Queda cada vez más evidente que la sociedad dominicana está urgida de cambios mucho más profundos que los que hemos venido haciendo. Es claro que los daños que hemos padecido han deteriorado de manera amplia la vida del país.
Lo primero que debemos reparar es la confianza en creer que es posible enderezar el rumbo de la nación. Aunque muchos podrían considerar que eso sería el resultado de los cambios, creemos por el contrario que es confiar para poder producir las transformaciones. Es obvio que no se trata de provocar la discusión de quién fue primero si la gallina o el huevo, pues lo que se buscaría sería una reacción frente a los males que nos aquejan para saber que si no cambiamos el ritmo de la sociedad los males continuarán empeorando, pese a los esfuerzos aislados que se puedan hacer desde el Gobierno y de algunas de las instituciones privadas.
Se necesita que las cosas sean en serio y con claridad si deseamos resultados positivos en el país. Debemos dejarnos de pasar paños con pasta sobre los problemas nacionales, comenzando por el modelo económico sobre el que estamos operando. Cada vez estamos perpetuando más las diferencias entre ricos y pobres, creyendo que con asistencialismo ayudamos a la gente a salir de su situación de miseria espiritual y material.
Si miramos en cada uno de los renglones de nuestra economía nos damos cuenta que podemos hacer cambios para modificar el cuadro y mejorar la calidad de los servicios y la participación efectiva de beneficios para la sociedad. Muy pocos tienen demasiado, mientras que el resto apenas participa de los bienes.
La lucha contra la corrupción debe ser una política firme para mejorar la gestión y para que el mensaje sea claro.




