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16 de febrero 2026
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OpiniónRoberto LafontaineRoberto Lafontaine

CMD: entre la protesta y la gobernanza

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RESUMEN

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Las elecciones del Colegio Médico Dominicano (CMD) llegan con un dilema que parece repetirse cada dos años: ¿seguirá el gremio atrapado en la lógica reivindicativa de la antigua AMD o asumirá, de una vez por todas, el papel que le confiere la ley como colegio profesional y asesor del Estado?

Desde el año 2003, la Ley 68-03 transformó al CMD en una corporación de derecho público con funciones científicas, éticas y docentes. Pero dos décadas después, sigue actuando como sindicato: lucha por sueldos, guardias y códigos, mientras renuncia a intervenir en los espacios donde hoy se define el destino del trabajo médico —la gobernanza del sistema público, la habilitación de servicios y la planificación de la red hospitalaria.

El marco legal del sistema de salud cambió radicalmente. La Ley 87-01 de Seguridad Social y la Ley 123-15 que crea el Servicio Nacional de Salud convirtieron los hospitales públicos en prestadores que facturan servicios al Estado y a las ARS. Es decir: ya no se trata de reclamar al Ministerio de Salud, sino de participar en la gestión de los recursos que la propia red genera. Los médicos no son un gasto: son productores de valor público. Y, sin embargo, el CMD no ha sabido capitalizar esa nueva fuente de poder.

Las cuatro planchas que compiten por la dirección del gremio lo confirman. La de Peña Núñez, heredera del continuismo de Waldo Suero, insiste en el repertorio de la vieja AMD: más salarios y más paros. La de José Santana, aunque enarbola independencia y formación, repite la misma gramática reivindicativa, sin conexión con la arquitectura del sistema. Solo Yubelky Aquino y Clemente Terrero rozan, de forma parcial, la visión de colegio: hablan de modernización, certificación, recertificación y adecuación de las leyes. Pero aún sin articular esas ideas en una agenda de gobernanza que permita al CMD sentarse donde se decide la política sanitaria y la distribución de los recursos.

Y es ahí donde se juega el futuro del Colegio. Porque la lucha médica ya no puede medirse por el número de paros, sino por la capacidad de construir reglas. El CMD podría —si asumiera su mandato legal— proponer un sistema de incentivos reglamentado, pagado mensualmente y vinculado al desempeño asistencial bajo indicadores de calidad y volumen programado. Podría fortalecer la certificación y la recertificación, priorizar la Escuela Nacional de Formación Político-Gremial, dotándola de financiamiento propio para que pueda acometer el propósito para el que fue creada, y participar directamente en la habilitación y vigilancia de los establecimientos de salud. Todo esto está previsto en su propia ley. No requiere marchas; requiere dirección.

Lo paradójico es que, en el mismo momento en que los médicos reclaman mejores condiciones, el Estado y las aseguradoras administran un flujo creciente de recursos públicos generados por la facturación hospitalaria. Mientras el CMD pelea por aumentos, otros negocian las reglas. Y quien no está en la mesa de decisión, termina en el menú.

La transición de gremio a colegio no es un asunto semántico: es un salto histórico. Supone pasar de la reacción a la gobernanza, de la queja a la propuesta, de la defensa corporativa a la autoridad moral. Ese paso no puede darlo un líder; debe darlo toda una generación médica consciente de que el siglo XXI exige ciencia, ética y política pública, no solo protesta.

Una microescena lo ilustra. En la sala de emergencias de un hospital regional, una médica joven revisa la planilla de guardias. Su sueldo apenas le alcanza, pero cada paciente que atiende genera ingresos que nadie le explica. “¿Dónde se va ese dinero?”, pregunta al residente de al lado. “Al sistema”, responde él. Y ambos vuelven al trabajo. Esa escena resume el extravío del CMD: la riqueza que produce el trabajo médico circula sin que el médico la gobierne.

El colegio que necesitamos no es el que más grita, sino el que mejor entiende cómo se mueve el poder en salud.

Por Roberto Lafontaine
Miembro del Núcleo República Dominicana – GT Salud Internacional y Soberanía Sanitaria CLACSO
Profesor universitario y exdirector de hospitales.

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