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8 de febrero 2026
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3 min de lectura Cumbre

¡Albricias, presidente Juan Manuel Santos!

¡Colombia se merece la paz! Ya es hora de que ese hermano bello país suramericano entierre de una vez y para siempre esa fatídica guerra, que por más de medio siglo desangró a la nación de Jorge Eliécer Gaitán y que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios (Simón Bolívar) lograra su […]

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RESUMEN

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¡Colombia se merece la paz! Ya es hora de que ese hermano bello país suramericano entierre de una vez y para siempre esa fatídica guerra, que por más de medio siglo desangró a la nación de Jorge Eliécer Gaitán y que Simón José Antonio de la Santísima Trinidad Bolívar y Palacios (Simón Bolívar) lograra su independencia.

La guerra colombiana puede catalogarse de un conflicto inhumano, absurdo, criminal de todas las partes, desacreditado hasta la médula, perverso, irracional, anacrónico, extemporáneo, que solo sectores aviesos son capaces de salir en su defensa.

Considero que el arte es un parámetro para darle seguimiento a hechos históricos. Hay dos películas sobre esta cruenta guerra colombiana, que personalmente me hicieron llorar desconsoladamente y que me dieron una visión humanista de este conflicto fratricida que prácticamente destruyó a esa gran nación, como lo es Colombia:

Uno de esos filmes lo fue Operación E, del director español Miguel Courtois, que trata la historia verídica del campesino colombiano Crisanto Gómez y todo el viacrucis vivido por este hombre rural a raíz de la entrega del niño Emmanuel por parte del grupo guerrillero FARC para su cuidado. Las tres partes del poder colombiano (FARC, Paramilitares y ejército) estaban desacreditado ante la población que únicamente recibía la violencia y represión de estos grupos armados.

Pero si Operación E me dejó traumatizado por la realidad que tenían que afrontar a diario las masas campesinas residentes en zonas de guerra, que sentían sobre sí misma el yugo de estos grupos de poder trogloditas, la película Silencio en el paraíso, del director Colbert García Benalcázar me dejó por toda una semana completa con pesadillas y abominando sin reservas esa pugna estéril.

Deseé desde lo más profundo de mi corazón que una carnicería humana como esa maldita guerra entre hermanos terminara a la mayor brevedad posible.

Hoy me inclino reverente ante el presidente colombiano Juan Manuel Santos por ese hecho histórico y sin precedentes, como es devolverle la paz a su pueblo, y acabar con una masacre humana que hundió a ese pueblo en la ignominia y el atraso.

Quien mejor que el primer dominicano, como lo es el presidente Danilo Medina Sánchez para ser testigo de uno de los acontecimientos más trascendentales de este siglo veintiuno, como lo es La Paz de Colombia, y que su presencia en La Habana sirva de espaldarazo para esos hermanos y hermanas latinoamericanos como forma de expresar el deseo del pueblo dominicano de que la paz en ese país sudamericano se mantenga por lo siglos de los siglos.

¡Albricias, presidente Juan Manuel Santos! Dominicanos y dominicanas le felicitamos por este gesto humanista suyo de devolverle a su pueblo la concordia y el sosiego, que por más de medio siglo le fue negado, y que su población sufrió en carne propia los avatares de una brutal guerra que casi lo lleva a la liquidación total.

Por Elvis Valoy