Big Papi, ¡Big Caos!

Por Carlos McCoy lunes 17 de junio, 2019

El infausto acontecimiento donde fue baleado la ex estrella del beisbol y filántropo David Américo Ortiz Arias, Big Papi, es una prueba más del desorden en el que vive la sociedad dominicana.

Una y otra vez se oye el clamor general pidiendo un poco de orden que regularice este sainete de democracia en la que vivimos.

De nuevo resuena en las redes, el grito de: ¡Aquí hace falta un Trujillo!

Es imposible predecir el futuro y mucho menos cambiar el pasado. Pero sí podemos transportar un hecho, de manera imaginaria, a otra época y especular que hubiera pasado en esas circunstancias.

Si este hecho hubiera ocurrido en la era de Trujillo, cosa no imposible pero poco probable, el joven Eddy Vladimir Feliz García, estuviera positivamente identificado como motoconchista, porque, en ese régimen, toda actividad era registrada por el estado.

Los extremos de control eran tan rígidos que, los limpiabotas tenían una placa en sus cajas de limpiar, tenían placas las bicicletas, las motocicletas. ¡Hasta las carretas de caballos!

En estas últimas, los carreteros, cuando circulaban de noche, tenían que portar en sus manos una funda con una vela encendida adentro a modo de luz para advertir a los demás de su presencia en las calles.

A este extremo llegaba la seguridad y el orden en esa dictadura.

Hoy es todo lo contrario.  El desorden nos arropa y hemos llegado a un punto tal, que cuando se quiere corregir algo, los mismos que piden orden están en desacuerdo si es su sector el afectado.

Cualquier ciudadano puede poner un puesto de frutas o de chucherías en una plaza pública, en las aceras y hasta en los cruces peatonales.

Improvisan un vertedero de basura en cualquier lugar de la ciudad. No respetan las leyes de tránsito.  No tienen seguro vehicular. En fin, Caos total.

¿Cómo pudimos llegar a este punto?

¿Cómo hemos dado ese desgraciado giro de 180 grados?

Hay una sola respuesta.

Perdimos el orgullo desde arriba hacia abajo.

En la dictadura era común ver a un rifero o jugadores clandestinos, camino a la estación de la policía, “Con la mesa al caco”

En la actualidad son alcaldes, senadores y diputados.

Nosotros, que nacimos en la dictadura, recordamos muchas de las atrocidades que se cometían en la misma y el miedo con el que vivíamos.

 Poco a poco nos fuimos acostumbrando y lo veíamos como algo natural. Como que el mundo que nos tocó vivir era así.

Pero también recordamos el orgullo de ser dominicanos.  Con el fervor que nos deteníamos en las calles cuando se subía la bandera o se tocaba el himno nacional.

Como hablábamos, por ejemplo, aunque la mayoría no teníamos elementos de comparación, de que “Ciudad Trujillo” era la ciudad más limpia del mundo.

Pero, lo más importante era la admiración que le teníamos a las autoridades que regían entonces.

Llegar a ser regidor era un premio al civismo de ese ciudadano, pues se llegaba a la sala capitular por méritos morales y éticos.

Hoy, hay un chiste del niño que le preguntan en la escuela, ¿Qué hace tu padre?

El niño contesta:  Él es travesti y trabaja de stripper en un cabaré de la parte alta bailando en tanga.

Al salir de la escuela, su amiguito le dice, ¡Pero tu papa no es travesti ni baile en el tubo!

El niño contesta, ¿Y qué querías?, ¿que dijera la verdad?, ¿que él es un congresista?

A esos extremos hemos llegado.

Por Carlos McCoy

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