RESUMEN
Nadie discute el hecho de que la educación es un factor del cual no se puede prescindir si se busca construir una mejor sociedad, una que sea más justa, que procure el fomento de la igualdad, de la inclusión y, además, busque incesantemente instaurar paz duradera, sobre una visión crítica de la existencia humana. Para alcanzar ese objetivo, el sistema educativo debe equipar a los individuos con los conocimientos pertinentes a la época, pero, sobre todo, que cultive valores que suplan la necesidad de participar de forma activa y crítica en la vida cívica.
Considero, que este estadio de tiempo podría lograrse, reduciendo las desigualdades a través de la promoción del dialogo, de la tolerancia y del empoderamiento de la armonía intrínseca, proyectada desde la vida de individuos equilibrados, acuciosamente pensantes y buscadores incansables de mejoras en las condiciones materiales y no materiales de existencia humana.
Se trata de crear una realidad educativa que sea una verdadera herramienta de desarrollo humano y desarrollo social sostenible y sustentable. Asumiendo lo sostenible, como un asunto integral que emane equilibrio entre el crecimiento económico y el bienestar socio colectivo, procurando la satisfacción de las necesidades de la gente, sin comprometer el futuro en los aspecto ambiental y humano. Sustentable, porque enfatiza la conservación de los recursos naturales, como una garantía de existencia a largo plazo, manteniendo sus capacidades.
Cuando en ocasiones anteriores hablamos de factores socioeconómicos, dentro del tema de la desigualdad educativa, nos referimos a los estudiantes que provienen de familias de bajos ingresos, los que como ya hemos dicho, a menudo tienen menos acceso a recursos educativos de calidad, es decir, materiales de apoyo al estudio, contar con tecnología adecuada a las necesidades y con oportunidades de aprendizaje fuera del aula.
En ese mismo orden, también hemos hablado de la existencia de problemas de género, que necesitan ser atendidos, porque existen regiones en donde las niñas corren riesgo enfrentar barreras adicionales a las para acceder a la educación, es decir, en donde existan normas sociales restrictivas, como la falta de instalaciones sanitarias adecuadas para ellas. Otro problema del que hemos hablado, y hay que enfrentar dentro de las problemáticas del presente, es el que tiene que ver con lo étnico y cultural. Es decir, los estudiantes pertenecientes a grupos étnicos minoritarios o con diferentes orígenes culturales, los que pueden experimentar discriminación y falta de acceso a una educación que respete y valore sus identidades, exigiéndoles cumplir con las reglas de migración.
Entre los factores del flagelo de la desigualdad educativa nos encontramos con la realidad de estudiantes que viven en áreas rurales apartadas, remotas y vulnerables, los que objetivamente poseen menos oportunidades de acceso a escuelas bien equipadas, que cuenten con equipos de maestros capacitados. Aquellos estudiantes que viven en áreas urbanas o suburbanas, llevan ventajas de los habitantes de la ruralidad y eso debe cambiar para bien de ellos y de la sociedad dominicana.
Todos estos factores que hemos visto y otros que debe ser identificados, perduran en el tiempo y traen consigo grandes consecuencias de desigualdad educativa para los estudiantes y las comunidades en condiciones de vulnerabilidad. Esas consecuencias de la desigualdad, sumadas para calamidad pública y vergüenza nacional, producen la limitación de oportunidades de movilidad social que padecen muchos estudiantes, afectándoles su desarrollo profesional, y a la vez continúan perpetuando ciclos de pobreza. De esa misma manera, la falta de acceso a una educación de calidad que permita su incursión en el mundo laboral futuro, puede llegar a afectar la salud de los estudiantes y sus familias e indudablemente afectar el bienestar emocional y la participación ciudadana de los mismo, afectando directamente el desarrollo económico y social de la nación.
Es indudable que la desigualdad educativa obstaculiza directamente el desarrollo económico, porque esta probado científicamente que limita el potencial de la fuerza laboral y reduce la innovación y la productividad, porque niega a estos individuos el derecho a mejores oportunidades laborales y de vida social, como consecuencia de una desigualdad educativa que lesiona al país.
