RESUMEN
«Para las cosas buenas también hay que prepararse»
Las cosas buenas son aquellas que a todos nos suceden y que nos gustan dado que nos hacen sentir bien ya sea porque nos empujan hacia el desarrollo y la prosperidad que aspiramos o porque simplemente nos dan placer, sin que disfrutar de ello revista una consecuencia negativa.
Pero no podemos perder de vista la importancia capital que tiene prepararnos desde una perspectiva emocional en todos los sentidos de cara a recibir las cosas buenas de la vida, para que no se reviertan en contra nuestra.
Partiendo de ese predicamento es importante notar que muchas veces lo que rápido viene rápido se va, de modo que lo mejor es aprender a echar raíces para tener el bagaje necesario que nos sustente en el tiempo.
No cabe dudas que con los años vas dándote cuenta de que hasta lo malo te obra para bien, sin embargo, no está demás prepararnos para saber manejar las cosas buenas, más aún si lo que hoy vemos como bueno porque lo deseamos con fervor, a posteriori, pudiera ser la caída hacia las amarguras más intensas de la vida.
Conocemos todos muchos casos de personas que les han llegado bendiciones que elevan su vida a lo sumo desde el plano material, pero dichos acontecimientos con el paso del tiempo hubiera sido mejor que no hayan ocurrido a razón de los ríos de amarguras y desdichas que trajeron como consecuencia.
Ello pudiera interpretarse como caramelos envenenados que llegan disfrazados de bendición para convencernos de entrar por la puerta de las mayores desdichas, que, de no estar disfrazadas con el espejismo de nuestros anhelos, en modo alguno lo aceptáramos o las tomáramos.
Por ello discernir se hace perentorio a razón de que esa sabiduría que permite identificar entre una bendición que no añade tristeza y el caramelo envenenado de la trampa.
Por ello tener paciencia y saber el valor de esta es fundamental en aras de ver con claridad lo que nos conviene, pues a veces sencillamente no estamos en el mejor momento para recibir esas cosas que deseamos a razón de que pudieran contribuir a nuestra perdición.
Siempre he oído la frase que a su tiempo se maduran las uvas y que cosas buenas suceden al que sabe esperar, sin embargo, no es menos cierto, que a veces buscamos con desesperación lo que es nuestro anhelo sin reparar en el hecho de que puede llevarnos a cometer graves errores.
Todos buscamos riquezas, fortunas, poder, reconocimiento, influencia, crecimiento y prosperidad y en nuestro esfuerzo perdemos de vista la vía más expedita que nos brinda la vida y que se encuentra al alcance de todos.
“Busca el reino de Dios y su Justicia y todo te llegará por añadidura”, eso dice Mateo 6:33 en la Biblia.
Pero ello no es un salto directo al éxito de la noche a la mañana y ahí es donde muchos se confunden, pues entienden que buscar de Dios es cosa de momento o puntual, sin reparar que es algo que debe ser siempre en todos los órdenes y en todo momento de la vida.
Los procesos hay que vivirlos y el aprendizaje no es la excepción y más aún si para dar buen uso de lo que nos suceda se requiere de una preparación que solamente con la experiencia de la vida se alcanza.
Si bien es cierto que la Biblia está llena de milagros, no menos cierto es que Dios en su infinita soberanía nos somete a procesos de preparación para que la bendición que ha de venir en modo alguno añada tristeza, sino más bien que rinda frutos al ciento por uno, los cuales lo gloríen a Él a lo sumo y que al mismo tiempo sirvan de bendición para otros, ya sea de manera directa o indirecta por medio de conocimientos transmitidos con el ejemplo.
