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16 de febrero 2026
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3 min de lectura Una mirada al pasado

Bosch: ascenso y caída de un ídolo popular

El profesor Juan Bosch. (Foto de archivo).
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RESUMEN

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Sí, Juan Bosch venció en las elecciones del 20 de diciembre de 1962 y conquistó el poder. Fueron los primeros comicios libres celebrados en muchos años, y los primeros después de la grandiosa muerte de Trujillo. Se juramentó el 27 de febrero de 1963, pero solo pudo gobernar siete meses. El segundo al mando era el Dr. Segundo Armando González Tamayo.

El candidato del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) alcanzó una victoria arrolladora: más de 628 mil votos, es decir, casi el 60 % del total, muy superior a los 300 mil y pico captados por Viriato Alberto Fiallo, el líder de la Unión Cívica Nacional (UCN). El general Miguel Ángel Ramírez Alcántara triunfó en su natal San Juan, cuya senaduría arrebató en las urnas.

El gobierno boschista fue una locura de siete meses. Lo condenaron y machucaron tres sectores poderosos: la cúpula católica, el empresariado y la jerarquía militar, todos unidos por más de un interés particular. Claro, el profesor en el poder se reveló incapaz de gobernar: no tocó los mandos militares y gobernó con esa malvada herencia trujillista. Los buitres armados se tragaron el régimen fugaz de Bosch.

La Iglesia católica se movilizó. Así, las ‘reafirmaciones cristianas’ se constituyeron en un movimiento de resistencia y oposición contra el poder, denunciando la Constitución democrática de 1963. Los empresarios rabiaron creyendo que el comunismo se estaba apoderando de la economía nacional, bajo el temor de que se produjera otra Revolución cubana. El país estaba imantado por el espejo revolucionario cubano. Fidel Castro Ruz, el gran demiurgo de América Latina, encendía a la juventud más aguerrida y dibujaba un hermoso sueño de redención social.

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Pero Bosch no era comunista sino reformista, quiero decir, progresista. Es más: pertenecía a ese célebre club latinoamericano llamado ‘izquierda democrática’. Eran líderes de la vitrina democrática de Washington y su Alianza para el Progreso, y brillaron como promotores de progreso social e impulso económico. Había que remover -y cambiar- las viejas estructuras económicas de la región, en procura de construir sociedad más equitativas y prósperas.

Esos cambios amenazaron y agredieron la pequeña mentalidad de los guardias. Un coronel -Elías Wessin y Wessin, que después se vistió de general- soliviantó a un sector de oficiales y, junto a Víctor Elby Viñas Román y otros generalotes, tumbaron a don Juan el 25 de septiembre de 1963. Fin de la aventura boschista.

La conspiración arrancó antes y explotó el 28 de diciembre de 1962, ocho días después de celebradas las elecciones. El escenario del estallido social fue Palma Sola, un villorrio mágico cargado de milagros y superchería rural. Papá Liborio era un dios popular y un curandero-guerrillero, cuyas prodigios y hazañas médicas se contaban por montones. En el lugar ardían las llamas de la adoración liborista, y los fanáticos acudían allí con frenética devoción. Los hermanos Rodríguez Ventura, sacerdotes del culto, cayeron en las redes oficiales. Los guardias represores también sufrieron. Fue una fiesta de horror sangriento y la sepultura de un culto mágico.

Es momento de terminar. Amplío estas cosas en mi libro «Manolo: la ilusión heroica», de próxima aparición. He escrito esta pequeña reseña a sugerencia de Gilberto Hernández, un veterano del periodismo.-