RESUMEN
Luego de ver un programa, o mejor dicho, otro programa más, enfocado en una información incorrecta y que fue desmentida de inmediato por la Oficina Gubernamental de Tecnologías de la Información y Comunicación (OGTIC)—entidad que aclaró que el proceso de selección para la instalación de un Punto GOB fue cancelado sin la firma de un contrato ni desembolso económico, desmintiendo afirmaciones que calificó de infundadas—y conociendo a la periodista que lo realizó, de quien creo que es una persona honesta y correcta, me he preocupado mucho por el rumbo que llevan los medios de comunicación. Esto me lleva a diferenciar la objetividad e imparcialidad de los medios que han podido permanecer por muchos años, como Listín Diario, Hoy, El Nacional, El Día, El Nuevo Diario o Diario Libre, a los cuales los nuevos tienen la gran oportunidad de imitar, con sus virtudes y también sus defectos.

Conozco muy bien a quien comanda el grupo de medios donde se difundió el reportaje: un joven empresario trabajador, solidario, emprendedor exitoso. Soy un testigo fiel, y me atrevo a decir que en dicha plataforma no existe, ni podrá existir jamás, una política de dañar a nadie ni ensuciar reputaciones, porque quien la dirige es una persona noble, frontal y consecuente.
Si algún mensaje nos dejó el acto de juramentación de Donald Trump como presidente de los Estados Unidos es que las grandes sociedades o naciones saben poner un alto a las divisiones y a los temas que las pueden lacerar, dividir y hasta destruir. Sin embargo, los insultos, las campañas negativas y, en algunos casos, las acciones inducidas para lograr un propósito político pueden ser válidas o aceptadas únicamente hasta cierto punto. El público también analiza con mucha objetividad y detenimiento cuando un medio se enfoca en atacar permanentemente desde una misma perspectiva. Aunque los cuestionamientos pueden ser válidos, no deben buscar dañar desde un punto de vista malintencionado. Por lo tanto, los medios deben ser cuidadosos: ganarse la credibilidad puede tomar hasta un siglo, pero perderla puede suceder en tan solo un minuto.
La inversión económica es muy importante en un medio, al igual que el equipo humano y los talentos. Sin embargo, nada es posible ni factible sin la credibilidad y la objetividad.
Nunca un tema relacionado con un ejecutivo o dueño de medio, ni ningún tipo de interés particular o económico, debe ser llevado al plano personal o utilizarse como excusa para enfrentar a un funcionario o empresario. La finalidad de los medios ha sido, es y será siempre informar con ecuanimidad.
El legado de la familia Bonilla Sánchez
Carlos Bonilla es un joven de familia que, en los momentos más difíciles de este país, ha contribuido a las mejores y más nobles causas. Su familia ha destacado tanto en la política, ocupando posiciones como funcionarios designados y electos, como en el ámbito empresarial, donde se han distinguido por su seriedad y alta moral. Ahí está la hoja de vida de su madre, quien fue vicealcaldesa del Distrito Nacional, y de su padre, quien fue director del INVI, ambos reconocidos por su integridad moral ante toda la sociedad.
La madre de Carlos Bonilla, el eficiente ministro, exitoso empresario, joven admirable y noble ser humano con una gran formación profesional, Fanny Sánchez Pujols, tiene, al igual que su esposo y padre de Carlos, Pedro Bonilla, una historia que, quizás, y es una pena, muchos de sus detractores no pueden contar.
Su madre inició sus estudios de Derecho en 1963, en la Universidad Autónoma de Santo Domingo. Motivada por los discursos del profesor Juan Bosch y, tras haber terminado sus estudios secundarios en un colegio católico, encontró razones suficientes para integrarse al Bloque Revolucionario Social Cristiano y, más tarde, participar en la Revolución de Abril de 1965.
Como parte del universo de mujeres que participaron en la contienda, Fanny Sánchez ayudó, junto a Dinorah Cordero, en la casa de la Dra. Josefina Padilla, ubicada en la calle Palo Hincado, en Ciudad Nueva, cocinando para el comando conformado por el grupo Social Cristiano que participaba en la Revolución.
Jóvenes de diferentes ideologías, como el movimiento 14 de Junio, Social Cristiano y de Izquierda, se unieron a la lucha por estos objetivos.
La madre de Carlos Bonilla fue una de las mujeres valientes que vivieron momentos difíciles apoyando el movimiento revolucionario en los combates contra el ejército o las fuerzas invasoras norteamericanas. Estas fuerzas, compuestas por 42,000 marines, se apostaron en el cordón que aislaba el área donde estaban los revolucionarios, dejando huellas imborrables en muchas familias dominicanas.
