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16 de febrero 2026
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OpiniónVíctor Corcoba HerreroVíctor Corcoba Herrero

Avivemos las auténticas luces; Las del corazón, para fraternizarnos 

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RESUMEN

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ALGO MÁS QUE PALABRAS

“Hay que empezar a cuestionar los relatos que nos deshumanizan y sustituirlos por historias de apoyo y protección. La situación injusta nos llama a no quedar pasivos, a tomar voz y a ponerse en acción. Indudablemente, en el contexto de la globalización y ante el desafío de la creciente desigualdad, el fortalecimiento de la solidaridad es indispensable”.

Es tiempo de convocatorias, de llamadas a redescubrir el sentido y el gusto a reunirse, de hacer familia, que es donde podemos aprender el secreto del verdadero gozo, que tampoco consiste en tener muchas cosas, sino en sentirnos acompañados entre sí. Hoy más que nunca necesitamos abrir las puertas del corazón; máxime en una época sobrecargada de conflictos, catástrofes climáticas y presiones económicas, que empujan a millones de gentes a dejar sus hogares en busca de seguridad o, simplemente, de oportunidades. Avivemos las auténticas luces del alma, que son las que nos hermanan, para percibir que sólo hay felicidad donde hay virtud y esfuerzo. Hagamos de la vida un belén de esperanza. Juntos, paso a paso y en diálogo permanente, reconstruiremos un mundo más fraterno y seguro.

Mantener un espíritu cerrado es el peor de los encierros; precisamos la sintonía de latidos en comunión vibrante, para armonizar lenguajes y sentimientos. Quizás tengamos que volvernos niños, para adentrarnos en el sueño de un nuevo despertar y no en la noche oscura de la desesperación. Cuidado con este instante, no vayamos a confundirnos; y optemos por la vía del placer a toda costa, sustentada en el uso de adicciones como fuga, como refugio en paraísos mortecinos, que luego resultan del todo destructores. Sigamos los pasos de esas personas que cultivan el brío donante, que viven diariamente en contacto con la miseria y con la degradación humana; su fibra experimentó la prueba de la noche oscura y, sin embargo, saben ofrecer la sonrisa de la Navidad y no las lágrimas.

A un gran abrazo sincero, vertido a golpe de pulsación interna, ninguna ingratitud lo desprecia y tampoco ninguna indiferencia lo abandona. La alegría de las entretelas humanas es el idioma universal, a cultivar por todos, y más en este período de renovación, agradecimiento y reconciliación, en el que tan sólo se requiere sensibilidad para percatarlo y autenticidad para vivirlo. No desaprovechemos el soplo de la inocencia que todos llevamos consigo, dando el justo valor a las cosas, para fijar la mirada interior en el verso que conjugamos, como sístole de verbo que somos. En consecuencia, estemos vigilantes a todas las invitaciones; de hecho, si perseveramos velando en poesía como poetas en guardia, nuestros olfatos serán capaces de discernir señales, cultivando poemas y no penas.

Sin duda, no hay mejor inspiración que la que sale de las entrañas de uno mismo, que es donde germina el sentido responsable de una relación imperecedera, más mística que mundana. Será un buen objetivo para humanizarse. Desde luego, hay que empezar a cuestionar los relatos que nos deshumanizan y sustituirlos por historias de apoyo y protección. La situación injusta nos llama a no quedar pasivos, a tomar voz y a ponerse en acción. Indudablemente, en el contexto de la globalización y ante el desafío de la creciente desigualdad, el fortalecimiento de la solidaridad es indispensable. Hay que situar en el centro a la persona y al planeta, dar savia real a los derechos humanos y respaldar una alianza mundial, decidida a ayudar, sin interés alguno.

Jamás flaqueemos en nuestra alegre misión. Celebremos con júbilo nuestra unidad en la diversidad, atendiéndonos y entendiéndonos, al menos para superar la pobreza, el hambre y las enfermedades. Interroguémonos, entonces, para un nuevo renacer. Se me ocurre pensar que podríamos comenzar por bajarnos del pedestal para ir al orden de la estética; con una disposición generosa de ver más allá de lo que ven los ojos materiales, venciendo el individualismo, ya que todo cuanto hay en el universo está interrelacionado, también los lamentos de la gente que sufre. Ojalá seamos más pulso que pausa, sobre todo para curar heridas y dar calor, cercanía y proximidad. Sí el deleite germina del donarse, de ningún modo del dominio, sometámonos; seamos servidores de rosas y no de espinas.

REFLEXIÓN POÉTICA

COMPARTIENDO DIÁLOGOS CONMIGO MISMO

EL BUEN TIEMPO DEL CORAZÓN

EL DELEITE ES GRANDE Y LA SORPRESA MAYOR: Todo procede de las entrañas, de la satisfacción del anuncio de que nos ha nacido un Salvador, del regocijo que vierten las palabras del Ángel a María en la Anunciación, o el mismo salto de júbilo del niño Juan en el vientre de su madre, con la dicha de que venga a visitarle la Madre de su Señor. Con Jesús comienza el Reino de Dios. Nuestras capacidades, empiezan a ver más allá de lo material, con la perenne juventud del hálito.

I.- INVITACIÓN A LA ALEGRÍA DEL ESPÍRITU

Abramos el corazón a la luz,

y apartemos las mil sombras;

descubramos en nuestro ser,

la expresión de la divinidad,

que por amor nos acompaña.

 

Acojamos su venida sagrada,

apoyemos su real liberación,

alcancemos su justa estrella,

que se alberga con nosotros,

pues el Verbo se hizo carne.

 

Su pasión nos anida el alma,

nos renueva el valor del día,

y nos recupera con el sueño,

de un rescate imperecedero,

que nos lleva al puro inicio.

 

II.- LLAMAMIENTO AL GOZO DEL ALMA

La fehaciente complacencia,

está supeditada a la relación

con Dios, que nos embellece,

con la placidez de la verdad,

y el disfrute de buenas obras.

 

Quien ha advertido a Cristo,

en su propia savia, se renace;

experimenta en sus entrañas,

una serenidad y un alborozo,

que nadie nos puede sustraer.

 

Todo asienta su fundamento,

en la fidelidad al Libertador,

en la certeza de sus palabras,

en la solidez de sus caminos,

que nos transfieren el ánimo.

 

III.- LUMINARIA AL TOQUE DEL ASOMBRO

La euforia es una evidencia,

la confirmación de un hecho,

fusionado de ternura virgen,

y con el asombro de un don

de Dios, que nos sobrecoge.

 

Que nuestra Madre del cielo,

nos viva y en paz nos reviva,

con ese dulce calor de hogar,

de níveo acontecer radiante,

para entonar un canto nuevo.

 

La eterna sorpresa angelical,

nos convoca a abrir los ojos,

a tener valentía y a no temer,

porque el Niño que nos nace,

halla su razón en acogernos.


Por Víctor Corcoba Herrero 

corcoba@telefonica.net

13 de diciembre de 2025.-

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