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10 de enero 2026
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OpiniónLasey Batista DíazLasey Batista Díaz

Comunicación estratégica: Una narrativa persuasiva a lo House of Cards

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En una de las primeras series originales de Netflix llamada, House of Cards, lanzada en 2013, Frank Underwood, el astuto político interpretado por Kevin Spacey, demuestra cómo la manipulación de la narrativa pública puede ser una herramienta poderosa para desviar la atención de temas complejos y ganar ventaja política.

A lo largo de la trama, Underwood emplea la táctica de crear una «caja china», un fenómeno comunicacional que permite redirigir el enfoque del público hacia temas secundarios, mientras oculta o minimiza los problemas más delicados.

Si bien la política real rara vez se juega como en la ficción, la táctica de gestión estratégica de la narrativa tiene paralelismos claros con las maniobras comunicacionales observadas en el manejo de la reforma fiscal por parte del presidente de la República, Luis Abinader.

La reforma fiscal: Una iniciativa de modernización necesaria

El presidente presentó un ambicioso proyecto de reforma fiscal con el fin de modernizar el sistema tributario, aumentar la eficiencia del gasto público y reducir la deuda externa del país. La reforma, aunque esencial para la estabilidad económica a largo plazo, encontró una fuerte oposición desde el inicio.

No solo sectores económicos y gremios expresaron su preocupación, sino que también los ciudadanos temían que las medidas propuestas afectaran desproporcionadamente a las clases más vulnerables, generando un clima de incertidumbre que amenazaba con dificultar la implementación de un proyecto que, sin embargo, era fundamental para la sostenibilidad fiscal del país.

El gobierno se encontró ante un reto monumental: cómo gestionar la percepción pública y comunicar la importancia de una reforma que, aunque necesaria, era impopular. Aquí es donde la comunicación estratégica jugó un papel crucial.

Una respuesta comunicacional acertada

Al principio, la reforma fiscal fue vista con escepticismo por muchos, pero la respuesta del gobierno ante el creciente rechazo muestra un manejo inteligente de la narrativa. En lugar de insistir en un camino que parecía imposible de seguir, el presidente Abinader dio un giro estratégico.

Al anunciar la retirada de la reforma, subrayó que había «escuchado el pulso de la nación» y que no insistiría en una medida sin el respaldo popular. Este acto no solo demostró disposición para rectificar, sino que también reflejó una actitud de apertura y receptividad ante las preocupaciones de los ciudadanos.

Esta jugada, lejos de ser una derrota, se convirtió en una victoria comunicacional. Al presentarse como un líder dispuesto a escuchar a su pueblo, Abinader reforzó su imagen de gobernante sensible y democrático. La retirada de la reforma no solo desvió la atención de la controversia, sino que permitió al presidente proyectar un liderazgo accesible y preocupado por las necesidades del pueblo, características clave de un político eficaz en tiempos de crisis.

Reconociendo las dificultades inherentes a la reforma fiscal

Si bien la respuesta comunicacional fue efectiva a corto plazo, es fundamental reconocer que la reforma fiscal en sí misma sigue siendo una necesidad urgente para la República Dominicana. Las dificultades inherentes a su implementación son innegables: la oposición a nuevas cargas tributarias, el temor a la afectación de los más vulnerables, y la necesidad de un consenso entre diversos sectores económicos y políticos. Estas barreras son comunes en cualquier proceso de reforma, especialmente cuando se busca equilibrar el bienestar social con la sostenibilidad económica.

La retirada de la reforma no significa que el problema fiscal haya desaparecido. Por el contrario, al dejar en claro la importancia de la reforma, el presidente puso sobre la mesa un desafío que deberá ser abordado en el futuro cercano, con un enfoque más inclusivo y equilibrado. La comunicación estratégica jugó un papel clave al permitir al gobierno retirar la reforma sin perder la credibilidad, dejando abierta la posibilidad de continuar con el diálogo en el futuro.

Una lección de comunicación estratégica: Liderazgo en tiempos de crisis

El manejo de la reforma fiscal por parte del gobierno dominicano nos ofrece una lección importante sobre cómo la comunicación estratégica puede ser decisiva en momentos de crisis. Al igual que en House of Cards, donde los personajes manipulan los medios para lograr sus objetivos, el presidente Abinader utilizó una narrativa persuasiva para reposicionar la discusión y fortalecer su imagen. Sin embargo, a diferencia de los giros maquiavélicos de la serie, esta maniobra estuvo orientada a preservar la estabilidad política y a evitar una fractura social más profunda, un enfoque que debe ser reconocido como positivo.

La comunicación estratégica en este contexto no solo se trata de desviar la atención de los problemas, sino de reorientar la narrativa de manera que se fortalezca la relación entre el gobierno y la ciudadanía. El acto de escuchar, reconocer los errores y mostrar flexibilidad son señales de un liderazgo democrático y responsable, que en última instancia contribuye a la cohesión social.

Más allá de la persuasión: Un camino hacia la acción concreta

Si bien la estrategia de comunicación fue eficaz en mitigar la crisis inmediata, los problemas fiscales del país no desaparecerán con la retirada del proyecto de reforma. En última instancia, el gobierno deberá continuar buscando soluciones sostenibles y equilibradas, que aborden las necesidades económicas a largo plazo sin socavar la confianza pública. Las reformas fiscales seguirán siendo una prioridad, y la necesidad de una implementación efectiva y consensuada es más urgente que nunca.

Este episodio subraya la importancia de combinar la comunicación estratégica con políticas públicas concretas. El gobierno ha demostrado que, incluso ante la adversidad, es posible usar la persuasión comunicacional para fortalecer la imagen política. Sin embargo, el verdadero desafío radica en garantizar que las soluciones implementadas no sean solo una cuestión de imagen, sino de acción efectiva y sustentable que aborde las necesidades reales de la población dominicana.

Por Lasey Bautista Díaz 

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