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5 de enero 2026
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4 min de lectura Internacionales

Autor argentino: Las heridas de guerra pueden cicatrizar, pero seguirán ardiendo

La obra es una de las cinco finalistas del Premio Literario de Autores "Indie" en español de Amazon. (Foto de archivo).
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EL NUEVO DIARIO, ARGENTINA.- El autor argentino Federico García «F.G.» Labandal cree que las heridas que generan las guerras pueden cicatrizar «pero siempre seguirán ardiendo», algo que muestra en su libro ’33 años sin llorar’, donde narra el «infierno» vivido dentro de las tropas del país austral en la guerra de Malvinas de 1982.

La obra es una de las cinco finalistas del Premio Literario de Autores «Indie» en español de Amazon, dirigido a aquellos escritores que publicaron su trabajo a través del servicio Kindle Direct Publishing (KDP) de la plataforma entre el 1 de julio y el 30 de agosto de este año.

«Cuando me llamaron por teléfono para avisarme, me costó creerlo. Imagínate: más de 2.400 autores de habla hispana enviaron sus manuscritos desde 43 países diferentes. Es la primera vez que publico fuera de una editorial y la experiencia no podría haber sido mejor», cuenta Labandal en una entrevista con Efe desde Buenos Aires.

En ese sentido, asegura que siente «alegría, satisfacción» y «agradecimiento» porque ser finalista es, para él, «una recompensa a muchos años de esfuerzo».

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Hasta aquí ha llegado gracias a ’33 años sin llorar’, una historia de culpa y venganza que refleja los abusos a los que fueron sometidos los soldados argentinos por sus propios superiores durante la guerra por la soberanía de las islas Malvinas contra el Reino Unido (1982), que terminó con la rendición del país suramericano y dejó un saldo de 649 nacionales muertos, 255 británicos y 3 isleños.

Los jóvenes combatientes estaban congelados y desnutridos, eran constantemente insultados, obligados a ayunar, golpeados si salían a buscar comida y enterrados hasta el cuello en fosas como castigo, entre otras vejaciones que, sumadas al abandono posterior y los traumas del conflicto, provocaron alrededor de 500 suicidios en los primeros 10 años desde el final de la contienda.

«Es verdad que hay muchas obras escritas sobre la guerra de Malvinas, pero me interesó inventar una historia de ficción enfocada en el infierno vivido dentro de la tropa argentina, en vez de hacerlo sobre el enfrentamiento con los ingleses», cuenta el autor, quien se documentó con libros de investigación periodística.

Para trasladarlo a la ficción, se sirve del protagonista, Eduardo, quien es enviado junto a su hermano mellizo, Enrique, a la guerra.

«Las diferencias de personalidad hicieron que este último fuera desde chiquito su protector, como si se tratara de un hermano mayor. Y en la guerra no fue la excepción: le salvó la vida en varias ocasiones», afirma.

Sin embargo, a la hora de la verdad, Enrique no actuó igual y, durante el último ataque de los ingleses, huyó y dejó morir a su hermano bajo las torturas del sargento Giménez.

«Si existen actos de cobardía más grandes, deben de ser pocos», asegura el también periodista, quien recuerda que, 33 años después, a Enrique le llega un misterioso correo electrónico que lo obliga a comenzar a investigar e, inevitablemente, a enfrentarse a su pasado.

«El estrés postraumático es la guerra interna que sigue a la externa. Eduardo no soporta la culpa por no haber tenido la valentía de rescatar a su hermano. El sentimiento lo mata año a año. Lo consume un dolor deshumanizador», señala.

Así surge una novela repleta de misterios, odios y miedos, que se sirve de «flashbacks» y referencias históricas para contextualizar el momento por el que atraviesa su protagonista y en la que incluso hay espacio para una historia de amor.

Para el escritor, la guerra es un hecho que causa «demasiado sufrimiento» y las secuelas que deja son «terribles»: los excombatientes «reexperimentan vivencias de la guerra, tienen insomnio, los ahoga la culpa por los compañeros fallecidos» y les cuesta mantener relaciones de pareja o amistad por su «profundo hermetismo, hipervigilancia e irritabilidad».

Aunque admite que, en el caso de Malvinas, en un principio el Estado y la sociedad «les dieron la espalda», asegura que en los últimos años hubo un gran cambio.

También pudo verse en el caso concreto de las torturas, ya que, el pasado mayo, tras una investigación de una década, la Fiscalía de Río Grande (sur) consideró que se trataron de crímenes de lesa humanidad -por lo que no prescriben- y pidió detener a 26 militares.

Este paso vino después de que, en diciembre de 2017, se identificaran los restos de 88 soldados que permanecían enterrados en las islas.

«Cualquier hecho beneficioso para los excombatientes y sus familiares va a acelerar la cicatrización de las heridas. Pero siempre dolerán cuando se las toque», asevera Labandal.