RESUMEN
Desde que Abel Martínez resultó electo candidato presidencial por el Partido de la Liberación Dominicana, advertí que esa victoria, representaba una vergüenza electoral y que, a la larga, traería sus consecuencias a su trayectoria y a esa organización política. La realidad me está dando la razón.
Bajo una promoción mediática, se repetía que el triunfo de Abel se logró con más del 60%, de un electorado que superaba al medio millón, lograron eclipsar ante la opinión pública, la triste realidad del candidato y del partido.
De manera individual, los contendientes obtuvieron sus números y Abel, logró acumular 209 mil votos, suficientes para superar a Margarita y Domínguez Brito, pero no la presidencia. Su realidad es tan sufrida como el Abel de la Biblia. Ambas historias de ayer y de hoy, están llenas de enseñanzas.
Siendo Santiago de los Caballeros la segunda capital del país, con una población superior a 1,502,000 habitantes. Haber obtenido 209 mil votos en todo el país, nos da una clara visión del proyecto presidencial de Abel. Si a todo esto le sumamos el repudio social, que genera ser miembro del partido morado, los millares de renuncias de miembros de esa organización y las ausencias de alianzas, entenderemos la realidad que vive Abel Martínez en estos momentos.
Desde que se convirtió en candidato, no ha sumado un voto ni a su proyecto ni a su partido. Por el contrario, cada día son más lo que se marchan de esa organización argumentando secuestro estructural, pérdida ideológica y falta de estrategia electoral.
Contando Santiago de los Caballeros con prominentes figuras de la vida nacional, especialistas en el tema haitiano, seguridad ciudadana, salud pública, justicia, economía y derecho, no logramos entender los desaciertos, que esas áreas, ha expresado Abel, al menos, que esas figuras no estén, como sabemos que no están, comulgando con su proyecto.
Hasta hace poco, Abel Martínez fue visto como un cuadro político de Leonel Fernández, siempre apostó a que era su líder y, sus posiciones públicas las logró en los gobiernos del león. Dada la división a finales del 2020, permaneció en el partido morado, pero visto como un enemigo interno. Más que apoyo recibe desconfianza y hay quienes entienden que, ante una eventual segunda vuelta electoral, apoyaría las aspiraciones de Fernández, abandonando el partido morado.
Abel Martínez, no cuenta con un componente de especialistas que les den peso a sus inquietudes, se encuentra rodeado por un conjunto de incondicionales y, abandonado a su suerte por la cúpula del Partido de la Liberación Dominicana. Se dirige a toda dirección intentando dar un golpe de impacto, sin agenda, asesores de campaña, planificación u horizonte.
Sabemos de muchos candidatos a la presidencia que fundamentaron sus aspiraciones en cómo fueron vistos y aceptados en sus provincias o regiones: Amable Aristy Castro en Higüey y José Henrique Sued (la pollona) en Santiago, son dos ejemplos de ese caudillismo reciente. En el caso de Abel, encarna una rareza electoral que lo lleva a perder simpatías en la medida que los comicios se acercan.
Ahora encarna unas marchas que exigen reivindicaciones sociales tan absurdas como el cese de los apagones, de la violencia, los feminicidios, la inmigración ilegal haitiana, reducción de los impuestos. Olvidó su condición de candidato presidencial para asumir la de activista social, exigiendo incoherencias propias de un burdégano. En pocas palabras, Abel Martínez perderá hasta en Santiago.
Por: Florentino Paredes Reyes
