En occidente los imperios siempre han utilizado el Águila como símbolos de poder y el Halcón, como una especie de comando rápido y efectivo. La historia nos presenta el Águila romana, un símbolo que llenó de angustias y sangre a muchos territorios en el mundo conocido de aquel tiempo.
Las águilas son colocadas en los escudos y símbolos de poder, como una imagen de fuerza viril, porque aves aguerridas y fieras que actúan con crueldad sobre sus presas, es por eso que son símbolos imperiales por antonomasia, ellas son utilizadas para representar la fuerza del imperio, su soberanía superior que se impone, bajo el pretexto de “nobleza y poder divino”.
Esas águilas han adornado los estandartes de los romanos, franceses y rusos bajo el mismo propósito de imposición de las voluntades de un poder avasallante que se impone. Por siglos estas aves se han convertido en un elemento que cohesiona el fenómeno militar, representando “el valor inquebrantable como la heráldica nazi, de la fuerza napoleónica o de la hegemonía la romana.
Con pocas diferencias, todos procuraron y procuran lo mismo: humillar, dominar y saquear el territorio de los más débiles.
A los imperios no les interesan las personas, les interesan las riquezas y el poder que emana de su fuerza. Por ello, nunca seré imperialista, porque va en contra de la humanidad. Como cristiano, “doy al Cesar lo que es del Cesar, y, doy a Dios lo que es de Dios.” Pero, no me quedo ahí, busco comprender el contexto, para poder emitir juicios dentro de los parámetros de la justicia.
Y, les puedo asegurar que los imperios no buscan justicia, ellos procuran su propia gloria y beneficio con una gula insaciable.
Juan Bosch en su obra «De Cristóbal Colón a Fidel Castro. El Caribe, frontera imperial», observa al Caribe como región no solo geográfica, sino geopolítica, a la que considera crucial y la describe como “un campo de batalla histórico donde los imperios (España, Francia, Inglaterra, EE. UU.), lucharon por el control de sus recursos y territorios, mientras los pueblos caribeños luchaban por su liberación, convirtiéndose el Caribe en un «laboratorio» de poder imperial y resistencia.”
¡Esta es una historia que se eterniza!
Solo debemos recordar aquellos días aciagos en que el mundo tuvo al borde de una conflagración nuclear, cuando se produjo “la crisis de los misiles”, por razones de que Cuba entró en alianza con la Unión Soviética, provocando una crisis militar y política sin precedentes.
El problema duro 13 días, y, durante ese tiempo los norteamericanos y la Unión Soviética conversaron para evitar que se instalaran misiles de mediano y largo alcance en el territorio de una República del Caribe que se convirtió al socialismo, en donde estaban siendo instalados los R-12 y R-14, cuestión que ponía en peligro a varias ciudades de los Estados Unidos de Norteamérica.
Para comprender la profundidad de lo que está sucediendo en el territorio sudamericano, específicamente en Venezuela, debemos encontrarnos con la tesis del maestro, porque en ese análisis, se nos presentan datos, como producto de una ardua labor de investigación, que ponen de manifiesto que el Caribe fue y es codiciado por las potencias europeas y luego por Estados Unidos, quienes buscan su explotación económica y control estratégico político-militar.
Se trata de una lucha que nada tiene que ver con la democracia o el bienestar de la gente, por lo que de ninguna manera podemos creer el cuento de las drogas y el narcoterrorismo, porque esa es la excusa de ahora, como para los soviéticos y Cuba en 1962, era necesario instalar misiles para proteger la revolución.
El problema no es Maduro y su régimen, se trata del petróleo y las riquezas naturales de la América hispanoparlante. En el texto, Bosch enfatiza la resistencia de los pueblos caribeños, incluyendo la lucha por la independencia y la Revolución Cubana, que él vio como un punto de quiebre y la primera gran derrota imperial en la región, sin importar las razones ideológicas, ni lo que haya resultado de ese proceso.
De lo que se trata es, del hecho histórico objetivo y claro.
El propósito de la intervención no es la restauración de la democracia venezolana ni hacer justicia a un régimen que surge de la ilegalidad, a través de unas elecciones. En el fondo está la verdad de que el Caribe es visto como una fuente de materia prima y un escenario donde se ensayan políticas de dominación (no solo por parte de Estados Unidos de Norteamérica, ahora están China y Rusia), y se forjan identidades complejas, con ciclos de intervencionismo y búsqueda de soberanía.
Esto último se observa en la actual crisis, con una gran claridad.
Para comprender la actual situación, debemos releer a Bosch en su tesis, porque él abarca la historia del Caribe desde 1492 hasta los primeros años de la Revolución Cubana (1961), analizando cómo la herencia imperial define el subdesarrollo y las luchas actuales en la zona.
Para Bosch, el Caribe no es solo un espacio geográfico, sino una zona de conflicto perpetuo entre fuerzas imperiales y la aspiración de libertad de sus habitantes, siendo un eje fundamental para entender la perenne crisis de la América de habla hispana.
Cuando los caribeños entendamos el contexto local y global, entonces seremos diferentes a lo que somo hoy, para ello se hace necesario el desarrollo de una escuela critica, en donde se aprenda a pensar y comprender.
