RESUMEN
Por increíble que les parezca, hasta la muerte de Trujillo, los dominicanos contábamos con el Ministerio de Interior y Cultos, el cual era presidido por Rafael Paíno Pichardo. Hasta la Era que era Era (La dictadura de Trujillo), lo relativo a las religiones, sin importar la denominación, pasaban por un proceso de inspección, evaluación y depuración, que exigía un mínimo de formación a quienes alegaban haber recibido el llamado de Dios para promover su fe. En resumen, no todo el mundo era pastor y menos fundaba una iglesia.
Con la muerte de Trujillo todo cambió, ¨vino la libertad y la democracia¨, desapareció el Ministerio de Cultos y ahora, cualquier condenado a treinta años por homicidio, tráfico de estupefacientes, sicario o robo a mano armada, alega haber recibido la unción celestial para organizar una iglesia. Así se protagonizan, los agravios que desde los altares acaparan la atención social.
Sin duda alguna que, somos presa de una distorsión entre lo terrenal y lo divino, al extremo que sus representantes en la tierra están más interesados en los placeres carnales, que en los espirituales: Estaciones de radio, canales de televisión, plataformas digitales, vehículos, yates, villas, cooperativas y cuantas actividades generadoras de recursos, son sólo algunos de los preciados dones que persiguen los pastores, en contraposición con la vida austera, sencilla y espiritual que sustentan al cristianismo.
Los abusos contra infantes son el detonante que alimenta la prensa amarillista, pero no es, ni por asomo el peor de los males. Los hijos no reconocidos, los abortos, el estupro a las mujeres, la manipulación a sus feligreses para que inviertan sus recursos en empresas piramidales; encierran otras realidades poco promovidas en la prensa y estudiadas por el Estado.
Los pastores no comulgan ni por asomo con sus prédicas, las cuales son cargadas con espectacularidad: lenguas galácticas, curaciones amañadas, predicciones futuristas, y poderes de sus exaltados, que van desde lo exagerado hasta lo ridículo. Se imputan representaciones especiales a sus órganos, extremidades y miembros viriles, como sucedió con un pastor en Puerto Plata, quien llegó al colmo de afirmar que su esperma, era sagrado, preñando a una docena de incautas doncellas.
Lo que vive el cristianismo protestante en República Dominicana es una enajenación, integrada por cantantes, influencers, empresarios, políticos, predictores de lotería, intérpretes de ángeles ñatos y sudoraciones de aceite ungido.
Bajo el pretexto de haber recibido un llamado celestial, no quieren bajar el lomo, y lo que es peor, realizar estudios. Viven bajo el amparo de la caridad de sus feligreses y no les importa exponer de manera pública sus cuentas bancarias para que les hagan los depósitos, sin la debida regularización del Estado.
Mientras la carrera de Teología espera llenar un pírrico cupo de aspirantes para ser impartida, los pueblos, campos y barrios del país, están abarrotados de iglesias presididas por pastores sin condición formativa. Como país, lideramos las estadísticas en accidentes, feminicidios y cualquier suerte de crímenes, lo que no se corresponde con la gran cantidad de líderes religiosos que pululan en la sociedad.
Cualquiera persona con buen nivel de lectura comprensiva, se engancha a predicador, alquila un local y funda su iglesia. Sin la evaluación y supervisión estatal, manipula a su feligresía y los llevan a cometer muchas de las barbaridades que han impactado nuestra sociedad.
Aquí todo el mundo es pastor, cualquiera funda una iglesia, vive al amparo del más pendejo. Basta con tener, capacidad de convencimiento.
Por: Florentino Paredes Reyes
