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13 de enero 2026
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4 min de lectura Internacionales

Con el despertar de los países en desarrollo, el enfrentamiento Este-Oeste pasa a ser Norte-Sur

El General Haig, designado secretario de estado norteamericano por el presidente electo Reagan, en una Conferencia de Prensa, junto a otros futuros miembros del Gabinete del próximo presidente de los Estados Unidos. (Foto EFE).
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EL NUEVO DIARIO. – El año 1981 será un año marcado por los cambios políticos ocurridos en los Estados Unidos de Norteamérica. No cabe duda que la fuerza del más grande imperio del siglo XX sigue ordenando la vida internacional. La caída de Carter y de la política internacional propiciada por su ex Secretario de Estado, Cyrus Vance, significarán una nueva problemática para el mundo entero. En realidad Carter fue un continuista y su política exterior fue típicamente anglo-sajona, pragmática y legalista. La caída del Sha de Irán puso fin, sin embargo, a la táctica de Nixon y Kissinger consistente en encargar a las potencias aliadas regionales de las tareas de mantener el orden en el Tercer Mundo.

«MODUS VIVENDI» PARA EL TERCER MUNDO

De ahora en adelante deberá ser Washington y sus aliados de la OTAN los encargados de mantener un «modus vivendi» en el Tercer Mundo compatible con los grandes intereses económicos y geo-políticos americanos. Había que abandonar las esperanzas de que el Tercer Mundo, entregado a sus propias fuer-zas, pudiese seguir caminos paralelos o por lo menos no contradictorios con las grandes líneas de la economía mundial controlada por el dólar. La crisis es el otro factor que la Administración Reagan deberá afrontar. El desarrollo de la economía americana deberá tener en cuenta la evolución política y económica

del Tercer Mundo y la progresión cada día más rápida de las exportaciones alemanas y japonesas e incluso francesas e italianas. La solución parece tenerla los consejeros de Reagan y es muy simple: una gestión directa de los negocios internacionales de USA., un apoyo más decidido a las industrias nacionales llamadas de punta (electrónica, energética y nuclear) y una menor contemplación, por razones políticas, con la economía de los aliados occidentales. La Unión Soviética parece ser la mejor aliada de las ambiciones americanas.

Resumen diario de noticias

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REARME DE EUROPA OCCIDENTAL

La invasión de Afganistán ha proporcionado a Washington el argumento político para lanzar su campaña de rearme en Europa Occidental lo que supone un gran alivio para la industria americana.

La petición formulada por el Pentágono a sus aliados de la OTAN de aumentar en un 3 % real sus inversiones en ar-mas, redunda, a la postre, en claros beneficios para las multinacionales norteamericanas. Por cierto, que en ese punto queda una batalla por ganar a los estrategas americanos y es la de probar la necesidad de uniformar los armamentos.

En realidad, en términos estrictamente militares, la OTAN se ve debilitada por la ambición de sus componentes europeos de aportar el producto de sus propias industrias armamentistas.

CONSEJEROS CENTRO-EUROPEOS

-La pléyade de consejeros centro-europeos que rodea la gestión republicana ha desplazado a las típicas mentalidades anglosajonas y los Kissinger, Brzezinski, Liska y Luttwak se muestran más audaces e imaginativos. Para una América que después de la guerra de Viet Nam había perdido gran parte de su seguridad histórica, una nueva ideología reconfortante en el sentido del papel histórico de USA. resulta fascinante. Se formula una nueva estrategia que consiste en abandonar la cruzada anti-comunista directa para reemplazarla por una misión civilizadora del Tercer Mundo. La verdadera amenaza para el poder americano se comienza a configurar con el despertar económico y político de claras tendencias independentistas en la periferia del mundo. Por el momento la gran tarea de Moscú consiste en propiciar el desorden y la rebelión de los países periféricos del poder, pero no es en manera alguna excluible que se invite al oso ruso a participar en el nuevo reparto mundial. Un acuerdo nuclear previo sería la condición del arreglo básico futuro, en el cual el comportamiento de Moscú en el Tercer Mundo quedaría perfectamente establecido. Las concesiones se pueden prever: Indochina, el mantenimiento de las ambiciones hegemonistas chinas bajo control y un cierto acceso de la URSS y sus aliados al desarollo tecnológico occidental.

De esta forma, definitivamente, históricamente, el enfrentamiento Este-Oeste, tan peligroso nuclearmente, quedaría reemplazado por la larga lucha entre el Norte y el Sur. Entre el mundo desarrollado y el Tercer Mundo o los países en vías de desarrollo si vale el eufemismo.

Por Christian Casanova

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