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13 de enero 2026
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OpiniónHamlet HilarioHamlet Hilario

Acuerdo en Israel: ¿Paz sostenible o falsa alarma?

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La noticia de un acuerdo para un alto el fuego y el posible intercambio de prisioneros en Israel y Gaza, mediado en gran parte por actores externos, trae consigo una mezcla de alivio y escepticismo. Los titulares proclaman un «momento histórico» y la esperanza de «paz y seguridad» duradera. Y, de hecho, la pausa en la violencia es un respiro urgente para todos los afectados.

Sin embargo, en medio del optimismo mediático, es imposible ignorar la cautela, incluso el temor, que se siente en la región. Muchos se preguntan: ¿hasta qué punto este acuerdo es una solución profunda y no simplemente un cese temporal de las hostilidades? ¿Es una base sólida para la coexistencia o una tregua frágil que enmascara las tensiones subyacentes?

Esta dicotomía entre la promesa de paz y la persistente fragilidad me lleva a una reflexión atemporal, recogida en el Nuevo Testamento. El apóstol Pablo, en su primera carta a los Tesalonicenses (capítulo 5, versículo 3), advierte sobre la naturaleza de la falsa seguridad: «que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.»

Esta palabra no es una profecía política, sino una advertencia espiritual sobre la complacencia. No se trata de desear el fracaso del acuerdo, sino de reconocer que la verdadera «paz y seguridad» no pueden ser impuestas por pactos humanos si los corazones y las raíces del conflicto siguen intactos.

En el contexto actual, esta cita resuena con fuerza. Si el acuerdo se centra solo en la liberación de rehenes y en la ayuda humanitaria, sin abordar de manera integral las profundas divisiones, los problemas de ocupación, la gobernanza de Gaza y el futuro de dos pueblos en un mismo territorio, el clamor de «Paz y seguridad» puede ser prematuro y peligrosamente superficial.

La lección de Tesalonicenses no es que todos los esfuerzos de paz sean inútiles, sino que la verdadera estabilidad no proviene de un papel firmado, sino de una transformación genuina de las intenciones y las estructuras de poder. La comunidad internacional y los líderes en Israel y Palestina deben ir más allá de la simple tregua. Deben buscar una paz que esté cimentada en la justicia, el reconocimiento mutuo y una seguridad que abarque a todos. De lo contrario, corremos el riesgo de que el alivio de hoy se convierta en la «destrucción repentina» de mañana, dejando a la región atrapada en un ciclo interminable de esperanza rota. La paz verdadera exige más que palabras; exige verdad, equidad y un compromiso inquebrantable que trascienda la política del momento.


Por Hamlet Hilario / Abogado

@hmlethilario

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