RESUMEN
EL NUEVO DIARIO, SANTO DOMINGO. -Quien dijo que la política era para las feas, no se equivocó, porque las otras, son para los concursos de belleza. Pero tanto han insistido las feas -a modo de venganza- que las bellas sólo son bellas y nada más, que los que patrocinan a esas bellas en los dichosos concursos, tratan de presentarlas, de un tiempo a esta parte, como inteligentes también, y les hacen aprender una serie de nombres ligados a la música, la literatura, fechas y lugares históricos y a hilvanar tres o cuatro frases (la mayoría de ellas siempre se refiere a la importancia del turismo para el país), con lo que pueden demostrar que si bien no son intelectuales en todo el sentido de la palabra, por lo menos son capaces de abrir la boca sin meter la pata.
Es decir, la contra venganza de las beIlas es más efectiva, porque pueden presentarse como poseedoras de las dos condiciones, mientras que las otras, ¡por más esfuerzos que hagan y por más inteligentes que sean “monas se quedan’ Pero ánimo !, que no todo está perdido. Tenemos quien ha hable por nosotras las que no podemos (ni pudimos) participar en concursos de esta índole, con lo que demostraremos que las que somos sus opositoras no sólo lo hacemos por resentimiento, sino que tenemos algo de razón.
Es la voz autorizada de UN HOMBRE, de un escritor, de Guillermo Cabrera Infante (G. Caín), de quien tomamos los párrafos a continuación.
NARRACION DE CABRERA INFANTE
Cada frío noviembre inglés el año tiene su India Summer en la televisión. Es cuando ocurre el concurso de belleza que selecciona (y explota) las formas más. o menos perfectas, la mujer ideal entre concursantes de todas partes del mundo, entre 17 y 25 años de edad, entre las medidas horizontales (jamás se hace mención de la estatura, pero se habla constantemente de busto, cintura y cadera) que requieren los expertos -es decir, la convención, usando paradigmas. Twiggy o Mae West, que son dos parangones -bellezas que crean su propio canon no podrían ganar nunca.
Mientras Raquel Welch, sintética, fabricada a la medida, tendría, como se dice, mucho chance. Este año la ganadora ha sido otra belleza plástica, Penélope Plummer, la aliterante australiana. Todo en ella engañaba: sus ojos, su risa, su andar. Las medidas, sin embargo, son genuinas (las tradicionales cifras de 34-24-34 en pulgadas arcaicas), el pelo es rubio melcocha, las facciones sajonas tirando a brujita-me-dejas-en-la – parada – que – está-entre Verónica – Lake – y – Antela Lansbury – la – antigua. Hasta sus lágrimas de ganadora emotiva parecían de parafina… En suma, hay que tener ojo de piedra para conmoverse con ella, Penélope para quien yo no seré Ulises, la última Miss World. Sentado en mi barrera de sombras veía desfilar tantas piernas como para recordar el verso aquel: Piernas, piernas, ¿pero por qué tantas piernas?
DRUMMOND DE ANDRADE
Antes habían pasado las dueñas con “sus trajes nacionales” recortados contra una proyección de una esas (estreno) típica: Buenos Aires indistinta, ¿un portal columnado de Santo Domingo un portal que podía ser calumniado San Juan, La Habana o Quito, un cajón con ventana de Ghana o era Canadá?
Junto a lo intercambiable el foro romano, rascacielos de Manhattan…
A pesar de la televisión en blanco y negro, los trajes de color abundaban en esa suerte de disfraz cursi con que los modistos de moda han tratado inútilmente de cubrir la figura femenina de ridículo desde los días en que Gloria Swason se batía contra Mack Sennet.
Miss Canadá vestida como si fuera el sargento King de la Policía Montada; Mis USA, una UNCLE SAM demasiado sonriente; Miss Venezuela, cruza de la Eva futura y la cacique caribe Anacaona, aunque entre la chatarra a lo Paco Rabanne… emergían, furtivas las inmarcesibles piernas goajiras.
En este primer desfile me habría casa. do no solo con Miss Venezuela sino con Miss República Dominicana, Miss Nicaragua, Miss Colombia, Miss Filipinas -de no haber tenido a mi mujer al lado mirando el desfile con un ojo…
Fue en USA donde inventaron los modernos concursos de belleza, y en Atlantic City, sobre el famoso malecón de madera, donde tuvo lugar el primero en 1921, ganado por esa tatarabuela sin dientes y calva que ven ustedes allí en su silla de ruedas.
Luego la belleza se sintió (o sus promotores la indujeron) a crecer: la cabeza en las nubes, los senos hechos dirigibles, las nalgas popas de buque-tanque, las piernas nacían debajo de las axilas, y claro, no sólo América le quedó pequeña, sino también el hemisferio occidental, el globo y sus tutores tuvieron que agrandarle el corral dándole espacio exterior, poniéndole balaustradas estelares, erigiéndole un pedestal cósmico. ¡¡¡De entre las ondas galácticas nació una Venus capaz de Aniquilar a Pascal, MIS UNIVERSO!!!




