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12 de febrero 2026
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OpiniónMarjorie FélixMarjorie Félix

Bad Bunny en el Super Bowl: Poder cultural y representación Global de la Experiencia Latina

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RESUMEN

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Querido y amable lector, me inspiro en el saludo de Lady Whistledown, el personaje secreto de la exitosa serie de Netflix “Los Bridgerton”, para ofrecerte una reflexión directa: sí, lo sé, Bad Bunny no es un cantante convencional.

Después de leer muchos de los comentarios que surgieron en respuesta a mi artículo anterior, sobre la industria cultural de la música en español y el Grammy que recibió este artista puertorriqueño, quiero manifestar que comparto esta opinión. Sin embargo, tanto ese artículo como el que ahora estás leyendo no se centran en la capacidad vocal del “Conejo Malo”, el latino con mayor proyección del mundo.

Esta reflexión se enfoca en el reposicionamiento de la música en español, que ha pasado de la periferia al centro de la industria cultural global.

La presencia simbólica de Bad Bunny en el Super Bowl, el evento deportivo más importante de Estados Unidos y uno de los mayores espectáculos a nivel mundial, es una metáfora de la lucha de los pueblos latinoamericanos por visibilidad, dignidad y el derecho a narrarse a sí mismos.

“América Latina debe ser contada por los latinoamericanos.”

Desde el domingo 8 de febrero de 2026, el medio tiempo del Super Bowl dejó de ser un ritual cultural exclusivo del poder estadounidense, convirtiéndose en un territorio simbólico donde la música latina, entendida como la música cantada en español, así como la música de la memoria colonial, racial y migrante, ha acaparado el mainstream global.

La narrativa sobre identidad política, éxito y sentido de pertenencia cultural estuvo centrada, por primera vez, en una visión auténticamente latinoamericana, abarcando aproximadamente 20 millones de kilómetros cuadrados de folclor en el hemisferio occidental.

Amable lector, seguramente te preguntarás: ¿por qué ahora? Si otros latinos han pasado antes por este escenario. La diferencia que ha marcado Bad Bunny radica, por un lado, en su capacidad para desafiar las condiciones restrictivas bajo las cuales se aceptaban la música, el español y la cultura latinas en escenarios de habla anglosajona.

En esta ocasión, no hubo condiciones limitantes para el español; no se produjo una exotización, no hubo traducción en vivo al inglés, ni normas para el acento o dilución del conflicto social.

“Bad Bunny fue absolutamente coherente en esta propuesta cultural, desafiante y valiente.”

Latinoamérica es complejidad cultural, contradicción social, riqueza saqueada, cicatriz colonial y deuda imperial. Bad Bunny buscó estar a la altura de este conflicto. El artista ofreció un espectáculo de 13 minutos en español caribeño, utilizando referentes locales y jerga no neutralizada.

Este desafío, incluso difícil de comprender para los hablantes más adeptos del español, capturó la atención de 142.3 millones de espectadores, superando así todos los récords anteriores, según los datos de audiencia de la NFL Footbal Operations.

Este evento fue, principalmente, un mensaje claro al statu quo estadounidense a través del español, ya que el idioma es un acto de poder simbólico que otorga privilegios a quien lo domina. En este caso, el español reconfiguró el centro cultural de manera intencional.

“Cantar en español frente al público angloparlante significó colocarlo en la periferia de su propio escenario, relegándolo a un simple oyente sin privilegios.”

Visual y estéticamente, el universo recreado elevó al Caribe como escenario político y no como destino turístico. Las imágenes de la casita de colores, cañaverales, plátanos, colmados, charlas de barrio, calor, fiesta, teteo, cuerpos, guitarra, bachata, dembow, reguetón y amor se conjugaron en una experiencia emocional que representó no solo alegría, sino también las luchas cotidianas de la comunidad.

“Latinoamérica es un presente vivo, no un destino turístico ni un pasado folclórico.”

Bad Bunny en el Super Bowl y la colaboración de artistas latinos como el chileno Pedro Pascal, la colombiana Karol G y la rapera de ascendencia dominicana Cardi B, representaron el capital social de América Latina y su diáspora.

