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14 de febrero 2026
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OpiniónFlorentino Paredes ReyesFlorentino Paredes Reyes

Abel Martínez, tripulando un barco que se hunde  

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RESUMEN

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La consulta que realizara el Partido de la Liberación Dominicana el 16 de octubre pasado, ha constituido una clara demostración, del poco apoyo que esa organización tiene en el electorado dominicano y de las reflexiones a que debe someterse su cúpula dirigencial, el Comité Político, que han   pasado del amor al odio con una facilidad asombrosa entre sus simpatizantes.

Con una concurrencia que no llega a los 300 mil votos ¨reales¨, el equipo organizador del pasado certamen paró el conteo, para que la vergüenza fuera menor y así, vencedor y vencidos disimularan el desaire que fueron objetos, promoviendo una vergüenza como una victoria.

Con 209 mil votos, el victorioso Abel, es empapelado como la nueva promesa del universo político nacional, ¨ínfulas de espumas¨ que, buscan esconder la realidad latente de esa organización política y de su virtual candidato a la presidencia nacional. Más que una victoria esta zancada, representa un daño a su meteórica carrera política, que se mantuvo imparable desde principios del año 2000.

Con casi 2 millones de habitantes, Santiago de los Caballeros le dio la espalda al candidato invicto, quien obtuvo una victoria nacional que no representa ni el 30% del electorado de su demarcación. Sin contar con la importante función pública que ocupa en los actuales momentos y que seguro, debieron sumarle un buen fardo de votos, lo que no sucedió.

Su ¨arrolladora¨ victoria está eclipsada por la función pública que ostenta, las simpatías con el sector empresarial, las políticas sindicales con los grupos de la sociedad civil y la promoción de sus obras, trampolín de sus aspiraciones.

Visto desde los ojos de la realidad, Abel Martínez, es el virtual ganador de un barco que se hunde y lo lleva al abismo. Su partido sigue con la hemorragia de octubre del 2020 donde la terquedad de su cúpula dirigencial no les permite tomar un momento para la reflexión o la autocrítica constructiva. Juegan con la inteligencia ajena, aferrados a sus posiciones sin ceder espacio a las censuras de las bases.

Apegados a las antiguas formas de hacer política, olvidan los cambios que la sociedad actual experimenta en los nuevos espacios de expresión, que son las redes sociales y las cercanías de sus lideres y figuras (en vivos, chat) creyendo que son dioses del olimpo, que sólo aparecen cuando quieren que el pueblo los venere.

Levantar el Partido de la Liberación Dominicana, cuando por cuestión de tiempo cumplió su ciclo, no será fácil para el pobre Abel, quien debe cargar en sus hombros, figuras que solo tienen el rechazo de las bases de ese partido y el de la población en general. Es una carga muy pesada para un caballo tan flaco y sobre el cual, se tienen sobre abundancia de expectativas. Su racha de invictos tiene demasiados elementos en contra para su próxima contienda: aliados que le restan, amigos que no aportan y compañeros que ralentizarán su marcha.

Promover la victoria de Abel Martínez a nivel superlativo, es querer ocultar la realidad que vive el PLD en la sociedad dominicana. Ganó con el 60% de una concurrencia que no representa en su totalidad, la mitad de los electores de su provincia. Venderlo como la nueva promesa con miras a la presidencia, es ignorar que hace dos años estuvieron en el poder y lo perdieron todo, no por deseo propio, sino por quien verdaderamente decide, el pueblo.

Los triunfos se promueven cuando resaltan la grandiosidad de los gladiadores. Un partido que alardeaba de tener dos millones de simpatizantes en su padrón, no se puede conformar con consultas estériles de gente que fue y votó, porque lo llevaron o le pagaron. No nos hagamos los tontos, en los actuales momentos se encuentra Abel Martínez, tripulando un barco que se hunde.

 

Por: Florentino Paredes Reyes.

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