RESUMEN
La propuesta del director ejecutivo de Casa Abierta, Radhames de la Rosa, para que el consumo de la marihuana en la República Dominicana sea despenalizado, ha suscitado diversas opiniones, en lo personal creemos que es una oportunidad para colocar sobre la mesa reformas estructurales en materia de drogas, que toque el ámbito de políticas públicas, ajustes a las Leyes 50-88, y 42-01, y asumir la Justicia Terapéutica como el camino a seguir.
El mes de abril 2016, tuvo lugar la sesión especial de la Asamblea General de la Naciones Unidas sobre Drogas(UNGASS), y el tema de mayor discusión fue la despenalización, igual que todos los anteriores conclaves internacionales, y en ese tenor la posición asumida por Cuba en la voz de la Ministra de Justicia, María Esther Reus, es propicio recordar: « la legalización de las drogas, asumiendo que son sustancias inofensivas implicaría que los Estados no están dispuestos a cumplir con sus obligaciones de combatir el delito y proteger la salud de sus ciudadanos».
Darle un enfoque de uso medicinal o terapéutico a la marihuana, como bien señaló el presidente del Consejo Nacional de Drogas, es un tema de salud pública, que trae consigo el imperativo de crear una plataforma de atención al usuario para prevenir riesgos y evitar una codependencia que dañe la salud emocional de las personas. De igual forma, es importante acotar que en el sector salud las partidas presupuestarias en prevención, no llega a un 4%, y la atención en salud mental, sigue siendo un reto para las autoridades.
El cannabis para fines terapéuticos y medicinales fue aprobado en Colombia en mayo de 2016, siendo el tercer país de América Latina después de Chile y Uruguay, en México aún es tema de debate. Sin embargo, recientemente las autoridades colombianas anunciaron que están detrás de una organización con nexos con Ecuador, Perú y Chile que han adulterado la marihuana asiéndola más adictiva y que recibe el nombre de CREEPY.
Otro ejemplo es Holanda, famosa por los coffee shops donde se puede consumir marihuana con total libertad, cabe destacar que el uso y tráfico de otras drogas se mueven con mucha facilidad en dicha nación, provocando el surgimiento de bandas criminales. En ese sentido, un informe de 2016 de la Europol, y del Observatorio Europeo de las Drogas y las Toxicomanías, estableció que dicho territorio es el núcleo del trafico de estupefacientes con los demás países del continente.
Nuestro país también tiene grandes retos con el narcotráfico, ya no somos la isla que simplemente era utilizada como almacén y por paga recibía drogas; la cual se distribuía en el mercado interno. Según un informe de la ONG Insight Crime, ya existen carteles dominicanos que compran cocaína en Venezuela y llevan la droga a la costa este de los Estados Unidos, la misma es comercializada por la diáspora, de manera que los eslabones de la cadena están bajo su control, lo que genera mayores ganancias y poder.
Ante este contexto de desafíos y amenazas, apremia una reflexión que pase de lo particular (despenalización de la marihuana) a lo general (prevención, persecución y tratamiento en materia de drogas) para ello se requiere una revisión, adecuación y fortalecimiento de la parte coercitiva atacando de forma contundente el lavado de activo y enriquecimiento ilícito, por otro lado las políticas públicas deben centrar su accionar en cuidar a sectores vulnerables y proclives a la adicción, estableciendo mayores controles y una debida fiscalización de las drogas legales.
En el país y la región existen los tribunales de tratamiento bajo supervisión judicial, una gran iniciativa que debe ser expandida, para ver al imputado por posesión de drogas como un tema de salud mental que debe ser atendido para preservar su dignidad humana, y ofrecer los tratamientos que requiere la adicción de sustancias psicoactivas, pero despenalizar la marihuana, es darle casa abierta al consumo excesivo, sin estar preparado cultural e institucionalmente.
Por Kelvin Jiménez
