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20 de enero 2026
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Canasta básica y salario mínimo: Una brecha que vulnera el derecho laboral

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RESUMEN

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La Constitución dominicana establece el trabajo como un derecho y el salario como una garantía para vivir con dignidad. Sin embargo, en el contexto económico actual, donde la canasta básica continúa en ascenso y los salarios mínimos apenas la rozan, cabe una pregunta fundamental:
¿Se están respetando verdaderamente los derechos laborales en la República Dominicana?

La cruda realidad: la canasta sube, el salario apenas responde

Entre enero y abril de 2025, el costo promedio de la canasta familiar nacional se elevó a RD$46,728.50, afectando todos los niveles de ingreso. El quintil más pobre (el primero) pasó de RD$27,828.58 a RD$27,968.34. El gobierno afirma que, con el nuevo salario mínimo general (RD$27,988.80), “ya se cubre” esa canasta. Pero esta afirmación es una lectura parcial, estadística y descontextualizada.

Desde el enfoque del Derecho Laboral, es imprescindible señalar que el salario no debe limitarse a cubrir alimentación: debe alcanzar para vivienda, salud, transporte, educación y recreación. Así lo dispone el artículo 217 del Código de Trabajo dominicano y lo respaldan los convenios 95 y 131 de la OIT.

Un salario mínimo que apenas cubre una parte de la alimentación no es un salario digno: es salario insuficiente legalizado.

El artículo 62 de la Constitución es inequívoco: “Toda persona tiene derecho al trabajo digno, con remuneración justa.” Este mandato no puede limitarse a cifras optimistas del Banco Central, ni a narrativas políticas. El trabajo digno es una obligación constitucional y una garantía de justicia social.

Cuando el Estado permite que el salario mínimo permanezca desvinculado del costo real de la vida, se convierte en cómplice estructural de la precarización. Sin políticas que acompañen el alza salarial con control de precios, acceso a servicios y protección social, no se garantiza un derecho: se administra la sobrevivencia.

El trabajador dominicano promedio dedica entre 8 y 10 horas diarias al empleo, pero no recibe a cambio seguridad económica ni estabilidad familiar. Esta disociación entre esfuerzo y bienestar erosiona la legitimidad del sistema laboral, alimenta la informalidad y perpetúa la desigualdad.

Se celebra que “el salario cubre la canasta del primer quintil”, pero más del 65 % de la población gana por debajo de ese umbral. ¿Qué ocurre entonces con quienes trabajan en microempresas, en el sector informal, o bajo regímenes tercerizados sin beneficios?

Los discursos no alimentan, no educan y no pagan pasajes. Si el Estado realmente quiere transitar hacia un modelo de bienestar y trabajo decente, se requieren decisiones estructurales y valientes:

1. Revisión técnica del salario mínimo con base en estándares de vida reales, no solo indicadores macroeconómicos.

2. Fortalecimiento de la inspección laboral y sanción efectiva a empleadores que incumplan derechos básicos.

3. Ampliación de la seguridad social y subsidios focalizados que protejan a los sectores más vulnerables del país.

La sociedad exige el cumplimiento del contrato social que vincula a quien trabaja con el Estado que lo representa. Y ese contrato no puede seguir siendo un papel mojado para quienes madrugan cada día sin saber si les alcanzará la quincena.

Cuando los gobiernos celebran que “el salario cubre la canasta en teoría”, mientras el pueblo la persigue en los anaqueles, es el Derecho Laboral el que grita en silencio.

Y en mi caso, como jurista y ciudadana, tengo la obligación de alzar la voz por cada dominicana y dominicano que sostiene este país con su trabajo, pero no con su salario.

Por: Yulibelys Wandelpool, abogada laboralista y especialista en Derecho Administrativo
Correo: ywandelpool@gmail.com | Redes: @ywandelpool

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