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9 de febrero 2026
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OpiniónFrancisco Cruz PascualFrancisco Cruz Pascual

A la vuelta de la esquina

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RESUMEN

Analizando noticia... por favor espera.

Iniciando la década de los años setentas el Movimiento Popular Dominicano (MPD), levantó la consigna “la revolución está a la vuelta de la esquina.” Fue una consigna errática, que llevó a una parte de la izquierda dominicana a cometer muchos errores. He titulado estos párrafos casi igual que aquella vieja consigna como un símil de aquella, con la esperanza de que los vaticinios que enarbolo en ellos sean tan erráticos como aquella populista voz que se levantó en aquellos aciagos momentos, a través de micro mítines callejeros relámpagos, método de lucha muy utilizado en aquella época por la izquierda militante para poner en zozobra a las lides del gobierno.

El contexto social de occidente (y algunos contextos sociales influenciados por él), está viviendo de manera universal un momento histórico muy particular, en el que desaparecen los cimientos de la dignidad, el decoro y el compromiso. Ahora para las grandes masas todo da igual, la gente juzga desde su conveniencia sin importarle la verdad, porque ese valor ya fue sustituido por la percepción y esta última se construye a través de las múltiples pantallas con que el mercado ha premiado a la sinrazón, a lo vulgar, a la falta de elegancia y a la ignorancia. Se vive hoy en la cresta de la ola de la estupidez y la comodidad humana.

Por esa razón, creo que somos la última generación que formará familia desde un matrimonio formal o informal, es decir, desde una ceremonia religiosa o civil hasta un pacto de amor que se hace para vivir en pareja y crear una familia juntos, basado en el compromiso y el respeto social. Esa forma de vida terminará en poco tiempo y quien sabe cómo será o en qué se transformará esa célula social en el futuro. Lo que sí sabemos es, que la sociedad japonesa ha convertido a las muñecas sexuales en un artículo de primera necesidad y el mundo no ha sentido asombro por eso.

Ahora el sexo se determina por el sentimiento que siente un sujeto, no por la naturaleza que hace nacer a los humanos varones o hembras, aquellos que la ciencia marca a uno como X y a otro como Y. Ahora si un X se siente Y, hay que respetarle su sentimiento, aunque no tenga trompa de Falopio. Indudablemente, somos la última generación que vivirá en familia con capacidad de procrear y criar hijos.

Estamos casi encargando los hijos a través de la Inteligencia Artificial para que nos llegue por AMASON el esperma fecundado en un ovulo tratado desde la tecnología, con las características requeridas por la pareja. Aunque parezca imposible, pronto será posible implantar un óvulo fecundado a un hombre que se considera mujer, porque se le implantarán todos los requisitos necesarios desde un quirófano y podrá alumbrarlo a través de una cesárea.

Será el culmen de un tránsito sin retorno que habremos de emprender los seres humanos desde un mundo sin sentido natural, porque nos habremos transformado en poshumanos.

En lo particular, me gusta mirar al infinito y observar por horas el firmamento universal, con su conjunto de estrellas, galaxias y demás fenómenos que allí se encuentran a disposición de los humanos. Creo que a las futuras generaciones les tocará ver las estrellas desde aspectos muy distintos y con propósitos diferentes a los poetas y creadores de literatura que han proliferado por el parnaso del mundo de las artes.

Actualmente, los jóvenes de las naciones desarrolladas están alejados de los sueños de una profesión, una casa confortable, un auto de lujo. Ahora solo quieren vivir y disfrutar, cero construcciones materiales, todo es abstracto y escaso en responsabilidad.

Mientras eso sucede, en el grueso de la primera, segunda y tercera base de la pirámide, en los estamentos superiores de la misma, tienen propósitos de dominación total e inteligente sobre todo lo que le rodea a la izquierda, a la derecha, hacia arriba y hacia abajo.

Tendrán un mundo de esclavos, nuevos súbditos, amaestrados desde las pantallas y los slogans del mercado. Hacia allá caminan los “millenials” embriagados de placer y pereza.

Si no nos importan los demás, abandonamos nuestra cultura, dejamos de ser lo que somos, seres humanos, con pasiones, metas y propósitos que siempre han estado en búsqueda del bien común, primero, de la familia junto a cada uno de los actores protagonistas, y siempre pensando en el prójimo, ese que necesita el auxilio emergente de los que poseen la posibilidad de ayudar.

Nos quieren quitar la oportunidad de ser el personaje central en la historia del buen samaritano, y, de esa forma arrancarnos la fe.

Por mi parte y mientras viva, no le daré ese gusto.

Por: Francisco Cruz Pascual

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