RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO.- Cadis Sosa es un nombre mayor de la pintura dominicana, consagrado por una vida entregada al arte donde ha creado una preciosa e inspirada producción pictórica, la cual abarca cuadros impresionistas que son como una catarsis personal.
El impresionismo es la marca mayor de este pintor: sus obras asumen los colores de la naturaleza, siendo como un espejo exuberante de lo natural. Los paisajes transforman su inspiración y producen arte al por mayor y detalle.
La vida de Sosa es una paleta de colores. Hombre inquieto y multifacético, es muchas cosas a la vez: artista, escritor, animador cultural, psicólogo, trotamundos incansable. Es un europeísta inagotable: sus venas artísticas están llenas del Renacimiento, de Rembrandt, Goya, el Greco, Monet, Picasso… Estos genios lo iluminan a él, que es un adorador del arte supremo.

En efecto, el artista dominicano conoce de primera mano a los grandes monumentos de Europa: desde el Louvre hasta la Capilla Sixtina, los de España, Holanda, Italia, Praga. Estos santuarios son sagrados para él: en ellos siente el poder estremecedor del arte, flota sobre el plano más sublime de la lisura humana.
«Soy un enamorado del arte. Tú te escondes detrás de la pintura», confiesa antes de revelar el dinamismo orgánico de su creación.
Este esteta curioso toca las notas de la naturaleza, deslumbrado por la fuerza soberbia de los paisajes, sean campestres o urbanos. El cristal de la luz, con su chorro de rayos claros, o la noche con sus hebras de sombras, atrapan a Sosa y lo envuelven en la malla de la inspiración. Entonces, de acuerdo a su estado de ánimo, emprende el proceso creativo, acomete una nueva obra. Lo hace con tanto celo y entrega, que los cuadros son como sus hijos: una vez los ha creado, jamás podrá despegarse de ellos.

En 2022 tenía la inspiración apagada: no pintó nada. Sin embargo, este año ha recobrado la musa y lo ha hecho con tal pasión, que en solo tres días pintó tres cuadros. Impresionista rural, expresionista campestre o urbano: es siempre un paisajista, un pintor de la naturaleza.
Más del artista
Nacido en Villa Vásquez, Montecristi, este hombre cristiano estudió en el Colegio Adventista Dominicano y en la Pucamaima.
Trabajó en el hospital Cabral y Báez, en Santiago. Fue subdirector de Cultura del Ministerio de Educación. Escribió su libro «Praxis de un presagio» sobre la revolución educativa. En la UTE se graduó de psicólogo clínico.
A principios de los ochenta incursionó en la pintura. Sus primeros cuadros tienen más de cuatro décadas. Desde entonces ha ido acumulando piezas y obras de su propia cosecha.
Hace diez años, en 2013, tuvo una brillante exposición en Santiago. Fue bien acogida por la crítica y el público en general. Este pintor sigue con las llamas de la inspiración, con la paleta en las manos y con el corazón en el arte.
En los próximos meses llevará a la capital un muestrario diáfano de sus pinturas, incluyendo los estupendos Amaneceres que captó desde la cúspide de Malecón Center.-




