RESUMEN
Observando las estadísticas del país en abandono escolar nos damos cuenta que la situación a simple vista coincide con las de la región. En el período 2023-2024, la tasa de abandono en el nivel secundario se situó en 4.9%. Sin embargo, otras cifras más recientes señalan que entre 2021 y 2023, más de 1.3 millones de niños(as) y adolescentes abandonaron las aulas, y que para 2025 la deserción en el rango de 15 a 17 años es del 25%. Como algunos interesados sabemos, los motivos principales para esta problemática incluyen factores culturales muy enraizados en nuestras costumbres.
Pero, también sabemos que la pobreza, los embarazos no deseados y a temprana edad, que la necesidad de trabajar que se le presentan a los jóvenes, muchas veces para aliviar la carga de los padres y otros factores, como el hecho de que lamentablemente tengan que cuidar a hermanos más pequeños y, de ahí, que tengan que dejar la escuela.
Desde hace muchos años lamentamos que el abandono escolar impida a jóvenes de distintas edades y sexo la obtención de las competencias necesarias para competir en el mercado laboral, teniendo que trabajar con niveles de salarios deprimidos y, lo que es peor, condenarse a perder oportunidad de acceso a educación superior o a una mejor capacitación. Todo esto es consecuencia directa del hecho de dejar la escuela sin alcanzar la culminación de sus ciclos, cuestión que limita el crecimiento personal y profesional de estas personas, condenándolas a una vida de perspectivas muy inciertas.
Indudablemente, la deserción escolar agrava la desigualdad social. Los sectores más vulnerables de la sociedad dominicana son afectados, condenándoles a ir reproduciendo ciclos desventajosos para sus vidas y familia, cuestión que irremediablemente se transmite de generación en generación, colocando a las familias en abandono eterno. Sin escuela y sin capacidades mínimas para superar la pobreza, esta gente tiende a degradarse socialmente, en perjuicio de todos los dominicanos, no solo de ellos como entes sociales.
Como hemos dicho en ocasiones anteriores, la deserción escolar en República Dominicana, que abarca el abandono del sistema educativo formal, se ve impulsada por diversos factores. Los motivos económicos llevan a los jóvenes a buscar empleo y sin competencias técnicas o de algún oficio, sus salarios les facilita vislumbrar escasas esperanzas para sustentar los medios existenciales básicos.
Aunque los datos pueden variar según la fuente y el período, es importante reiterar, que los informes recientes indican que el problema es gravísimo, especialmente en las edades de 15 a 17 años, donde la tasa de no escolarización supera el 25%. Se trata de la adolescencia en su etapa final, la que psicológicamente hace que estos jóvenes estén en riesgo inminente de incursionar en vicios y delincuencia.
El sistema tiene la obligación de intervenir para cambiar el futuro de muchos de estos muchachos, los que no son más que victimas sociales.
Las causas principales del flagelo de la deserción escolar es la pobreza y la necesidad de ingresos por parte de los jóvenes para ayudar a sus familias por lo menos con la alimentación, medicamentos y pago de servicios básicos. Se trata de motivos importantes para la sobrevivencia social, algo hay que hacer, porque los motivos de la deserción tienen mucho peso psicosocial.
Para combatir el abandono escolar hay que crear políticas públicas con visión desarrollistas que antagonicen el populismo y den paso a mecanismos de superación socioeconómica con mentoría y seguimiento con misión de justicia social.
Ante el flagelo aparecen problemas culturales y personales, que deben ser estudiados desde la sociología, la psicología y antropología, para poder sustentar desde parámetros científicos la superación personal y buscar cambiar la socioeconomía de las familias en condiciones de vulnerabilidad. Las políticas públicas deben correr por esos senderos para combatir factores como el embarazo adolescente y la falta de participación de las familias en el proceso educativo, para que puedan ellas contribuir con sus propias causas de una forma consciente.
La falta de acceso a servicios y la escasez de recursos tecnológicos, especialmente en zonas vulnerables, son también determinantes en el abandono escolar. De igual forma la violencia agrede la paz de las escuelas, la paz de los hogares y de la sociedad, en las narices de las autoridades, evidenciando debilidades en la gobernanza del sistema, cuestiones que se han identificado como factores que afectan la permanencia de los estudiantes en las escuelas.
El Estado a través de sus estructuras orgánicas debe preocuparse por los adolescentes, una etapa vulnerable ante el flagelo de los vicios y la realidad cultural de una comodidad que bordea la holgazanería. Deben encenderse las alarmas de la sociedad integral (oficial y civil), ante la no escolarización de adolescentes entre 15 y 17 años.
Este debe ser un tema de gran preocupación de la sociedad plena, porque se agrava cuando se verifican tasas que superaron el 25% en 2023 y no se reaccionó como gobierno ni como sociedad.
No se puede negar que han existido y existen medidas y estrategias para enfrentar el problema, porque se comprueba que el Ministerio de Educación ha implementado programas para nivelar a los estudiantes y evitar el rezago, lo que debería ayudar a mantener a los desertores en el sistema, pero, no ha sido así. El problema está en que no se quieren enfrentar con transparencia cuestiones como esta, porque baja la popularidad de los gobiernos de turno y la politiquería se impone con gran irresponsabilidad por parte de los gobiernos.
Es alarmante el silencio cómplice de toda la sociedad, que vive en sus prisas, olvidándose de cuestiones como la que estamos tratando en estos párrafos.
Solo poniendo atención a nuestra juventud, podremos super la situación de crisis moral y humana, para rescatar la dignidad del dominicano, a través de aumentar la calidad educativa, con el objeto de reducir desigualdades y mejorar el talento humano, capital necesario para salir de la situación actual de desesperanza en que vive una gran parte de nuestra sociedad.
Por Francisco Cruz Pascual
