RESUMEN
Civilización y familia se parecen y en su coexistencia se acompañan mutuamente, pero, ambos conceptos tienen grandes diferencias. Si hacemos una reducción del concepto civilización, entonces podríamos estar cometiendo errores de interpretación muy significativas, porque la civilización es el meollo, la sustancia y el tuétano de la existencia en la historia humana o en un trozo de ella. Pero, además se compone de una profunda confianza cimentada en creencias y valores que cohesionan a los conglomerados que la integran. También posee la cualidad de ser una comunidad que se sustenta sobre pilares de fe y confianza, binomio que le sostienen y le hacen perdurar.
La familia en cambio es una célula dentro de una médula, por lo que podemos concluir, que la civilización es la médula y la familia es simplemente una célula de ella a través de una sociedad entre las tantas que existen en una civilización.
Para Lucio Cecilio Firmiano Lactancio, la familia es como el epicentro de la vida en comunidad. En la época en que vivió, afirmaba categóricamente, “la familia no es una unidad del Estado ni mucho menos una entidad para alcanzar metas sociales o políticas del Imperio Romano.
Para este personaje del norte de África que vivió en el 250 después de Cristo, la familia en ese tiempo era una “unidad al servicio del reino de Dios”, esta idea la expuso antes de que Constantino asumiera la religión cristiana.
Como uno de los fundadores de la Iglesia primitiva, Lactancio creía, que la tarea de la familia “es servir a Dios y obedecerle antes de ser una agencia humanista”. Por exponer esta idea entre otras igual de radicales, fue perseguido por el poder del gobierno del Imperio, teniendo que huir del vasto territorio Romano.
Los fundamentos de la cultura occidental (nuestra civilización), se encuentran en tres pilares esenciales, se trata del racionalismo griego, del derecho romano y del monoteísmo judaico-cristiano. Para comprender a cabalidad la civilización occidental, se debe entender que el Imperio Romano y luego el Feudalismo, fueron las rutas que tomaron estos tres aspectos básicos de nuestra cultura para propagarse por toda Europa, por el norte de África y por el Oriente, teniendo como límite el río Éufrates.
El Imperio Romano estuvo haciendo historia hasta el año 476 después de Cristo. Fue una gran estructura estatal que se convirtió en un Estado superior a todos los que habían existido hasta entonces y por 500 años centralizó su poder de una manera formidable. Pese a lo afirmado por Lactancio, no cabe duda que una de las principales herramientas del Impero Romano fue el desarrollo de la familia, arraigada en creencias que le dieron cohesión social, hasta que desde a dentro, se propagó una decadencia profunda que rompió su cohesión y por ello dejó de existir.
Fue así, que aprovechando la profunda decadencia social, los ostrogodos y visigodos, llegaron como hordas vandálicas y aprovecharon las circunstancias en que se encontraba el Imperio para aniquilar todo su poderío y de esa forma iniciar una era de oscuridad que trajo al mundo conocido de entonces grandes retrasos sociales y políticos, así como grandes calamidades desarrolladas antes y durante el feudalismo.
El mundo actual necesita trabajar la estructura familiar como una forma de fortalecerla, para evitar que continúe el deterioro de la civilización tal y como la conocemos hoy. Se debe comenzar por construir una nueva conceptualización de la familia, como un grupo social primario que desarrolla entre sus integrantes, en primer lugar, unos vínculos de parentesco, en segundo lugar, asumiendo roles y jerarquías particulares a través del desarrollo de funciones asignadas, que hacen posible el desarrollo formativo de los individuos.
Este proceso de desarrollo de las personas se enfatiza y consolida mediante interacciones significativas que se van manifestando al interior de los grupos familiares. Durante estos procesos situaciones se favorece el desarrollo de habilidades que permiten a los actores integrarse al mundo sociocultural y desde ahí realizarse como persona.
En ese sentido reiteramos la necesidad de que la escuela y la familia puedan trabajar juntas en el rescate de la calidad escolar, lo que a mediano y largo plazo equivale al mejoramiento de la sociedad.
Las autoridades escolares dicen que trabajan en el aspecto de vincular, mediante los procesos desarrollados en el sistema educativo a la familia y a la escuela. Pero, los resultados no son halagüeños para el futuro de esa necesaria vinculación.
Por Francisco Cruz Pascual
