El señor presidente de la República, Luis Abinader, tal como se esperaba, ordenó retirar del Congreso Nacional, el proyecto denominado Modernización Fiscal, por no contar con el apoyo y el consenso de casi todos los sectores económicos, políticos, sociales y religiosos, por afectar en gran medida los intereses de cada uno de ellos y que pudo haber creado un clima de ingobernabilidad, afectando la estabilidad económica, política, la paz social y la gobernanza democrática.
El señor presidente hizo lo correcto. Se debe escuchar con paciencia a todos los sectores económicos, políticos y sociales que están fuera del gobierno, los que conocen la verdadera realidad del país, los que como el rey Salomón, escuchan el sentir del pueblo.
Durante la pasada campaña electoral, en todos sus discursos, el presidente se vanagloriaba de que “en su gobierno los chelitos ahora le rinden mucho porque ya no hay corrupción”. Lo que nunca dijo el presidente es que lo que les rendían eran los cuantiosos préstamos internacionales que ha solicitado, los cuales han superado a todos los que tomaron los gobiernos anteriores. Además, de que su gobierno tenía una gran liquidez y una gran reservas en dólares en el Banco Central.
Recientemente él también expresó que la canasta básica de los productos y servicios del pueblo dominicano es una de las más bajas de la región. Consideramos, señor presidente, que de esto responder a la verdad, no hubiese sido necesario someter la reforma infernal que usted sometió al Congreso Nacional, la que por el solo hecho de anunciarla, ha disparado los precios de todos los productos y servicios, creando una situación de inestabilidad y nerviosismo colectivo.
Al mismo tiempo que se sometió este absurdo proyecto de modernización fiscal, que iba afectar a todos los sectores de clase media y de bajos ingresos, el gobierno no tenía elaborado ni siquiera un plan mínimo de austeridad para disminuir el gasto corriente, todo lo contrario, ha mantenido el derroche de los recursos públicos en publicidad, aumento de la nómina pública y en francachelas.
Si se quiere tener calidad moral para solicitar el apoyo de la ciudadanía a dicha reforma, el presidente debe ser el primero en poner el ejemplo, ser prudente, paciente, coherente y realista, anunciando una mejoría de la calidad del gasto público y reduciendo el gasto corriente.
Señor presidente. Estos tiempos exigen la aplicación del arte de la prudencia, de comedimiento, de austeridad, de paciencia, para no llevar el país a un despeñadero, a un clima de inestabilidad social e ingobernabilidad, tal como ocurrió durante el Gobierno de Salvador Jorge Blanco en el año 1984. No actúes por emoción ni bajo las influencias de funcionarios que no conocen la realidad política y social del país.
Hay muchas fuentes de ingresos que pueden aportar, no una, sino, cinco veces la suma de 122 mil seiscientos millones de pesos que se persigue obtener con dicha reforma, para que no haya que penalizar el ahorro, lo que sería matar la gallina de los huevos de oro, como son: la persecución a la evasión fiscal, el ordenamiento de la economía informal, la eliminación de ciertos subsidios y exoneraciones que causan mucha indignación y soberbia en los sectores de bajos ingresos, al observar cómo a ellos se les clava el cuchillo sin ningún tipo de defensa, mientras a los sectores de poder se les protege.
A los propios legisladores, que solo exigen sacrificios para los demás, pero nunca para ellos, se les deben otorgar un vehículo utilitario en vez de las exoneraciones de vehículos de alta gama y de altos cilindrajes. Para los 190 diputados y los 32 senadores, se les otorgarán en los cuatro años de su gestión congresual, la cantidad de 444 exoneraciones (2 para cada uno). La gran mayoría la vende. Cada uno de esos vehículos pagaría de impuestos aduanales la suma promedio de 5 millones de pesos, por lo que el Estado dominicano dejaría de percibir la friolera suma de 2,220 millones de pesos. Este país no está en condiciones de continuar tirando los recursos públicos por la borda.
También están las más de 75 mil bancas de apuestas ilegales y otros vicios que no pagan impuestos, muchas de ellas pertenecen a legisladores.
Por otra parte, la esperanza de vida de los dominicanos promedio es de 72 años, por lo que a las personas con 65 o más años de edad, que posean un certificado de ahorros en una institución financiera, en vez de ser castigadas con un aumento en los impuestos de un 10 a un 27%, por los intereses obtenidos, deben ser exoneradas del pago de estos, siempre que no dispongan de un seguro médico, que no reciban otros ingresos ni una pensión del Estado dominicano ni de otro país.
Con dichos beneficios, tratarán de cubrir los gastos necesarios para los últimos años de su existencia, principalmente los relativos a la alimentación y a salud, ya que el país no dispone de un sistema eficiente de seguridad social que las proteja. Son muchas las personas de edad muy avanzada que han vendido sus inmuebles para abrir un certificado de ahorros para poder cubrir los gastos de la tercera edad.
Debido al alto costo de la canasta familiar y de los servicios básicos, se debe establecer un límite de los ingresos por este concepto, para la exoneración de dichos impuestos hasta RD$125,000.00 (ciento veinticinco mil) pesos mensuales, pues es con lo único que cuentan para su sustento y atenciones médicas, lo que les permitirá una vejez más digna. Dicha exoneración es justa y necesaria.
Muchas de las medidas anunciadas e incluidas en dicho proyecto de reforma, aumentarían la evasión fiscal. Por esta razón, se ha demostrado, que cada vez que se aumentan los impuestos, como es el caso del ITBIS (IVA), cuya reforma descansa en este renglón, las recaudaciones fiscales disminuyen, por no aplicarse un régimen de consecuencia a los violadores de la ley.
Por Alfredo Cruz Polanco
