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31 de diciembre 2025
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OpiniónDaniel García SantanaDaniel García Santana

Cambiemos de rumbo

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La sociedad dominicana parece transitar por caminos cada vez más distantes de la humanidad y los valores esenciales. Vivimos lo que muchos han denominado la “era de Alofoke”, en la que todo vale, nada importa realmente y lo prioritario es decir o hacer cualquier cosa que garantice visibilidad y brillo personal, aun cuando ello implique afectar a otros.

Ahora el objetivo central es obtener recursos sin detenerse a pensar en los medios utilizados. El interés se ha convertido en el principal motor de las relaciones humanas. La vieja consigna de que “lo importante es servir” parece haber pasado de moda.

La sorpresa es mayúscula cuando nos encontramos con amigos que confunden la amistad con la dádiva, y que priorizan el beneficio personal por encima del gesto sincero y del afecto genuino que debería caracterizar ese vínculo. Lo que antes era un agrado entre amigos, hoy se percibe como una transacción encubierta.

Este fenómeno no se limita al ámbito de la amistad. También alcanza a la familia, donde en muchos casos el contacto solo se produce cuando surge un “problema”, real o inventado. Las llamadas y los mensajes se reducen a momentos coyunturales: pedir un préstamo, solicitar una recomendación o buscar una solución aprovechando las relaciones laborales o sociales de otro.

Aunque siempre han existido intereses por encima del cariño, el amor o la consideración, esta conducta se ha vuelto superlativa. La humanidad se nos escapa de las manos, como el agua entre los dedos, erosionando la confianza y ampliando la distancia entre personas que antes mantenían lazos sólidos.

El amor al dinero “crece como la verdolaga”, sin límites ni escrúpulos. Poco importa a quién se dañe o qué principios se vulneren para alcanzarlo. Vivimos en una vorágine mercantil donde pareciera que “todo se compra y se vende”, y en la cual solo el más fuerte logra imponerse.

Aprovechemos este 2026 para reflexionar de forma particular y como sociedad sobre cómo podemos aportar para producir cambios reales, porque si continuamos como vamos, retrocederemos a los tiempos de la caverna, con todo y la imposición del golpe del garrote, por encima de la bondad y la razón.


Por Daniel García Santana

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