortes del poder luego de ajusticiado Trujillo, que parecerían sine qua non entre los que han dirigido el destino nacional, pero que no lo son.

El más conocido podría decirse que es que quienes han ostentado la candidatura vicepresidencial de proyectos presidenciales derrotados en las urnas han escalado eventualmente los resortes del poder. Podemos ver el caso de Antonio Guzmán Fernández, que fue candidato vicepresidencial de Bosch en las elecciones de 1966 y para 1978 resultó electo presidente de la República; veintiocho años después Leonel Fernández, en 1994, era compañero de boleta de Juan Bosch, quedando el Partido de la Liberación Dominicana en tercer lugar y, dos años después, Leonel Fernández resultó electo presidente.

Para las elecciones de 1990, el expresidente Hipólito Mejía fue candidato a la vicepresidencia de la mano de José Francisco Peña Gómez, quedando el PRD en tercer lugar; para diez años más tarde obtener la victoria presidencial en los comicios del 2000. Veinte años después se alzaría con el triunfo Luis Rodolfo Abinader Corona, posteriormente de haber sido candidato a la vicepresidencia junto a Hipólito Mejía en el torneo electoral del 2012.

Curiosamente, no ha habido exvicepresidentes que hayan podido ganar en las urnas la presidencia del país luego de ajusticiado el tirano. El que más cerca estuvo de agenciarse la titularidad del Poder Ejecutivo fue Jacobo Majluta Azar, que no pudo, por decisiones controversiales, alzarse con el éxito en las votaciones de 1986 contra Balaguer.

Aunque ejerció la presidencia durante 46 días al asumir producto del fallecimiento del mandatario Antonio Guzmán.

Se debe mencionar el caso de Joaquín Balaguer, que durante los momentos finales de la dictadura fue vicepresidente del hermano del Generalísimo, Héctor “Negro” Trujillo, otro de sus presidentes títeres. Al renunciar en busca de mejorar la situación de aislamiento del régimen de su hermano, producto de las sanciones impuestas contra el país por el atentado contra el presidente venezolano Rómulo Betancourt, asumió Balaguer y se produjo la eventual salida de los Trujillo del país, para luego ser exiliado Balaguer y retornar al país para ganar en 1966.
Podría decirse que es el único vicepresidente que pudo subir las escalinatas del Palacio Nacional, pero al haber sido designado, y el único expresidente que ha podido retornar al poder luego de haber perdido. Pero al haber sido señalado por Trujillo formalmente en un binomio electoral controlado junto a Negro Trujillo, ostentó la vicepresidencia durante el régimen.

Podemos ver los casos de pasados vicepresidentes del país que tuvieron aspiraciones presidenciales conocidas por todo el país sin éxito, como fueron Francisco Augusto Lora, Carlos Morales Troncoso, Jacinto Peynado, Jaime David Fernández, Milagros Ortiz Bosch, Rafael Alburquerque y Margarita Cedeño. Aunque en nuestra historia en la primera, segunda y tercera República hubo vicepresidentes que pudieron ganar la presidencia, aunque varían los métodos de elección, se pueden citar los casos de Horacio Vásquez y su primo Ramón “Mon” Cáceres, que ambos ocuparon la segunda magistratura del país y eventualmente pasaron a la presidencia, entre otros casos que reposan en nuestra historia.

En la vida política estadounidense se puede citar la diferencia de la viabilidad de las candidaturas presidenciales de aquellos que han ocupado la vicepresidencia, como fueron los casos de Harry S. Truman, que de haber sido vicepresidente de Franklin D. Roosevelt asumió la presidencia ante el fallecimiento de Roosevelt y luego venció en las elecciones de 1948. También está el caso de Richard Nixon, que fue vicepresidente de Dwight D. Eisenhower; perdió ante Kennedy en las elecciones de 1960 y nueve años después se alzó con la presidencia.

El caso de Lyndon B. Johnson, que pasó a ocupar la presidencia luego del asesinato del presidente Kennedy en 1963 para completar el último año de mandato, y ganó en las elecciones de 1964. Al solo completar un año de la administración del malogrado presidente Kennedy, la enmienda 22 de la Constitución norteamericana le permitía presentarse a la reelección, porque a partir de los dos años de gobierno es que se certifica el mandato presidencial. Aunque debió abandonar sus anhelos reeleccionistas ante la imposibilidad de vencer a Robert Kennedy en las primarias demócratas para las elecciones de 1968, hermano del difunto presidente, quien también fue asesinado en 1968 siendo virtualmente el ganador de la candidatura.

El vicepresidente de Ronald Reagan, George H. W. Bush, venció en las elecciones de 1988 y en el 2020 Joe Biden, luego de haber sido vicepresidente de Barack Obama, pudo ganar la presidencia en la Casa Blanca.

