RESUMEN
En la noche de ayer estábamos realizando algunas compras en el supermercado ubicado frente a la Universidad Autónoma de Santo Domingo en la avenida José Contreras.
Como solo eran varios artículos la compra la realicé en poco tiempo. Pero cuando fui a pagar algo me llamo la atención. En el cajero que seleccioné para pagar, había dos personas vestidas exactamente igual, uno de los dos con un casco protector en la mano de los que utilizan los motoristas. Por su estatura y por el tipo de cabello, era evidente de que se trataba de dos hombres de procedencia centro americana.
Luego de mí, se acercó a la misma caja otra persona, que entraba también a la fila de cuatro que ahí terminaba para realizar un pago, pero pensándolo bien, ni los primeros ni este, llevaban artículos para realizar una compra, o solo intentaban comprar una sola cosa.
En ese momento, no tuve un pensamiento negativo de alguno de ellos, aunque si me llamaron la atención los dos primeros, pues vestían de un uniforme colorido exactamente igual, como si trabajaran en el mismo lugar o tal vez era ropa utilizada para el tema del motocross.
Esto que le cuento tal vez no sea relevante, pero solo hice una parada antes de llegar a mi casa, en este supermercado, y varias horas después, me llegaron dos correos a mi celular, se trataba de tres intentos de consumo de una de mis tarjetas, intentos que fueron rechazados. Ojalá no sigan llegando más intentos.
Al parecer este grupo de tres personas andaban juntos, creaban la apariencia de ser clientes del supermercado y de inmediato lograban tener a alguien dentro de su círculo, dos delante y uno detrás, para proceder de forma automática y sin tocar físicamente a nadie, hacer el “chispero” para clonar o para realizar consumos de las tarjetas de crédito de alguna víctima. En este caso, la víctima era yo.
En otras dos ocasiones hemos tenido experiencias similares. La primera de ellas fue visitando otro supermercado ubicado en la Máximo Gómez, y en esa oportunidad, realicé el pago con mi tarjeta de crédito en una de las telefónicas que mantienen kioskos dentro del supermercado. Y luego de retirarme, me llegaron más de 10 consumos e intentos de consumo a la misma.
Confidencialmente, en la noche de anoche, tratándose de un supermercado distinto al visitado previamente, los consumos que recibimos fue precisamente de la misma compañía telefónica. NAME WEB FACT INT SANTO DOMINGODO.
Pero quiero ahora ahondar un poco sobre ese particular. De alguna manera, debe existir alguna red y algún método, para que las personas portadoras de tarjetas de crédito, sean robadas electrónicamente al pasar cerca de algún lugar o algún kiosko de alguna telefónica en cualquier supermercado.
Recuerdo, que días antes, me había detenido en ese mismo supermercado de la José Contreras y compre algunos minutos de recarga pagando en efectivo en ese mismo kiosko agraciado.
De repente el tener que pasar por el frente del mismo, luego de pagar en caja para salir del establecimiento, podría tenerse la “suerte” de ser clonado. Siendo así, no se trataría solo de personas dedicadas a este delito, sino que también podrían estar utilizando los mismos kioskos para este robo a los usuarios.
Hace ya como tres semanas, salí a caminar, era un domingo tipo 10 am. Al salir de la casa y luego de caminar dos esquinas, al cruzar una calle mire para asegurarme si venia algún vehículo, y caminaba por el medio de la calle, un hombre, con características extrañas. Venia caminando con un casco de los usados por un motorista en la mano, tenía las facciones también como si se tratara de un extranjero. Pero lo más extraño es que al proseguir mi camino, noté que esta persona también comenzó a caminar manteniendo una distancia detrás mío.
Si yo cruzaba, cruzaba, si doblaba, doblaba, hasta que cuando llegué a la Máximo Gómez esquina Ramón Santana ahí me detuve, pues estaba un señor que había comprado algunas provisiones en el supermercado de enfrente y le estuve contando lo que me estaba sucediendo.
El “caminante” cruzo la Máximo Gómez, luego bajo en dirección hacia la bomba de gasolina, pero casi de inmediato se devolvió y llegó de nuevo a la esquina del supermercado y tomó la Ramón Santana en dirección hacia la UASD.
Evidentemente que no se trataba de una persona que necesitaba gasolina para su motor, no llevaba en la mano algún galón con combustible, si un casco protector seguramente para llamar la atención, y usarlo como argumento para “pedir ayuda” y llevar a cabo alguna fechoría, que podría ser cualquier cosa: un atraco, el uso de la famosa burundanga, o el mismo clonaje de tarjetas.
Esto que intento contarles se trata de eventos reales, todos ocurridos en un lapso de una semana, los del supermercado José Contreras y de dos meses lo del supermercado Máximo Gómez.
En todos los casos, se trató de personas con facciones físicas muy parecidas al prototipo de hombre centro americano.
Me parece que en los supermercados deben tomarse medidas, para identificar personas con comportamientos extraños, o tal vez establecer alguna medida que pueda impedir el robo descarado por clonación de tarjetas. Y yendo más lejos, realizar pruebas cercanas a los kioskos donde se ubican las telefónicas, y generalizo, pues no voy a citar marcas especificas. Aunque en mi caso fue coincidente al tratarse de una misma empresa de las comunicaciones a la que visite a pagar servicios o comprar recargas.
Este mismo tipo de personas las he visto interactuar con clientes en la fila, preguntando si van a pagar en efectivo para ellos en teoría “vender” un bono de supermercado. Esta acción llegué a verla varias veces luego de que muchas empresas entregaran bonos de supermercados en tiempo navideños.
Ahora nueva vez estamos invitados a reasegurar nuestras tarjetas de crédito y la forma como las portamos para minimizar los riesgos de clonación simpática por algún chispero fanático.
Por Julián Padilla
