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12 de febrero 2026
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OpiniónKary Ramírez AlmonteKary Ramírez Almonte

Cambios en el tren gubernamental: coherencia, institucionalidad y mano dura contra la corrupción

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RESUMEN

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El Gobierno del Cambio, encabezado por Luis Abinader, ha dejado claro desde su llegada al poder que gobernar no consiste en administrar inercias ni proteger estructuras obsoletas, sino en transformar el Estado para ponerlo al servicio de la gente. En ese marco, los recientes cambios realizados en el tren gubernamental no deben leerse como simples movimientos administrativos, sino como una decisión política coherente con el compromiso de fortalecimiento institucional y lucha frontal contra la corrupción.

En una democracia moderna, los ajustes en el equipo de gobierno son una herramienta legítima y necesaria para corregir rumbos, mejorar la eficiencia y garantizar que las instituciones respondan con eficacia a las demandas ciudadanas. La permanencia en un cargo no puede ser vista como un derecho adquirido, sino como una responsabilidad sujeta a evaluación constante. Y en ese sentido, el presidente Abinader ha demostrado que no vacila en tomar decisiones cuando el interés general así lo exige.

Estos cambios envían un mensaje claro y contundente al país: en el Gobierno del Cambio no hay vacas sagradas ni espacios para la complacencia. La transparencia, la ética pública y la rendición de cuentas no son consignas de campaña, sino criterios reales de gestión. Fortalecer las instituciones implica depurarlas, modernizarlas y, cuando es necesario, renovar sus liderazgos para asegurar resultados concretos y una administración alineada con los principios del Estado de derecho.

Asimismo, la lucha contra la corrupción no puede ser selectiva ni discursiva. Requiere voluntad política, independencia institucional y coherencia en las decisiones. Al realizar ajustes en el tren gubernamental, el Poder Ejecutivo reafirma que la confianza pública se protege con acciones, no con silencios cómplices ni pactos implícitos. Gobernar con mano dura frente a la corrupción es, hoy más que nunca, una demanda social impostergable.

El pueblo dominicano espera un gobierno que funcione, que responda, que corrija y que avance. En tiempos donde la ciudadanía observa con atención y exige resultados, la coherencia entre el discurso y la práctica se convierte en un activo político invaluable. Los cambios realizados van en esa dirección: consolidar instituciones más fuertes, más creíbles y más eficientes.

En definitiva, el fortalecimiento institucional no es una meta abstracta, sino un proceso continuo que exige decisiones firmes y oportunas. El presidente Abinader ha optado por gobernar con responsabilidad histórica, entendiendo que el verdadero cambio no se proclama, se ejecuta. Y en ese camino, la renovación del tren gubernamental es una señal inequívoca de que el compromiso con la transparencia y el buen gobierno sigue siendo una prioridad irrenunciable.


Por Kary Ramírez Almonte

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