RESUMEN
Venezuela sigue sangrando bajo la opresión del Socialismo del Siglo 21, esa fórmula de barbarie y miseria que Hugo Chávez sembró y que Nicolás Maduro ha perfeccionado en crueldad, opresión y ruina. Han pasado ya ocho largos meses desde que el régimen, una vez más, le robó al pueblo su derecho a decidir: las elecciones presidenciales de 2024 fueron un fraude monumental, y aunque el mundo lo sabe, Maduro continúa aferrado al poder, ignorando la voluntad de millones de venezolanos que votaron con esperanza por un cambio liderado por María Corina Machado.
Pero el panorama cambió este año. Donald J. Trump, nuevamente presidente de los Estados Unidos desde enero de 2025, ha dejado claro que no reconocerá ni tolerará dictaduras en el continente americano. Y este 7 de agosto, a tan solo seis meses de haber retomado el mando, ha dado un paso histórico: ofreció una recompensa de 50 millones de dólares por la captura de Nicolás Maduro, a quien acusó frontalmente de narcotráfico internacional, crímenes de lesa humanidad y conspiración contra los Estados Unidos.
“El régimen de Maduro es una amenaza directa para la región y para la seguridad de nuestro país”, declaró el presidente Trump desde la Casa Blanca. “Maduro es un criminal con un historial de muerte, droga y miseria. Es hora de que enfrente la justicia. Quien lo capture, recibirá 50 millones de dólares. Punto”.
La noticia ha sacudido al mundo y, sobre todo, ha estremecido a la cúpula del chavismo. El mensaje es claro: ya no es solo un asunto de sanciones, es una cacería legal y frontal contra un dictador señalado y repudiado.
Mientras tanto, en Venezuela, la represión no ha cedido. María Corina Machado, a quien el pueblo eligió abrumadoramente en las primarias opositoras, sigue inhabilitada ilegalmente por órdenes del régimen. El fraude electoral del 2024 fue tan descarado como doloroso, y el gobierno ilegítimo no ha cesado en sus viejas mañas: persecuciones, encarcelamientos, torturas, desapariciones, chantajes, y un aparato judicial al servicio de la dictadura.
Los venezolanos, sin embargo, no se rinden. En barrios y ciudades, en el exilio y en el exilio interior, la llama de la libertad sigue viva. Y ahora, con la presión renovada desde Estados Unidos, el régimen empieza a sentir que su tiempo se acorta. Porque cuando un presidente norteamericano pone precio a tu cabeza, ya no eres solo un tirano aislado, sino un fugitivo global.
El guión del castrochavismo se repite: denuncias falsas de magnicidio, acusaciones absurdas contra la CIA, discursos paranoicos en cadena nacional, y una represión que aumenta mientras el poder se tambalea. Pero esta vez, hay una diferencia: el mundo entero está mirando, y el hombre más poderoso del planeta ha tomado una posición directa.
La pregunta ya no es si Maduro saldrá del poder, sino cuándo y cómo. ¿Lo sacará la presión internacional, una sublevación interna o el largo brazo de la justicia? Sea como sea, el final de la dictadura ya no parece una ilusión, sino una cuenta regresiva.
¡Que caiga el tirano! Que Venezuela, al fin, pueda respirar en libertad.
