RESUMEN
(Poesía basada en entrevistas con pacientes)
Mi madre, Julia Victoria Hernández de Báez, falleció en el 2021 por complicaciones relacionadas con el COVID-19. Sin embargo, fué la progresión rápida e implacable del Alzheimer lo que marcó su despedida. Desde entonces, he dedicado tiempo a comprender esta enfermedad devastadora que borra memorias y deshace identidades. A partir de ese entendimiento (y quizás con la intuición de que ese mismo destino me pueda aguardar) escribí esta poesía. Es un reflejo oscuro, íntimo, de lo que significa perderse a uno mismo en vida.
Al principio es solo un parpadeo,
una sombra leve entre pensamientos.
Una desconexión sutil,
como si dos partes del cerebro
dejaron de hablarse por un instante.
Pero el vacío negro crece.
No es oscuridad completa aún,
es un silencio entre las cosas,
una niebla espesa que se extiende
desde el recuerdo hacia el ahora.
Lentamente,
te va desconectando del mundo:
una cara que olvidas,
una palabra que se escurre,
una emoción que ya no reconoces.
Nadie lo nota.
Es una enfermedad invisible,
lenta, silenciosa.
Pero yo sí lo noto.
Yo sí me doy cuenta todos días.

Siento cómo me consume.
Mi mente,
mis memorias,
lo más preciado que tengo,
condenado a desaparecer.
Me llena de miedo
y no tengo cómo escaparlo.
Y a veces,
los recuerdos llegan esporádicos,
confundidos,
en momentos donde no van.
Miedo, odio, amor…
reflejos de forma inoportuna,
como un castigo a quienes me cuidan.
Un grito momentáneo,
desesperado,
para que entiendan mi sufrimiento.
Hasta que un día,
no eres tú observando el vacío.
Eres tú el vacío observando el mundo.
Ya no eres quien se pierde,
sino lo que se ha perdido.
Desde afuera,
nadie lo nota.
Nadie ve tu destrucción,
te consumiste en ese vacío negro.
