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20 de enero 2026
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OpiniónMiguel ColladoMiguel Collado

Círculo vicioso: Relato

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RESUMEN

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Tomas el lápiz en la misma forma en que lo hiciste ayer. Con el mismo propósito de ayer y con la misma sensación de ayer. Pero tú, que ya no encuentras registrada en tu memoria una sola razón para escribir o contar, aún no sabes lo que harás brotar del lápiz lápiz lapicero dime dime a quién tu quieres porque desde ayer has dejado de pensar en que la poesía sea un arma cargada de futuro como dijo en una canción un cantautor cuyo nombre ahora no recuerdo. Pero lo dijo, lo dijo y lo dijo. Y es verdad, aunque esa carga en nada se parezca a la primera carga al machete ideada por el banilejo Gómez, el muy amigo de Martí, el de la niña de Guatemala, pero la que decidió morir de amor. ¡Válgame, Dios!

Dije que tomaste el lápiz como lo hiciste ayer. Corrijo. Ayer no pudiste haber tomado el lápiz bajo ninguna circunstancia. Estabas emocionalmente involucrada en un problema de marido y mujer, de abogado y divorcio. ¿Lo recuerdas? La angustia que te azotaba era tan fuerte que todavía hoy provocas el olvido en mi memoria. No soy tú ni eres yo, pero lo que ocurre en ti, como en una especie de onda expansiva, se va reflejando en mí en círculos concéntricos que se van perdiendo según van avanzando los días. Y no es que sean reflejos condicionados. Te juro que no es nada de eso.

Piensas. Aprendiste a pensar ayer. Ayer. Sí, ayer. Ayer aprendiste a pensar. Fue un grave error, pero lo hiciste: aprendiste a pensar. A pensar. Pensar. Hoy no sabes (no tienes) en qué pensar. Solucionaste todo ayer: el problema de la luz eléctrica, del servicio doméstico, del agua, del gas propano, de los niños en el colegio, del seguro médico, del club social, de la recogida de basura, de la limpieza del jardín, del salón de belleza, de las toallas sanitarias de mayor absorción y seguridad, del transporte privado (tu vehículo último modelo ya está en la marquesina), de los celos infundados de tu esposo, etcétera, etcétera…y otro etcétera. Y todo lo demás. Todo lo solucionaste ayer. No tienes en qué pensar.

«Círculo vicioso», obra de arte del pintor español Alberto de los Ríos.

Hoy no tienes en qué pensar. Qué pesado te resulta pensar que ya no tienes nada (a nadie) en qué (quién) pensar. Tratas de recordar a Julio, tu ex-amante. Ese sí te dio motivos para pensar. Te fastidió la vida y te agarraba en los callejones (¡qué vergüenza!), en el baño del cine (¡qué bajeza!). Pero a ti te gustaba eso. ¡Claro que te gustaba! Lo sé de fuente oficial que te gustaba. Me lo dijo Rebeca se me muere Rebeca, ¡ay!, se me muere Rebeca. Qué amiga más buena y más pura. Todo lo que te hacían Julio, Roberto, Rodolfo, Nicolás, William… me lo contada. Te lo hacían a las 7:00 P.M. y ya yo lo sabía a las 6:45 P.M. Antes, mucho antes. Ellos le suministraban el programa de caricias y chulerías que te volverían loca. Loca. Loca. Qué amiga Rebeca. Siempre sincera, siempre franca, siempre al día.

Y ahora que quieres escribir no tienes historia. No tienes nada. Nada. Es extraño, pero no se te ocurre nada. Escarbas en tu memoria y sólo logras que fluyan recuerdos difusos, divagaciones absurdas, situaciones eróticas pretéritas que nunca comprendiste. El amor al revés. Hacer el amor revés era para ti delicioso, pero hoy no le ves ninguna lógica a eso de hacer el amor al revés. Ni aun en las orgías del club social donde a veces te encontrabas, frente a frente, con un General maricón con mejillas de manzanas y el pecho afeitado no soy hombre de pelo en pecho, cariño, te decía. Y tú seguías caminando tu borrachera buscando el ramillete de cuerpos desnudos asediados por el éxtasis. No hay duda de que recuerdas el amor al revés. No lo puedes negar. Negarlo no puedes. Negarlo no. No. ¡Y no!

Mejor te vas a la cama y reconstruyes los recuerdos en sueños o pesadillas. Usa ese recuerdo problematizador para que puedas pensar. Pensar primero y escribir después. No es posible pensar sin escribir. Tienes que pensar en algo. En algo. Pensar en algo. Tus recuerdos, tus preocupaciones inexistentes, que puedes usar para comenzar a pensar. Procesa la materia. Usa los materiales. La materia prima y los materiales. Ya pensarás la forma de hacerlo.

Recuerda a Julio. La materia prima. A Roberto. Los materiales. A Rodolfo, a Nicolás y al otro. Usa todos los elementos a favor o en contra. Pero piensa. No puedes escribir sin pensar. Nunca lo lograrás. Nunca. Jamás lo lograrás. 

Te sumerges en un sueño sereno. Es un sueño sin preocupaciones, sin lápiz, sin papel, sin no tener que joder con nada. Sólo con joder de JO-DER (al revés, al derecho, a la izquierda, arriba, abajo, en posición oblicua, en perpendicular). En vez de pensar te duermes. Ya no piensas escribir. Sueñas. No piensas. Al revés. Lo haces al revés. Sigues soñando. Al revés. En el club social. Con Julio. Con Roberto. Con William. No piensas nada. Lo haces al revés. Te duermes profundo. Te pierdes en el sueño. En el club social. Al revés. Siempre haciendo el amor al revés.

Autor: Miguel Collado.

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