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25 de febrero 2026
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Ante una importante victoria frente a nuestro más grande problema

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RESUMEN

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“Los haitianos le agradecen a todo el mundo la solución que les da la ONU, menos al presidente Luis Abinader, que fue quien logró el interés y la resolución de la ONU. Así son ellos con nosotros.” —Consuelo Despradel

De la mano de la firme determinación del presidente Luis Abinader, la República Dominicana acaba de obtener una resonante victoria frente a lo que denomino “el asunto haitiano”: la grave inviabilidad institucional y social del vecino país, que en los últimos años ha derivado en una peligrosa espiral de violencia, dolor y luto que amenaza con desbordarse hacia este lado de la frontera.

Desde “El Corte”, aquella matanza ordenada por Trujillo en 1937; pasando por la masiva estampida tras el terremoto de 2010 —que según encuestas de la Oficina Nacional de Estadísticas y de FLACSO produjo hacia 2011 el mayor desbordamiento migratorio haitiano hacia nuestro territorio—; hasta la crisis de 2023, cuando Haití desvió las aguas del río Masacre en franca violación de acuerdos bilaterales, el vecino país ha representado una constante amenaza para la convivencia pacífica entre ambas naciones.

A esto se suma el flujo migratorio de haitianos hacia República Dominicana, propio de la lógica de trasvase poblacional que ocurre entre países fronterizos cuando uno (RD) tiene más desarrollo y mejores condiciones de vida que el otro (Haití).

La situación se agravó con el asesinato del presidente Jovenel Moïse en julio de 2021, acribillado en su propia casa cuando, según investigaciones de The New York Times, intentaba entregar a Estados Unidos una lista de nombres vinculados al narcotráfico. Ante ese cuadro, el presidente Abinader ha diseñado y ejecutado un conjunto de acciones para preservar la soberanía dominicana y proteger nuestra estabilidad interna.

Desde 2021, cuando participó por primera vez en la Asamblea General de la ONU, Abinader dejó claramente establecido que no habría, ni entonces ni nunca, una “solución dominicana a la crisis haitiana”. Con firmeza y coherencia reiteró ese mensaje en 2023, 2024 y ahora en 2025, reclamando que la ONU conformara una fuerza de pacificación capaz de ayudar a Haití a reorganizarse como nación.

Finalmente, el Consejo de Seguridad de la ONU acaba de aprobar una resolución para crear una fuerza antipandillas en Haití, luego del fracaso de la misión keniana. En círculos diplomáticos se comenta que detrás de la decisión de China y Rusia de no vetar la resolución presentada por Estados Unidos y Panamá, hubo un intenso laborantismo de la diplomacia dominicana.

Paralelamente, el gobierno de Abinader levantó una verja perimetral de seguridad para controlar el trasiego ilegal en la frontera, reforzó la presencia militar, endureció la política de deportaciones y logró un inédito consenso nacional en torno al tema haitiano, con el respaldo de los expresidentes Leonel Fernández, Hipólito Mejía y Danilo Medina.

Cito al inicio las palabras de Consuelo Despradel para subrayar una verdad: aunque Haití rara vez reconoce el rol de la República Dominicana en la búsqueda de soluciones a su crisis, hoy podemos afirmar que gracias a la perseverancia de Abinader y a la labor de la Cancillería —eficazmente dirigida por Roberto Álvarez y su equipo de expertos—, nuestro país ha alcanzado una victoria diplomática de gran trascendencia.

Pero el reto apenas comienza. Los dominicanos debemos mantenernos vigilantes, dar seguimiento y colaborar activamente para que la nueva resolución del Consejo de Seguridad de la ONU se convierta en una realidad que traiga paz y orden al convulso Haití, y seguridad y estabilidad a nuestra nación.

Como suele decir el presidente Abinader, todos pueden cansarse de Haití, menos nosotros los dominicanos, hasta que ese pueblo -que convirtió en mártir a su propio Padre de la Patria, Jean-Jacques Dessalines- encuentre un camino organizado y tranquilo.

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