El 2025 evidenció una brecha crítica: las organizaciones evolucionan más lento que las expectativas de su gente. Mientras las personas redefinen su relación con el trabajo, muchas estructuras siguen ancladas a modelos que ya no generan compromiso.
Cerrar el año exige algo más que indicadores financieros positivos. Exige revisar cómo se toman las decisiones, qué se premia, qué se tolera y qué se posterga. Ahí se revela la verdadera madurez organizacional.
Como acto de responsabilidad directiva, el próximo ciclo no pedirá más iniciativas ni discursos inspiradores, pedirá enfoque, gobernanza y líderes capaces de ordenar sin microgestionar, decidir sin dilatar y sostener resultados sin erosionar a las personas.
Que el 2026 nos encuentre con salud, prosperidad y criterio para construir organizaciones más sólidas y humanas.
Feliz nuevo año 2026.
Por Belma Polonia González
Profesional en Gestión Humana, enfocada en el desarrollo del talento, la cultura
organizacional y el bienestar laboral. Se caracteriza por crear experiencias que conecten a las personas con su propósito profesional y humano.
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