RESUMEN
En este momento de la vida nacional, nadie puede negar que se hace imprescindible una jornada de cualificación social que influya cambios en la existencia y convivencia de los dominicanos. Una forma de iniciar ese proceso podría ser a través de un programa de alfabetización diseñado, organizado y dirigido desde el Subsistema de Educación para Jóvenes y Adultos del MINERD.
Mucha gente de todas las edades (en este momento más jóvenes que adultos mayores), necesitan ser rescatados y colocados en programas especiales (que pueden ser asumidos por PREPARA), con la finalidad de inducir a un número considerable de jóvenes desertores del sistema educativo, a terminar los ciclos de la educación que dejaron sin concluir, ofertándoles facilidades desde la misericordia del gobierno.
Para estos jóvenes y adultos menores, concluir el nivel básico les seria de beneficio económico, psicológico y, por ende, social.
A todos los que han desertado de la primaria y a los que han dejado el bachillerato, el gobierno y la sociedad económicamente activa deberían motivarlos para que terminen los ciclos escolares y se inserten al mercado laboral y social armados de nuevas competencias, habilidades y destrezas.
Esta es una necesidad, porque avanzamos hacia mejores trabajos cuando adquirimos mayores competencias para ser ofrecidas al mercado laboral y social.
De igual forma, a los pocos dominicanos que no saben leer y escribir, el gobierno y una parte de la sociedad deben buscar rescatarlos y colocarlos en un programa real de alfabetización, en donde se validen sus experiencias laborales previas y se les anime a recibir formación sobre el oficio en que han forjado su práctica de trabajo. Quizás pueda entrar INFOTEP en combinación a este programa, porque al fortalecer un oficio con actitud positiva y nuevas competencias, podría cambiarles la vida a muchas familias, al relanzar sus vidas hacia nuevos senderos de esperanzas.
Esta debería ser una política aupada desde distintas instituciones estatales, integradas para cambiar actitudes de desesperanzas.
Entiendo que los centros escolares, las alcaldías, los hospitales y clínicas, son como rieles de tranvía para aprender a convivir juntos, a esperar, a entender y a aceptar en una relación horizontal, algunos aspectos de la vida que ya no se aprenden en el seno de las familias, debido al deterioro a que se ha sometido ese organismo social desde la segunda mitad del siglo pasado. A veces me doy vueltas por una de estas entidades de servicio y observo actitudes totalmente divorciadas de lo que debe ser una entidad en donde laboran profesionales y acuden ciudadanos en busca de orientación o servicio.
He sido testigo de personas no tan avanzadas en edad, que no pueden llenar un formulario o no entienden lo que se les advierte en un anuncio. No podemos “darnos el lujo” de abandonar a un dominicano (varón o hembra), que no sepa leer y escribir, si tiene todas sus facultades listas para ser alfabetizado.
Muchas veces las actitudes no son las que debieran exhibirse. La deshumanización y la violencia, la falta de paciencia y el desdén de algunos servidores provocan anarquía. Esas actitudes son el producto de la desesperanza que tienen los servidores y los que buscan algún servicio.
No olvidemos, que también existen los analfabetos funcionales, y a esos también hay que ayudarles para cambiar panoramas que se observan en la burocracia gubernamental.
Un Estado (en la generación Alfa), tiene que estar vigilante, creando programas sencillos de servicios al ciudadano que luce desorientado, y esa desorientación se puede observar a través de actitudes que no son las que proliferan en la cultura dominicana: sonrisas afabilidad y servicio.
El mundo se gasta hoy varias generaciones, la X, a la cual pertenezco, porque tengo 68 años, la Z, tiempo en que nacieron, crecieron mis hijos. Junto a esta generación vivimos la pandemia COVID-19, que impactó globalmente al mundo laboral y social.
La generación Z es de un calibre excelente (aunque algunos dicen que no), ellos nos superan en la mayoría de las inteligencias y lo demuestran exhibiendo sus competencias en el complejo mundo que les ha tocado vivir. Reconozco que la generación Z ha logrado marcar la diferencia (con respecto a la generación X), en las estrategias de las marcas para conectar con ellos. Hoy se ve cómo las empresas han logrado alinear a las personas con los valores corporativos que ellas enarbolan.
No se concibe la brecha que existe entre unos individuos que no saben leer y escribir, otros que han abandonado la escuela y el momento generacional en que vivimos. La sociedad debería colocar al gobierno (a través de sus demandas), en el ámbito de lanzar políticas para el rescate de esta parte de la sociedad que necesita de mucha orientación y ayuda.
Por: Francisco Cruz Pascual.