Para superar la desigualdad educativa se necesita, entre muchas otras cosas, una actitud colectiva unificada sobre políticas nacidas de las mismas entrañas de la gente común. Políticas públicas en el área educativa, que inicien por una inversión pertinente en el área educativa. Es crucial invertir en la educación, especialmente en áreas y poblaciones desfavorecidas, para desde una inversión bien ponderada, garantizar que todos los niños, adolescentes y jóvenes tengan acceso a una educación de calidad, que puedan disfrutar de programas de apoyo a sus actividades y aspiraciones, creando rutas específicas de inversiones puntuales y ayuda transitoria, en beneficio de aquellos estudiantes que enfrenten barreras educativas.
Se trata de programas de becas, de programas de tutorías y de programas de alimentación escolar, sobre censos de peso y talla.
Para superar la desigualdad debe invertirse en la formación continua y la capacitación de los docentes, para garantizar que estén equipados para atender las diversas necesidades de los estudiantes y responder por cada meta propuesta, mediante autoevaluaciones y evaluaciones externas. Estas evaluaciones deberán medir cómo desde la docencia se ayuda a una participación comunitaria real y definitivamente constructiva.
Esto debe ser así, para que, en forma efectiva, desde la labor docente se involucre a las familias y a la comunidad en el proceso educativo, como una manera de fortalecer el apoyo a los estudiantes y crear un necesario y urgente sentido de responsabilidad compartida entre escuela y familia.
Nadie en su sano juicio puede negar, que la educación contribuye a una Sociedad de justicia, cuando enfatiza en trabajar la reducción de las desigualdades desde la propia existencia del alumnado, para ello necesita de los docentes, porque educación es uno de los instrumentos más eficaces para reducir la pobreza y garantizar la equidad, si cuenta con un profesor capaz de convertirse en mentor positivo de su grupo de alumnos. De esa forma, la educación se coloca en calidad de ofrecer a todos los individuos la oportunidad de mejorar su cognición, como garantía de mejorar sus ingresos cuando les toque incursionar en el mundo del trabaja y, de esa forma poder tener una vida más saludable en lo físico y en lo mental. Pero, si el docente no asume su rol, nada de estas cuestiones pueden ser logradas a cabalidad.
La actitud del docente es fundamental para lograr la reducción de las desigualdades de género y empoderar a las mujeres y a las niñas de sus roles sociales, familiares e individuales, ayudando de esa manera en la construcción democrática de una sociedad de enaltezca los deberes y los derechos.
Sin el liderazgo docente, es imposible lograr con efectividad la promoción de la paz y la armonía social. Esa que ayuda a desarrollar valores como la solidaridad, el diálogo y la tolerancia, es imposible de alcanzar sin el profesor militando y asumiendo su rol de liderazgo y de mentor acompañante, como garantía de la creación de una sociedad más pacíficas, solidaria y con menos conflictos.
Siempre he considerado que la labor del del profesor es una cuestión de garantía para el fortalecimiento institucional de la democracia y de una ciudadanía responsable, porque él es el que debe ayudar a preparar junto a la familia, a los individuos, para lograr que sean ciudadanos activos y responsables, armados con un pensamiento crítico capaz de motorizar la capacidad de participación, por demás indispensable en la vida democrática.
El profesor es el motivador por excelencia para impulsar desde su aula el desarrollo humano, porque él es el que debe trabajar sobre sus alumnos para desarrollar sus habilidades y sus conocimientos, en la vía de ir mejorando su capacidad para contribuir a su comunidad de manera efectiva. Porque el profesor es el orfebre que da forma a la humanización de la sociedad, cuando logra fortalecer la crianza positiva de las familias, viviendo valores, como la solidaridad que inicia en la empatía, continua en la compasión y termina en el altruismo.
Es indudable que la educación ayuda a transformar a la sociedad y forma a sus actores para priorizar el bienestar común, pero, sobre todo, ese poder existe a través de un actor imprescindible: EL PROFESOR.
Por Francisco Cruz Pascual