Ella fue una de esas valientes mujeres que, arriesgando su vida, se dirigió escurridiza por las calles solitarias hacia el hospital Padre Billini para cuidar heridos.
Allí se encontró con Emma Tavares Justo, quien también cuidaba al comandante Pedro Bonilla, su esposo y jefe del Comando B-3 de Villa Francisca. Ella tuvo que continuar su cuidado, ya que Pedro había sido gravemente herido, especialmente en las piernas, y tenía fragmentos en la mayor parte de su cuerpo debido a un mortero incendiario disparado desde el edificio Molinos, en la margen oriental del río Ozama, hacia la Casa de la Juventud, dirigida por mucho tiempo por el Padre Rosario y ubicada en la misma zona.
Los disparos desde esta ubicación por los marines americanos eran tan constantes y certeros que el pueblo dominicano acuñó el eslogan, ante situaciones difíciles: «tan tirando de los Molinos».
Con esta expresión se describía el infierno vivido en 1965 por esos jóvenes representados por Diómedes Mercedes, Ángel Muñiz (reconocido cineasta dominicano), Jacques Viau (poeta) y Pedro Bonilla, con quien Fanny contrajo matrimonio más tarde, formando una familia de cuatro hijos.
Al igual que todas las mujeres que participaron en la contienda, Fanny Sánchez ejerció con entereza los diferentes roles que le tocó realizar, ya sea ayudando en la cocina o cuidando a los heridos, entre otras tareas.
El propósito era conquistar algo que, tras vivir bajo un régimen dictatorial durante muchos años, se había logrado: elegir libremente al profesor Juan Bosch como Presidente Constitucional de la República Dominicana, dentro de un marco democrático y amparado en los cánones constitucionales.
Allí participaron la mayoría de los diferentes grupos políticos, con el coronel de Abril, Francisco Alberto Caamaño, como figura principal.
Para Fanny Sánchez, lo más trascendental y el legado que nos dejó la Revolución de Abril del 65 fue la conquista y el establecimiento de la democracia en nuestro país.
Responsabilidad en la comunicación
Carlos, de por sí, me atrevo a decir que es el funcionario más eficiente de este Gobierno. Es la persona que, bajo su gestión, ha ejecutado la mayor cantidad de obras que puede exhibir esta administración. Ahí están, por ejemplo, la entrega de más de 9,000 apartamentos a familias humildes y de muy escasos recursos.
A quienes tienen el privilegio de poseer un micrófono para hablar o comunicar, o un lápiz o una computadora para escribir, se les presenta la oportunidad de construir un legado. Pueden terminar como grandes referentes de la comunicación, como Don Rafael Herrera, Radhamés Gómez Pepín o Adriano Miguel Tejeda. O pueden elegir otro camino, y les comento un ejemplo:
El otro día estuve en la oficina de un empresario. Allí, un joven ingeniero estaba siendo entrevistado para un empleo. La entrevista fue excelente, y el joven, además, se había graduado con honores. Sin embargo, cuando la encargada de Recursos Humanos mencionó al dueño quién era el joven, este preguntó por su familia. Al saber que era hijo de un comunicador conocido por difamar y dañar la reputación de muchas personas, el dueño le dijo a Recursos Humanos: «No quiero a ese joven aquí».
Intenté mediar y explicar que quizá este joven podía ser lo opuesto a su padre, pero fue imposible. El daño que su progenitor había sembrado era tan grande que terminó afectándolo de manera irreversible. Este caso me recordó que nuestras acciones, para bien o para mal, definen nuestro legado.
El impacto de las campañas mediáticas dirigidas y el valor de la responsabilidad de lo que se comunica
¡Ninguna campaña mediática podrá borrar jamás la historia de sacrificio de la familia de Carlos Bonilla por nuestro país! Espero que quienes intentan mancillar su nombre se enfoquen más en crear su propio destino, porque, para bien o para mal, ese destino también se convertirá en su historia.
En mi caso, pensé que la campaña en contra del MIVED por la inversión de casi 29 millones de pesos en la contratación de servicios de suministro de almuerzos y cenas para el personal que labora en las diferentes áreas de esa institución, por un costo de 200 pesos por persona, sería la última. Esa campaña fue desmontada, pero han continuado, y quizá lo seguirán haciendo.
Ningún funcionario jamás debería renunciar a las responsabilidades que, mediante decreto, le ha conferido el presidente por campañas basadas en informaciones infundadas. Hacerlo sería satisfacer intereses que, al parecer, buscan dañar reputaciones más que beneficiar al país.
Por Ruddy De los Santos
Emprendedor, Político y Comunicador
(@ruddydelossantos)
