RESUMEN
Desde hace más o menos cuatro décadas se vienen trazando lineamientos para anular al profesor reflexivo, ese docente critico que procura enseñar a pensar a sus alumnos. Esa es la razón instrumental de los que agendan los cambios globales, esa que describieran los pensadores de la Escuela de Frankfurt al describir cómo el movimiento de la Ilustración dirigió todo un complejo proceso a lo largo de muchos siglos, en donde simplificaron al mundo utilizando las categorías de la ciencia y de la tecnología, para colocar a las ciencias puras como totalmente confiables. Incluso Friedrich Nietzsche se atreve a afirmar que “Dios ha muerto. Dios sigue muerto. Y nosotros lo hemos matado” montado sobre esa seudo verdad de que las ciencias puras son totalmente confiables.
La pandemia del COVID 19 ha acelerado esta tendencia, la que venía desde 1989 esperando una oportunidad para dar un giro exponencial a la velocidad de la transformación de la escuela configurada en la imagen de un profesor digitalizado y colocado en las múltiples plataformas expuestas en el mercado del gran negocio telemático y digital que nos mercadea la importancia de la imagen y la rapidez de la comunicación a través de sus aparatos y plataformas tecnólogas.
Desde hace casi cuatro décadas están construyendo el concepto de que el profesor tiene un quehacer técnico -puro y simple- para consumir los productos académicos del mercado digital.
Lo están logrando a una gran velocidad, buscan reducir la practica pedagógica a la simplicidad instrumental. La lógica del neoliberalismo se ha venido imponiendo en los reglamentos y en el proceder de los ministerios de educación de América Latina, aunque se contradigan las leyes del sistema educativo de la nación de que se trate. Desde ese punto, es necesario que el profesor se reconozca a sí mismo sujeto del conocimiento pedagógico, que se auto defina como un profesional de la educación que asume el compromiso de trabajar para formar sujetos críticos, reflexivos, solidarios y comprometidos con el desarrollo local, nacional, regional y planetario.
Estamos ante un escenario que requiere acciones objetivas del profesor, para definir el significado de ser profesor en un mundo plegado de grandes incertidumbres.
Jiddu Krishnamurti educador, filósofo y humanista afirmó en 1972 que “la verdadera educación comienza con el educador.” Y continuaba diciendo, que el educador “debe conocerse a sí mismo y estar libre de patrones de pensamiento ya establecidos.” Si el educador no conduce los procesos académicos en forma critica, la formación se vuelca dogmática y ritual, asumiendo patrones establecidos sobre verdades absolutas, las que rara vez son ciertas. En lo particular, cuando leía el libro “educando al educador” de autoría del maestro Krishnamurti, me convencí de que el proceso educativo produce lo que la enseñanza siembra durante cada jornada de clase.
Si queremos mejorar la educación en República Dominicana, debemos repensar lo que hemos venido haciendo durante los últimos 40 años, porque lo que hemos estado haciendo no ha servido para nada en cuanto a la mejora de la calidad de los egresados de los niveles inicial, básico y medio.
El proceder del Ministerio de Educación de la República Dominicana ha estado transitando caminos equivocados en la consecución de sus propósitos, porque sus ejecutorias parecen estar fundamentadas en el temor a la incapacidad de los profesores para manejar las demandas actuales de la sociedad, que en apoyar el trabajo que desarrollan éstos en las escuelas.
Hay que respetar el trabajo de los profesores y reconocerles capaces. No debemos continuar reduciendo la categoría de nuestros profesores, basta de disminuirles en público connotándoles negativamente, porque con esa actitud se está enterrando la moral del que trabaja el aula todos los días y se enfrenta a la miseria social que nos agobia.
El profesor es un ser humano que no sólo enfrenta las necesidades que necesita suplirse para sí mismo, sino que busca suplir las necesidades de sus alumnos. En ese orden, necesita ayuda de otros profesionales para que le orienten y ayuden a mejorar su labor. Los neoliberales han ido ganando terreno con los padres de familia y algunos medios con sus voceros, colocando al profesor en el desprecio público. Buscan desprestigiarle para poder lograr sus objetivos, y para ello, reducirlo a simples usuarios de plataformas digitales y estrategias elaboradas por tecnócratas, son metas importantes.
La sociedad necesita aprender que el profesor no es un profesional cualquiera, que no debe ser medido sólo en eficacia-eficiencia para determinar su rendimiento como lo han estado haciendo hace décadas, porque la complejidad de la educación no puede ser medida solo bajo criterios de productividad. El profesor no es un obrero, es un intelectual que forma holísticamente a sus alumnos, y por lo tanto, debe ser evaluado en sus múltiples facetas, no medido por la aritmética de la productividad. Y es así, porque en las aulas de cada profesor existen personas que se están convirtiendo en ciudadanos, que necesitan no solo saber matemática o lengua extranjera. Necesitan ser personas sobre la ciencia, la técnica y la tecnología.
Código del profesor 1993-2022
Por Francisco Cruz Pascual
