ENVÍA TUS DENUNCIAS 829-917-7231 / 809-866-3480
14 de febrero 2026
logo
OpiniónJosé Manuel JerezJosé Manuel Jerez

Carta al amigo Guido

COMPARTIR:

RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Estimado Guido:

He leído tu reciente carta dirigida al expresidente “Leonel Fernández”, y valoro que hayas optado por abordar la realidad nacional a través de los datos. Ese es un ejercicio saludable en una cultura política donde muchas veces las cifras se manipulan para fabricar relatos. Sin embargo, la verdad estadística no se agota en los números, sino en su interpretación rigurosa y en su correspondencia con la vida cotidiana de la gente.

Reconozco en tu texto la intención de resaltar los avances logrados en materia económica y social durante los últimos años. Pero cuando los responsables del poder político exhiben las cifras como trofeos, deben también aceptar el escrutinio de quienes observamos los límites de esas mismas estadísticas. El crecimiento, cuando no se traduce en bienestar, puede terminar siendo un espejismo contable más que una mejora sustantiva en la calidad de vida del pueblo dominicano.

Dices que la economía crece a un promedio de 6.6 % en los últimos cinco años. Pero el propio Banco Central reconoce que para enero‑abril de 2025 el crecimiento fue de apenas 2.5 %, y que varios sectores muestran señales de fatiga. Ese contraste revela que la fortaleza económica no es homogénea, y que el dinamismo exhibido en algunos años no puede ocultar el deterioro actual del ingreso real, del empleo formal y del poder adquisitivo.

También afirmas que dos millones de dominicanos han salido de la pobreza. Ojalá fuera así de sencillo. Las cifras oficiales muestran que la pobreza monetaria ha disminuido, sí, pero la desigualdad y la vulnerabilidad persisten. Una nación no se mide por la cantidad de subsidios otorgados, sino por la capacidad de sus ciudadanos para sostenerse dignamente sin depender de ellos.

Sobre la deuda pública, más que hablar de “tragedia” conviene observar la tendencia. Según la Dirección General de Crédito Público, al 31 de agosto de 2025 el sector público no financiero debía US$ 60,182.9 millones (≈46.9 % del PIB). Y lo más preocupante: el servicio de intereses ya consume cerca del 29 % de los ingresos tributarios. Eso no es sostenibilidad; es una advertencia. Ninguna economía puede consolidarse si, en proporción creciente, cada peso recaudado se destina a pagar intereses del pasado.

Reconozco los esfuerzos del gobierno en áreas como educación técnica y salud, pero conviene ser honestos: las cifras de logros deben contrastarse con las condiciones reales de hospitales, escuelas y servicios. La mortalidad infantil y neonatal, aunque en descenso, no se explica solo por nuevas infraestructuras, sino por décadas de trabajo acumulado de un sistema que aún requiere inversión sostenida. Reducir el progreso a una narrativa triunfalista es, cuando menos, una ligereza.

La independencia del Ministerio Público y de ciertos órganos extrapoder constituye, sin duda, un avance institucional. Pero ese mérito no autoriza al gobierno a confundir autonomía con impunidad, ni a convertir la justicia en un instrumento de propaganda moral. El Estado de derecho no se mide por las fotos de los procuradores, sino por la confianza ciudadana en que la ley se aplica sin sesgo ni cálculo político.

Guido, respeto tu vocación de servicio y tu intento por sostener un diálogo público civilizado. No obstante, te recuerdo —con la franqueza del ciudadano que no milita en el elogio fácil— que el país no necesita narradores del éxito, sino guardianes de la verdad. Las cifras pueden discutirse, pero la realidad no admite maquillaje. Quien gobierna debe asumir que la legitimidad no se conserva con discursos celebratorios, sino con resultados tangibles.

Con respeto, pero con igual firmeza, te reitero que los datos deben servir a la verdad, no al poder. Y que la República, por encima de todos nosotros, espera líderes capaces de reconocer errores, corregir rumbos y gobernar con humildad. La política no es un ejercicio de aplauso, sino de responsabilidad. Esa, y no otra, es la medida de la grandeza pública.

Atentamente,

Comenta