RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, REDACCIÓN ECONÓMICA.- La región de América Latina y el Caribe se posiciona actualmente en medio de tres trampas, una de baja capacidad para desarrollarse, otra de alta desigualdad, baja movilidad y cohesión social, además de baja capacidad institucional y gobernanza poco efectiva.
Así lo declara la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) en su informe: “América Latina y el Caribe ante las trampas del desarrollo, transformaciones indispensables y cómo gestionarlas”, donde también indica que a esto se le suma las problemática con el cambio climático y de proveer un crecimiento sostenible.
En ese mismo orden, la trampa de baja capacidad para crecer está relacionada a tres aspectos que tienen un impacto negativo. El primero es el crecimiento reducido de la productividad, el segundo radica en la baja inversión y el tercero es concerniente a la calidad ineficiente de los recursos humanos. Cercano al bajo crecimiento está la baja tasa de producción laboral, y una de las soluciones para resolver esta dificultad es proveer mejoras en materia educativa, en calidad y cantidad del talento humano según propone la publicación. Aunque en América Latina y el Caribe se ha observado un desarrollo en educación, promedio de la población, la calidad del aprendizaje es baja y se ha venido deteriorando en los últimos años, como indican las pruebas del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA).
Por otro lado, América Latina y el Caribe tiene una alta desigualdad que es considerada como inaceptable desde el goce de derechos y de aspectos básicos de justicia social. Esta región sigue siendo la más desigual del mundo en los últimos 30 años.
De su lado la CEPAL ha identificado alrededor de seis factores que explican la desigualdad, la baja movilidad y cohesión social en los países de América Latina y el Caribe, entre éstos están: el bajo crecimiento, que hace que los mercados laborales no sean dinámicos y posean niveles superiores de informalidad, el segundo se posiciona en los sistemas fiscales regresivos, le siguen las políticas sociales y de protección social débiles, los sistemas educativos con serias debilidades, la desigualdad de género, y las altas desigualdades y segregación espacial en las zonas urbanas.
La región también tiene un bajo nivel de movilidad social donde existe un cierto porcentaje de la población en condición de vulnerabilidad que no ha cambiado de manera significativa en los últimos años y que está asociada, entre otras peculiaridades, al mal funcionamiento de dos fuentes importantes de movilidad ascendente: la educación y el mercado laboral.
“El bajo crecimiento económico constituye un freno adicional para la movilidad social, al mantener mercados laborales poco dinámicos con baja creación de empleos de calidad. Estos factores, entre otros, explican la baja movilidad intergeneracional de la región”, dice la publicación.
En tanto, el vínculo de capacidades institucionales débiles y una gobernanza poco efectiva crea una trampa del desarrollo. Las capacidades institucionales deficientes, marcadas por una baja eficiencia administrativa, una calidad burocrática catastrófica, una administración pública de baja calidad y bajas capacidades de planificación de largo plazo y prospectiva, limitan la capacidad de los gobiernos para poner en marcha políticas efectivas y responder de manera eficiente a las necesidades de la sociedad.
Una gobernanza poco efectiva agrava esta situación al traducirse en baja capacidad para proporcionar dirección a la economía y la sociedad, bajas competencias de gestión y ejecución, baja participación del sector privado, la sociedad civil y la ciudadanía en la toma de decisiones, así como una rendición de cuentas insuficiente por parte de los gobernantes.
Cabe destaca que durante el periodo 2015-2023 las economías de la región mostraron una tasa media anual que giraba alrededor del 0,9%, es decir, menor que la mitad del 2,3% que se vio reflejada en la década perdida de los años ochenta. “Este baja progresión no se ha circunscrito a la última década, sino que es una tendencia de largo plazo. El avance promedio disminuyó del 5,5% en los casi 30 años que van de 1951 a 1979, al 2,7% en los siguientes 30 años (1980 a 2009), y a solo el 1,8% de 2010 a 2024. A consecuencia de esto, el nivel del producto interno bruto (PIB) per cápita promedio de la región en 2023 era igual al de 2013”, manifiesta el informe.




