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19 de febrero 2026
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OpiniónLEONARDO CABRERA DÍAZLEONARDO CABRERA DÍAZ

«Amor del negrito»

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

De ahora  en  adelante, estoy en mujeres, cervezas y vinos. Que nadie me diga na, «Esa es la vuelta,» así que  ahorrense los consejos, que esta noche me caso en  Baní, duermo en  Ocoa y  mañana me  divorcio en Azua de Compostela.

En Barahona, San Juan, y  Bahoruco, exhibiré mis dotes de picaflor,  y hombre de buen hablar.

Y seguiré mi gran periplo por toda la  línea fronteriza y entre  conquistas y reconquistas  de pintalabios al granel,  de rimel, de   sombras y pestañas postizas,  de hermosas extensiones y voluptuosas siliconas, seré el «papaupa de la matica»,  bajo sol, lluvia o sereno. Sin nudos, ni ataduras sin reglas que respetar, traigan carnes para el sancocho, gallinas criollas o guineas pata prieta, eso qué carajo  importa,» si la pimienta es la que pica».

La rumba  de  «amor a dos manos,» continuará por Santiago y  todo el cibao, por San Pedro y todo el Este y de paso la isla Saona, con la fuerza de Sansón, aunque allá, me encuentre Dalila,  total, «patada de yegua no le duele al caballo» y al hombre enamorao, nada le queda lejos, y  de ñapa, tiene un ángel en el cielo y ni a los letreros «cuidado hay perros,» le tiene miedo.

Si son amores  platónicos, o  a primera vista, o  el famoso «amor del negrito,» nada de eso me importa  si puedo  tocar el cielo, en los brazos de la diosa Venus, bajo el embrujo de unos ojos Cleopatrinos,   que atrapen y hagan presos mis inventos, mis locuras y descubrir si es verdad, que  cada golpe tiene su grito y si es chicle que mastica la chiva.

Un verdadero Romeo, «asfixiao «por su Julieta, un Popeye, tragando espinacas,   por el amor  de su flaca Oliva,  en fin,  loco  porque me añonen, que mimen y que me den la comida en la boca, que me digan te quiero mucho, mi  calvo lindo, mi  cascarrabias adorado.

Es que me siento todo  un don Juan, puto     y  enamorao,  estoy que si no me  bebo el  ron,  me lo unto. Pero pensándolo bien por tan larga travesía  para  pichón mucho volé, por eso  en San Cristóbal, me quedaré y ya dejaré de soñar, porque desde niño escuché a mi viejo   exclamar,   al ver una hermosa mujer  a su lado pasar…

«¡Ofrezco  Dios  mío, y ese castigo celestial!  ¡Ay como quisiera pecar!, aunque de campeón pierda ahí mi faja,..pero caray, ..¿con qué fuerza se casa un guardia?

 Con Dios siempre.

POR LEONARDO CABRERA DÍAZ

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