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5 de febrero 2026
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OpiniónElizabeth MenaElizabeth Mena

Cambia el Chip, dedicado a mis amigas: Diane Keaton, la mujer que no pidió permiso para ser ella misma

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RESUMEN

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Hay mujeres que no solo actúan en la pantalla, sino que la trascienden. Diane Keaton fue una de ellas. No necesitó levantar pancartas para marcar su camino. Le bastó con ser ella misma: imperfecta, distinta, libre. En un mundo donde tantas se sienten obligadas a cumplir con un molde de ser la esposa ideal, la madre ejemplar o la actriz dócil y sexy. Diane eligió ser una versión sin filtro de lo que quería ser. Y ahí, precisamente, radicaba su autenticidad.

Tuvo algo que las mujeres no siempre tenemos: la oportunidad de elegir quién ser. Y ella, en el corazón de Hollywood, eligió representar mujeres reales: torpes, sensibles, inseguras, pero profundamente humanas. Con Woody Allen (sobre el que, admito, tengo sentimientos encontrados) llegó Annie Hall, y con ese personaje se rompieron los clichés femeninos del cine. Diane nos enseñó que la vulnerabilidad también puede ser una forma de fuerza. Que una mujer puede ser brillante sin ser perfecta, divertida sin ser complaciente, atractiva sin mostrar su cuerpo.

Tomó las corbatas, chalecos y sombreros de los hombres y los convirtió en un símbolo de libertad. Ese estilo andrógino, desafiante y elegante trascendió la moda. Era una forma de decirle al mundo: aquí estoy, con mi estilo, con mis ideas, con mi historia… sin pedir permiso.

Ayer, como suele pasar cuando se va alguien que marcó generaciones, el mundo la recordó. Entre tantos mensajes y homenajes, me quedo con una idea que me tocó profundamente: en tiempos donde las redes sociales venden perfección y aprobación, la muerte de Diane nos recordó que ser auténtica sigue siendo el acto más revolucionario.

El mensaje de Diane nos dijo Cambia el Chip durante su carrera es claro: no necesitas ser la más bella, la más joven o la más aplaudida. Lo que realmente necesitamos es ser nosotras mismas… sin pedir permiso.

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