Por ello, reafirmo que poco importa la sofisticación técnica, la limitada capacidad vocal, las fallas de audio, el nerviosismo en la entrada o las notas desafinadas. La fuerza de este medio tiempo radicó en la habilidad del artista para condensar experiencias colectivas y narrar a una Latinoamérica viva, en nuestra propia lengua.

Con reguetón y Dembow, a menudo considerados géneros de patrones repetitivos que no dicen mucho, se reveló la potente metáfora de la presencia de los pueblos latinoamericanos, que no puede ser silenciada. Estos géneros mostraron su carácter político, convirtiéndose en medios de existencia, desafo al poder y reivindicación social.

Cada silencio y cada pausa cargaba con la realidad de una juventud migrante, racializada y forzada a desplazamientos, con sueños fragmentados. Cada nota resonó muy a pesar del contrapeso del Gobierno estadounidense expresamente inconforme con su razón de ser.

La salsa de Bad Bunny, interpretada por Lady Gaga, enlaza la memoria caribeña con una transculturación inevitable. Es un relato intergeneracional que evoca comunidad y alegría, cantado en inglés para destacar la falta de integración del pop anglosajón.

De este modo, Bad Bunny coloca a la sociedad latina como protagonista. Ya no está invisibilizada o estigmatizada. Con orgullo por su acento, central y emocionalmente honesto, la música latina se convierte en una poderosa herramienta de lucha política y de clase.

Este logro tiene implicaciones económicas significativas. La música en español ha demostrado ser rentable, incluso sin pedir permiso. Artistas dominicanos, puertorriqueños, colombianos, cubanos, etc, ahora venden giras, logran colaboraciones y lideran las listas globales completamente en español, sin traducciones.

Además, en los últimos cinco años, los artistas latinoamericanos han marcado hitos históricos en los Grammy, destacando el triunfo de Bad Bunny en 2026 convirtiéndose en el primer artista con un álbum en español en lograrlo. Natalia Lafourcade y Gloria Estefan son dominantes en la lista, cada una con cinco Grammys.

El consumo de música latina ha crecido un 30% en cinco años y representa el 7% de los principales listados en Estados Unidos. El streaming representa casi el 80% de los ingresos de música grabada, con un alto impacto del género regional mexicano. Spotify lidera el mercado global con una cuota del 32.2%-36%, seguido por Apple Music con un 30.7% en Norteamérica.

Latinoamérica se está consolidando como una marca exitosa y validada a nivel mundial. Dejó de ser solo consumidora y se establece como productora de capital cultural. El flujo ya no es unidireccional.

Reitero lo que he señalado antes: Puerto Rico y la República Dominicana son marcas globales. Sus exponentes encaran el poder político y cultural a través de la gestión de la emocionalidad y un lenguaje alternativo que aboga por la denuncia y la memoria intergeneracional, cargada de amor, deseo, tristeza y contradicciones sociales.

Hablar de la participación de Bad Bunny en el medio tiempo del Super Bowl 2026, es reconocer la reconfiguración del poder cultural global. Su sola presencia demuestra que los latinoamericanos ya no luchamos por ser vistos, sino por definir nuestro propio relato.
¡Quién lo diría! Esta autora agradece a Benito Antonio Martínez Ocasio por haber cumplido dos de sus anhelos: corregir la errónea creencia de que solo los estadounidenses son “americanos”, provocada por la falta de un gentilicio específico en inglés -ya que “American” se usa en lugar de “estadounidense”-, y por permitir que finalmente los latinoamericanos tengamos el coraje de narrar la realidad del mundo, en español.


Sobre la Autora

La autora es consultora política, experta en imagen pública y manejo de crisis. Abogada internacionalista y analista de temas globales. Miembro de la Academia Dominicana de la Lengua y conferencista. Especializada en Alta Dirección del Estado. Productora y conductora del pódcast «Omisiones Calculadas», CEO de consultora Estudio M. Defensora del contenido de valor y de una comunicación estratégica, ética y con propósito en medios digitales.

Por Marjorie Félix

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