RESUMEN
La fiebre no está en la sábana: del “triunfo con pie de barro” al PLD “frizado”
A raíz de los bochornosos incidentes –con saldo de dos muertos y un sinnúmero de irregularidades- acaecidos en las primarias parciales que celebró el PLD previo a las elecciones -2016-; pero más que todo, con el vil y lamentable asesinato del miembro del Comité político y alcalde de Santo Domingo Este, Juan de los Santo, se ha abrió, en el seno del PLD, una suerte de mea culpa más que objetiva o critica, emocional.
Tal ejercicio fue saludable aunque fugaz, pues sirvió para lamentar, reflexionar y compungirnos ante hechos y prácticas condenables e injustificables; pero honestamente, no nos ayudaron mucho para corregirlas y auscultar en sus raíces-causales.
No obstante, hagamos un breve ejercicio de las excusas mas socorridas a las que casi siempre apelamos para procurar remiendos-parches donde es obvio hace falta reingeniería -de arriba abajo- y voluntad política democrática.
Primera excusa: la masificación
No hay duda –para no pocos-: la masificación en el PLD es la madre de todas las desgracias, desviaciones y abandono orgánico-ideológico-doctrinario cuya patente de corso, en la opinión de algunos ortodoxos, fue el Sexto Congreso. Pero curiosamente, sin el Frente Patriótico (1996), la transición ordenada e inteligente de liderazgos y relevo –de Bosch a Leonel, Leonel-Danilo- y la posterior masificación, el PLD no hubiese alcanzado el poder –y retenerlos por tres periodos corridos- ni mucho menos ser artífice de muchas de las grandes transformaciones y avances que el país exhibe.
Segunda excusa: el partido o el poder
Esta ha sido la excusa casi perfecta y justificada –sobre todo, por parte de la cúpula-, pues qué partido no tiene como meta el poder. Sin embargo, en el partido de cuadros estaba bien establecido y resuelto el problema: unos van al gobierno y otros al partido. O mejor y más actualizada la ilustración, Chile y la concertación: el cuadro jerárquico –CP y CC- que va al gobierno en un cuatrienio –y ocupa un ministerio o su equivalente-, en el próximo, va a cuidar el partido. Pero ha sido práctica que la jerarquía, en el PLD, además de ser casi inmóvil en el partido lo es también en el gobierno.
En otras palabras, que, en nombre del poder y su retención, la democracia interna, el relevo de los liderazgos y la vida organiza-institucional del partido han sido supeditadas, o mejor dicho, relegadas por su cúpula que ni siquiera se refrenda en procesos eleccionarios libérrimos -desde el 2001-, y a cambio decreta subterfugios baladíes (aunque estatutarios): plebiscito, conferencias, talleres y hasta Congreso –como el VIII- que algunos de su cúpula ignoraron –por no decir otra cosa- por estar en la promoción de sus aspiraciones presidenciales.
Tercera excusa: del partido de cuadros al partido de masas
Hay toda una cultura-filosofía en la cúpula del PLD que se centra en una inteligente estrategia que ha funcionado a la perfección: se quiere un partido de masas para ganar elecciones, y luego del triunfo electoral hay la tendencia sistemática a replegarse al partido de cuadros que ya no existe.
Es esa filosofía –o liturgia obsoleta- que ya empieza a entrar en crisis –con sus dos aristas mas sintomáticas: déficits de democracia y relevo o reafirmación refrendaría de de su jerarquía, pues en el PLD ya nadie se cree que está en un partido de cuadros, sino en uno de masas –y en el poder-, donde no sólo sus líderes –y satélites- acumulan méritos y trayectorias, sino también, sus líderes medios y de bases. Porque la democracia que no se institucionaliza, ejercita y transparenta pierde legitimidad, y lo que es peor, termina generando impostergable rebeldía o crisis.
Entonces, ¿qué hacer?
Para el PLD –y si su cúpula quisiera- todo está claro: 1) Afianzar y promover la unidad interna sobre la base de democracia institucional-orgánica y estatutaria; 2) defender las obras de gobierno de las administraciones peledeístas (96-2000, 2004-08, 2008-12, 2012-16 y 2016-2020), con énfasis en la excelente gestión que viene realizando el Presidente Danilo Medina que tiene como eje central la agenda social, la educación, el turismo, la agroindustria, la reactivación innovadora del campo y las políticas públicas que han redimensionado a los excluidos; pero, sobre todo, a las mujeres, niños y ancianos; 3) Empujar y legislar para aprobar la ley de partidos políticos y la reformas a la ley electoral; 4) Una vez aprobadas la Ley de Partidos Políticos y la reforma a la ley Electoral –sin demora ni posposiciones- convocar un Congreso Extraordinario que desemboque y resolute: a) dejar sin efecto las decisiones-resoluciones que mantengan actualidad del Plebiscito y del VIII Congreso –en lo relacionado a los procesos eleccionarios internos- y b) realizar el Congreso Elector para todos cargos dirigenciales del partido (Presidente -y la creación de la figura del vice-presidente del partido- para que si este ejerce de Presidente del país no lo sea también del partido, Secretario General, Comité Central, Secretariados, direcciones medias, provinciales, municipales, distritales y de seccionales); y 5) llevar a cabo una conferencia en el exterior para que las seccionales eleven propuestas al Comité Político sobre el tipo de organismos que deberían diseñarse para interactuar y concitar el interés de las comunidades nacionales de ultramar (que deberán partir de dos ejes básicos: un a la dedicada a los nacionales que residen en ultramar, y la otra, a fortalecer las relaciones internacionales del partido).
Por supuesto, en el exterior el primer requisito sería: desterrar el partido de direcciones medias (de bulto y sobaco), y abogar por uno directamente conectado con las comunidades de nacionales en ultramar y los inscriptos en el padrón electoral del exterior o lista de registrados. También, ponerle coto y control al Mercado Persa en que han devenido las elecciones del diputado de ultramar que, sin duda alguna, ha extrapolado el fenómeno –nauseabundo y degradante- de los pica-picas al exterior.
Por último, soy de la opinión que lo que padece el PLD no es una crisis originada por falta de disciplina y formación política producto de su masificación –como generalmente piensa una parte de su jerarquía-, sino, un acentuado déficits de democracia interna que es a su vez institucional y estatutaria, porque no hay movilidad ni relevo de liderazgo en su cúpula, sino continuidad jerárquica –sin refrendación eleccionaria- y ampliación, a dedazo, de sus organismos jerárquicos (llámense: CP y CC).
Ese es el equis del asunto, sin vueltas ni subterfugios, sin malabares ni citas o referencias a Juan Bosch desprovistas de apego –no coyuntural o cuando se sale un ministerio- a lo institucional-democrático.
Por Francisco Cruz