Estos han sido los casos estadounidenses luego del fallecimiento de Franklin D. Roosevelt.
Una similitud política entre Estados Unidos y República Dominicana es que en pocas ocasiones un presidente en ejercicio ha perdido la reelección. Eliminado Trujillo, Joaquín Balaguer perdió en 1978 e Hipólito Mejía en el 2004. Pero los norteamericanos, luego del fallecimiento de Franklin D. Roosevelt, solo han tenido cuatro casos: Jimmy Carter perdió su reelección en 1980, George H. W. Bush en 1992, Donald Trump en 2020 y Biden renunció a sus pretensiones reeleccionistas luego de haber sido elegido candidato por el Partido Demócrata.

El caso de Gerald Ford no procede, porque no fue electo en un proceso electoral, sino por una terna del Congreso norteamericano producto de la renuncia del vicepresidente Spiro Agnew y asumió la presidencia por la renuncia de Nixon producto del escándalo de Watergate. Posteriormente, el Poder Legislativo de Estados Unidos tuvo que elegir en otra terna al vicepresidente Nelson Rockefeller.

En nuestro devenir histórico reciente existen dos expresidentes que antes de ocupar la presidencia fueron ministros de Agricultura, a la sazón secretarios: Antonio Guzmán en el gobierno de Juan Bosch e Hipólito Mejía, designado en la cartera por Antonio Guzmán.

A diferencia de la cultura electoral norteamericana, cuyos presidentes han pasado por cargos electivos como legisladores federales o estatales como Barack Obama, John F. Kennedy y tantos otros, fiscales en sus respectivos estados, gobernadores como Bill Clinton o Ronald Reagan, en nuestra historia reciente solo reposan los casos de Salvador Jorge Blanco y Danilo Medina, que de haber pasado por las Cámaras de la Feria pudieron llegar al solio presidencial.

Jorge Blanco fue senador por el Distrito Nacional de 1978 a 1982 y luego ganó la presidencia; en el caso de Medina Sánchez su camino fue más largo al poder, al haber sido diputado desde 1986 hasta 1996, incluso llegando a presidir la Cámara Baja durante un año. Pasó a ser secretario de la Presidencia y candidato en el año 2000, perdiendo sus pretensiones presidenciales para doce años después lograr la presidencia del país. Como acotación histórica, en nuestros anaqueles más antiguos como nación existen hombres que desde el Poder Legislativo pudieron pasar a la presidencia como Buenaventura Báez y otros.

El caso de Juan Bosch, que, de haber rechazado una diputación ofrecida por Rafael Leónidas Trujillo, prefirió salir al exilio donde pulió su pluma, dejando como despedida una carta para engañar al régimen y su lapidario cuento La Mancha Indeleble, para describir el precio de ser parte de la tiranía trujillista.

Aparte de sus vínculos políticos en Cuba con el Partido Ortodoxo Cubano y su líder Eduardo Chibás, del cual adoptó la consigna de vergüenza contra dinero, Bosch no fue electo a ningún cargo político ni designado antes de ser elegido presidente del país en las primeras elecciones democráticas en 31 años; tenía su formación política, intelectual y convicción democrática.

De igual forma, el expresidente Leonel Fernández, dotado con condiciones académicas, pero que antes de ser presidente nunca había sido electo a ninguna otra posición ni designado en ningún cargo público. Incluso su campaña presidencial fue anómala en todo el sentido de la palabra en las elecciones extraordinarias producto del fraude electoral de 1994 y recibiendo el apoyo de Balaguer luego de celebrada la primera vuelta electoral.

En el escenario electoral norteamericano, luego de Franklin D. Roosevelt, ningún presidente anglosajón había asumido la residencia de la Casa Blanca sin haber agotado experiencia en otras posiciones del servicio público, incluso Dwight D. Eisenhower, que su hoja de servicio militar, su rol en la Segunda Guerra Mundial desde la operación Torch en África del Norte hasta el desembarco de Normandía conocido como el Día D.

Sin embargo, con la victoria de Donald Trump en 2016, terminó con esto. Nunca había sido electo a ningún cargo electoral y ha sido presidente en 2 ocasiones y candidato en tres elecciones consecutivas.

La historia revela que no existen fórmulas mágicas ni requisitos para que un ciudadano que ha construido liderazgo pueda asumir la presidencia de sus conciudadanos, como atribuyen algunos consultores políticos actuales.

La política ha cambiado de aquellos liderazgos mesiánicos o caudillos a la tendencia de humanizar a los candidatos, hacerlos cercanos y, en estos momentos de fatiga democrática, quien mejor comprenda los problemas del ciudadano.

Otro aspecto del quehacer político en esta media isla es que, dentro del marco de los partidos políticos organizados o sistema de partidos, nadie ha podido ganar con una organización débil o dividida.

Un gran libro que explica esto es Juego de Poder de Dick Morris, quien resalta el caso de Al Gore en las elecciones del año 2000 contra George W. Bush.

Creo prudente concluir con la siguiente frase de Santiago Carrillo: “En la política el arrepentimiento no existe. Uno se equivoca o acierta, pero no cabe el arrepentimiento.”


Por: Jesús M. Guerrero, hijo.

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