Aunque se quiera negar en Dominicana.  ¡Imposible!

Por Rolando Fernández lunes 20 de mayo, 2019

Qué tanto miedo es que le tiene mucha gente en este país al referente Trujillo.  Al parecer, hay temor de que el   espíritu del “Jefe”, haga acto de presencia en algún evento social, y reclame reivindicaciones en favor de los dominicanos, por haber sido uno de ellos; o, que desenmascare a muchos de sus detractores, tras su ausencia claro.

Todo a relativo a esa época, en que prevaleció un connotado régimen de fuerza, contentivo de cosas malas, como también buenas,  tal ocurre con todo debajo del Sol, lo que nadie puede negar, un gran número de los políticos de nuevo cuño locales, al igual que determinados beneficiarios a posteriori de aquel, en términos de herencias oportunistas obtenidas, lo que han querido borrar de golpe y porrazo, como si fuera tan fácil hacerlo, y jugar con la memoria de los demás en esta República.

Si bien Trujillo, se puede decir que no fue el mejor, tampoco nadie estaría en capacidad, claro, siendo imparcial, de considerarle lo peor, por un sinnúmero de factores positivos que se conocen respecto de aquel, en términos de estabilidad económica, orden institucional, seguridad ciudadana, respeto, civismo, defensa de la soberanía nacional, cero endeudamientos con el exterior, entre otros, durante su gobierno Y ahora, ¿qué pasa?

Evidentemente, como algo contradictorio se aprecia el hecho de que, solamente se saquen a relucir los aspectos malos de la llamada “Era del Jefe”, lo que se entiende como una manera de aumentar los odios y rencores hacia aquel otrora mandatario, y al mismo tiempo,  que se olviden las cosas positivas inherentes al mismo,   que de forma concomitante se dieran entonces;  y, que bien pudieron haber sido objeto de emulación en lo adelante, para beneficio de esta sociedad, verbigracia: eficiente y oportuna administración de la salud pública; como, de la educación nacional, que fuera considerada esta última a la sazón, como una de  las mejores en el Caribe, y gran parte América Latina.

Es obvio que, hoy todo está supeditado a lo que más convenga a los poderes hegemónicos y pseudo patrióticos-democráticos que sucedieron, que luego comenzaran a “tomar leche de la gran vaca nacional”, con incrementos económicos derivados, bien notables por cierto, los cuales continúan haciéndolo en el presente, contando con el maridaje y la complacencia del moderno tinglado de políticos nacionales que rige desde hace décadas, y a cuyos miembros les ha tocado su buena tajada del pastel también.

Ni siquiera complace oír hablar de Rafael L. Trujillo, y sus familiares en esta nación, de la cual fue presidente por más de tres décadas. ¡Está prohibido! Hasta preso puede caer el que ose hacerlo. Sin embargo, preguntas que siempre procedería hacerse son: ¿qué pasó con los bienes muebles e inmuebles, como los dineros de esa gente, incluso desde antes de que el último miembro de esa tribu sanguínea abandonara el país?; ¿quiénes se quedaron con los mismos?; ¿a quién deben los boatos que hoy tienen aquellos?

Suficiente notable es, lo ocurrido con los inmuebles más significativos de los Trujillo, propiedades que los “herederos” aprovechados no pudieron obtener sin problema alguno. Se procedió a destruirlas, a desaparecerlas, para que nadie los hiciera recordar, cosas que en realidad pudieron haberse conservado, para después exhibirlas como atractivos turísticos, concernientes a la historia patria de la República.

Por ejemplo, se tenían entre otros: la llamada Casa Caoba, en San Cristóbal; como la misma residencia de Petán Trujillo, en la avenida San Martín, conexa a la otrora “Voz Dominicana”. Esta última bien servia para instalar allí un gran museo de la televisión nacional, por ser aquel hermano del “Jefe”, el padre innegable de la misma, aunque por razones de todos conocidas, nunca se ha querido reconocer como tal. ¡Intereses económicos, y retaliación política interfieren en ese sentido!

Ahora aparece sobre el tapete la negativa de que se habilite un espacio en una de las salas del Museo de “Historia y Geografía” local, para que sean exhibidas las pertenencias de Rafael L. Trujillo Molina, las que han dejado, obviamente. ¿Ese señor, no es parte de la “Historia” de este país?, gobernando el mismo por más de treinta años. ¿Dónde las van a colocar entonces, en un parque público?

Según una reseña relativa publicada (“Listín Diario”, del 17-5-19, página 16), serían expuestas allí cosas muy importantes pertenecientes a aquel pasado de la vida nacional. Además, testimonios que merezcan credibilidad de servidores y opositores al régimen. ¿Por qué no dejar que se conozcan?

No creemos que esa reacción de rechazo, capitaneada por el “Museo de la Resistencia” – ¿de qué resistencia? -, se pueda considerar como una actitud atinada. A la historia de Trujillo y su régimen en este país, hay que darle paso, para que los interesados no sigan vendiendo aquella “Era” según sus conveniencias. Este pueblo tiene que enterarse de las verdades con relación a ese pasado histórico; qué fue malo, por un lado, pero bueno por otros.  con respecto a aquel dictador.

Finalmente, y a propósito de las cosas loables que se puedan atribuir a dicho régimen y su mentor, procuramos leer con cierto sosiego, a los fines de saber, la importante obra que escribió el doctor Euclides Gutiérrez Félix: “Trujillo: monarca sin corona”, en la cual nos encontramos con algo, citado, digno de la mayor atención posible ciudadana, por ser una exhortación-predictiva que hiciera el dictador ante un grupo de jóvenes abogados que convocara a la “Casa Caoba, San Cristóbal, comenzando la década de los años 1950,  que nos permitimos transcribir en este trabajo, parcialmente, con el permiso del autor señalado.

En respuesta de una pregunta que le fuera formulada por uno de ellos, el mismo respondió:

“Si mis manos se han manchado de sangre, ha sido para salvar de la haitianización del país a la generación de ustedes”.

“Dentro de 50 años, la ocupación pacífica del territorio nacional por parte de Haití significa para ustedes que los haitianos podrán elegir autoridades dominicanas, podrán poner y disponer, podrán mandar a Duarte y los trinitarios al zafacón de la historia y anular para siempre sus ideales y su abnegada lucha, los cuales (ideales y lucha) no tienen ningún sentido para los haitianos”.

“Jóvenes dominicanos, en esa gente no se puede confiar, cuiden de su país y con ahínco después de mi desaparición del escenario político nacional”. (Véase libro señalado, página 284).

Es innegable que, lo expresado en aquel lejano ayer por ese señor, merece mucha valoración, y recordación asociativa hoy. ¿No es cierto?  ¡Entonces, no todo fue malo! ¿Verdad?

 

Autor: Rolando Fernández

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